miércoles, 29 de octubre de 2014

NO VALE PINTAR LAS PAREDES CUANDO SE HUNDEN LOS CIMIENTOS

Félix Población

Como siempre que a El Roto le sopla fresca y lúcida la inteligencia para acertar de pleno con unos cuantos trazos y un par de frases con el editorial del día, siente el lector que su viñeta interpreta su pensamiento y que cuantas cavilaciones pudo haber dado en torno a un determinado tema se resuelven y clarifican en la imagen aportada por nuestro más agudo intérprete gráfico del tiempo que vivimos. Hasta tal punto es esto así, que con seguridad los historiadores venideros deberán recurrir a las viñetas de El Roto para una mejor y sobre todo más visible ilustración de sus análisis. 

¿No tiene la sensación el discreto y paciente lector de que en esta España nuestra, la de estos días, la de estos años, la que arranca de la santa Transición y no deja de corromperse mientras los ciudadanos sufren las consecuencias de una crisis/estafa que cada vez mutila más nuestros derechos y libertades, ya estamos en unas circunstancias en que de nada vale pintar las paredes porque se están hundiendo los cimientos? ¿No les parece que los políticos del bipartidismo, los periodistas instalados en los foros mediáticos al uso, los medios de comunicación dominantes y todo el conglomerado, en fin, que mantiene aún en pie el vigente régimen de 1978, utiliza una jerga manida y obsoleta, equivalente a esa mano de pintura cuya inutilidad es flagrante cuando las bases sobre las que se sostiene el sistema están tan seriamente dañadas? 

Nada de cuanto pregonan quienes forman parte de esa clase política, que se ha ido turnando en el poder hasta dejar a nuestro país en la grave situación en que se encuentra, puede seducir ya a esos millones de ciudadanos que soportan tan adversas circunstancias. De nada les vale a esos políticos avejentados hablar una vez más de regeneración porque eso, ahora, puede sonar más a provocación que a promesa, de tanto como se han enlodado las promesas con los hechos. 

Me pregunto, teniendo en cuenta que los cimientos están tan dañados por la corrupción política en España como en Cataluña, ¿qué valor significativo puede tener una consulta ciudadana tan anómala como puede ser a la postre la de 9-N en unas circunstancias tan deplorables? ¿No sería más provechoso, antes, basar un país sobre unos nuevos cimientos más sólidos para adecentar el futuro?

Puntos de Página




                         DdA, XI/2829