miércoles, 15 de octubre de 2014

BAJO EL CIELO DE BASURA, CADA VEZ HAY MÁS GENTE QUE FLUYE Y CONFLUYE COMO EL AGUA

Ana Cuevas

En mis noches de insomnio las tinieblas acechan intentando nublarme la conciencia. Es tentador arrebujarse en un ovillo, como un feto trasnochado, autista a los estímulos malignos que abundan estos días. Esperar a que escampen esos negros nubarrones, una verdadera ciclogénesis  explosiva de desvergüenza y vileza, para asomar las orejas. Las siete plagas de Egipto son una mamarrachada si las comparamos con las que nuestro pueblo padece en estos últimos años. Desempleo, corrupción, exclusión, abandono, quebranto de las libertades democráticas, saqueo sistemático de los bienes comunes y, para que no falte de nada, una peste moderna gestionada por unos personajes chiripitiflaúticos con la habilidad de un macaco homicida. Al final, dijera lo que dijera el Borbón padre, se demuestra que la justicia no es igual para todos. ¡Ni de coña!
La vara de medir (o delictómetro) se inclina a favorecer a los villanos de guante blanco y corazón tiznado de avaricia. Los de las tarjetas negras, que bien podrían protagonizar Torrente 6, se aprovecharon de sus posiciones para darse la gran vida a costa de estafar a los honrados ciudadanos. Los mismos que defienden que un "preferentista" jubilado sabía perfectamente que estaba firmando un contrato con el diablo, dicen ahora ignorar que lo de la tarjeta negra olía a cuerno quemado. Una práctica común, mantienen muchos, un sobresueldo para gastar en opíparas comidas en sus propios restaurantes, en clubes de alterne o en lencería fina para sus "señoras". Mucha, mucha lencería.
Es verdad que ha habido ceses y unas cuantas dimisiones. Alguna en diferido. Como la de Arturo Fernández que piensa  esperar, con un par de bemoles, a dejar confeccionado el código ético de la CEOE antes de darse el piro. Pero más ruido que pólvora si lo comparamos con la dureza con la que la justicia pretende castigar a los 14 imputados del 
15-M. A estos cachorros revolucionarios se les acusa por pequeños actos de vandalismo que no ocasionaron graves daños. No digo que no debieran sancionarse si son demostrados. Pero resulta chocante que un chaval de dieciséis años, sin antecedentes, acabe con sus huesos en la cárcel por destruir un cajero mientras los ladrones trajeados, bien comidos ( y presumo que también bien fo...) a golpe de tarjeta negra puedan reventar un banco desde dentro sin llegar a pisar una comisaría.
Es verdad que hay muchas nubes negras, como las tarjetas, empañando la alegría de estas tierras. Pero no es menos cierto que un agua limpia y fecunda mana de los oscuros cúmulos de mierda. Agua del 15-M, las mareas, Stop-Desahucios, movimientos sociales y solidarios... Agua clara que reclama transparencia y limpieza. Agua brava que no podrán contener celdas ni diques en forma de leyes mordaza. Pese al enladrillado cielo de basura, cada vez hay más gente que fluye y confluye como el agua. Tanta porquería, bien merece un tsunami por respuesta.
                                     DdA, XI/2815