miércoles, 8 de octubre de 2014

MUERTO EL PERRO, SE ACABÓ EL ÉBOLA

Félix Población

Se han cometido sin duda muchas imprudencias, puede incluso que haya habido chapuzas de alto riesgo en el caso de la auxiliar de enfermería infectada por ébola, como consecuencia de haber atendido al segundo misionero que falleció en Madrid de resultas de esa grave afección, sin que se tuvieran las garantías de que se le pudiera atender con eficiencia. Conste entre las chapuzas la deplorable rueda de prensa cursada por la ministra Mato y sus ayudantes, que debería abochornar al gobierno en pleno y al jefe que lo preside, en el caso de que don Mariano tuviera vergüenza.

En las últimas horas hemos sabido, como un síntoma más del cúmulo de negligencias, errores e ineptitudes cometidas, que una de las víctimas señaladas por la autoridad incompetente como medida preventiva en evitación de males mayores podría haber sido el perro de la enfermera y su marido, de nombre Excalibur, de once años de edad. 

Ayer supimos, gracias a la diligente comunicación del esposo de la enferma, difundida por las redes sociales con una amplia repercusión, que Julio Zarco, director general de Atención al Paciente de la Comunidad de Madrid, tenía previsto el sacrificio del animal, que actualmente está solo en casa, abastecido del agua y la comida que el matrimonio le dejó mientras estaba internado en el hospital. Llevado sin duda por ese dicho tan conocido de muerto el perro se acabó la rabia, ni el señor Zarco ni nadie entre los expertos que deberían haberse consultado para estudiar la gravedad del caso  de la paciente infectada repararon en Eric Leroy.

El director general del Centro Internacional de Investigaciones Médicas de Franceville, en Gabón, es una de las mayores autoridades en el conocimiento de esa enfermedad y autor del un único estudio sobre el brote de ébola en Gabón entre 2001 y 2002, en el que sugiere que “los perros pueden ser infectados por el virus del ébola y que su presunta infección es asintomática". “Al perro de Madrid -ha dicho Eric Leroy al diario El País- hay que aislarlo, hacerle un seguimiento, estudiar sus parámetros biológicos, ver si está infectado y averiguar si excreta virus. Es muy interesante desde el punto de vista científico, no sirve de nada matarlo”. 

Su estudio en Gabón investigó una zona epidémica con perros asilvestrados que llegaron a comer animales salvajes con alto riesgo de estar infectados, como simios y murciélagos de la fruta. En pueblos de Gabón en los que se habían registrado casos humanos de ébola por contacto con animales salvajes, el 32% de los perros presentaba anticuerpos específicos contra el virus. "En Madrid tenemos un posible caso activo del que podemos aprender muchas cosas -sostiene Leroy-, como si los perros efectivamente representan un foco de infección en los brotes de ébola". Conocer el papel de los canes en las epidemias del ébola es fundamental, porque las aldeas africanas afectadas están llenas de perros, añade este experto en enfermedades emergentes. A juicio de Leroy, si se comprueba que Excalibur no está infectado, basta con liberarlo. Y si está contagiado por el ébola, “se va a recuperar y cuando esté curado habrá eliminado completamente el virus”. 

Ni el Ministerio de Sanidad español ni la Comunidad de Madrid han consultado a este experto antes de que el señor Zarco comunicara al dueño del perro que había que sacrificarlo: "No he recibido ninguna llamada", confirmó Eric Leroy.

PS.- Opinión similar a la de Leroy es la que mantiene Guadalupe Miró, responsable de la consulta de Patologías Infecciosas del Hospital Clínico Veterinario de la Universidad Complutense de Madrid. Considera que Excálibur debe ser sometido a un análisis de sangre que en menos de 48 horas pueda confirmar si el animal es portador o no del virus y ponerlo en cuarentena. Considera que se debería esperar a obtener esta información para evitar la alarma social. "Sacrificar a este perro no sirve de nada", ha declarado a Efe. Estudiar el caso de Excálibur podría arrojar luces sobre el comportamiento del virus en los perros.

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                                         DdA, XI/2809