jueves, 25 de diciembre de 2014

AHORA QUE SOY ADICTO A TI NO PIDO NADA

 
Lazarillo

Lo dicen Dalmau y Piña, dos críticos de nuestra literatura que acaban de publicar un libro subtitulado Réquiem por la literatura española que versa sobre las graves enfermedades que la afectan en nuestros días. Entre ellas está la de la envidia, que no es de ahora, y envenena a cuantos se creen escritores  pero solo viven pendientes de que lo sean un poco menos quienes compiten en el oficio. Esto es, que cegados por su propia vanidad o endiosamiento, son incapaces de admirar a quienes los superan y no pasan por eso de enfangarse y anquilosarse en la puta envidia. Para este Lazarillo no hay mayor satifacción, sin embargo, que encontrar a un autor o a un colega digno de encomio, sea en la literatura o en el periodismo. Por eso tenga la costumbre de insertar en este DdA los artículos de Jaime Poncela, que además de inteligencia, filo crítico e ironía bastantes como para hacer de sus textos algo muy personal y reconocible, a veces se despacha con artículos como el que sigue, empapados de muy fina sensibilidad y vigor expresivo. Es de celebrar que se haya presentado recientemente en Gijón, la ciudad que nos atañe de por vida y obra, un libro con los textos de Jaime, gracias al interés puesto en el empeño por su hermano Pachi Poncela, la voz de la mañana en RtPA. Pachi también ilustra esos "Artículos de saldo" con el convencimiento que los dos tenemos y muchos más de sus lectores: de lo mejorcito del periodismo de opinión en Asturias en los últimos decenios. Que lo sepan los periódicos donde no cabe la autoría de Jaime o se la echa.

Jaime Poncela

Ahora que soy adicto a tí he dejado de fumar. Necesito respirarte en profundidad y tener despejadas las narices y los bronquios para olerte la piel y para poder aspirar el aire que revuelve tu pelo cuando te mueves para darme la espalda, o cuando echas la cabeza atrás para reirte. Ahora que soy a adicto a tí el médico me ha recetado ver tus fotos tres veces al día, antes de las comidas, y tomar diez o más dosis de tus guasap para atenuar la ansiedad que me produce ir dejando atrás esas otras adicciones inútiles que tenía antes de conocerte sin pretenderlo.
Ahora que soy adicto a tí el alcohol ha dejado de ser mi copiloto en las duras travesías de aquellas tremendas galernas nocturnas en las que la botella y yo tomábamos el timón con rumbo a ninguna parte y siempre amanecíamos encallados en alguna playa llena de restos de otros naufragios. Este vino de ahora sabe bien si lo tomas conmigo, el vino sabe a vino y no a desconsuelo porque ahora soy adicto a tu consuelo y ya no lo soy al vino. Ahora que soy adicto a tí la vida me parece menos quejumbrosa y sucia que antes. Camino por las calles algo menos encorvado que antes porque, al parecer, ser adicto a lo que uno quiere engancharse quita de encima el peso insalvable de las cadenas perpetuas que se arrastran creyendo que son un mal menor, que son la pena merecida por los delitos y las faltas cometidos en otra vida, o en un estado mental que nos hizo incapaces de elegir la droga adecuada para soportar el dolor de este valle de lágrimas negras.
Ahora que soy adicto a tí sin saber cómo he llegado a contraer esta fiebre feliz, he dejado de tomar pastillas para no soñar por encima de mis posibilidades porque descubrí que el sueño es una realidad que ya ha dejado de producir monstruos y uno ve con claridad que vivir consiste solamente en hacer planes cuya vigencia no sea superior a la media hora. Ahora que soy adicto a tí cualquier alegría merece la pena y cualquier pena no es una derrota, es solo un empate a desafueros y a patadas con esos tipos que viven empeñados en inyectarnos un mundo organizado para hacernos adictos a casi todo menos a las personas.
Ahora que soy adicto a tí no pido nada. Ni siquiera pido un futuro, ni otra vida, ni un paraíso con garantías, ni llegar a fin de mes, ni llegar al fin de nada. Ser adicto a ti es haber llegado por fin a alguna parte, aunque yo sepa que no sé donde estoy y puede que nunca llegue a saberlo. No sé si ser adicto a tí será un punto final, un punto y seguido, un punto y a parte o un montón de puntos suspensivos de sutura que mostraré siempre como una hermosa cicatriz de cuando era adicto y luchaba a navajazos por conseguir mi dosis de felicidad.

DdA, XI/2881