jueves, 16 de octubre de 2014

¿A QUÉ LLAMAN DEMOCRACIA LOS INDEPENDENTISTAS CATALANES?

Lidia Falcón

El infantilismo del último proyecto de Artur Mas, que llama consulta, sobrepasa lo que la imaginación puede inventar. Esa votación que pretende celebrar nada menos que el Govern de la Generalitat –como si se tratara de una ocurrencia de los chicos del barrio- nada tiene de democrática: Una consulta improvisada con las urnas en la calle donde cualquiera que pase puede votar,  dos preguntas capciosas y una papeleta en la que únicamente falta que se haya rellenado el sí para evitar trabajo al votante. No existe censo de electores, nadie vigila los colegios electorales porque no existen, nadie controla la limpieza de la consulta, con lo que cualquiera puede votar varias veces, y para organizar esta pantomima se utiliza a los fieles voluntarios propagandistas del gobierno.
Mientras, continua la campaña ininterrumpida que se ha realizado por parte de la Generalitat y de sus fuerzas afines durante cuatro años a favor de la independencia —falsariamente llamada “derecho a decidir”— que ha conducido a dos indeseables resultados: en primer lugar a convencer a una parte de la ciudadanía, generalmente la más vulnerable, de que la independencia resolverá todos sus problemas: el destrozo de la sanidad, la educación y los servicios sociales que puso en marcha el gobierno catalán en cuanto ganó las elecciones -los jubilados siguen cobrando las pensiones porque las paga España, cosa que nadie les dice. La otra, más triste aún que la primera, es la fractura social que ha ocasionado entre los que se proclaman independentistas y los que no, estos mucho más callados que los primeros, porque la conducta reiterada de los independentistas es de acoso, desprecio e insulto a todo aquel que no acepte su tesis.
El 13 de diciembre de 1996 en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona se fundó el Foro Babel,  una iniciativa cívica de intelectuales y artistas catalanes, distinguidos muchos por su actividad política antifranquista durante la dictadura y cuyo objetivo era la defensa del bilingüismo en Cataluña y en contra de la política nacionalista orientada a imponer la hegemonía del catalán en detrimento del castellano, que ya se había asentado en el país desde que comenzó el reinado de Jordi Pujol. La actividad de Foro Babel se reflejó en el lanzamiento de dos Manifiestos, que provocaron un amplio debate público en Cataluña: el Primer Manifiesto o Documento sobre el uso de las lenguas oficiales en Cataluña, publicado en abril de 1997; y el Segundo Manifiesto o Manifiesto por un nuevo modelo de Cataluña, publicado en junio de 1998.
Entre los firmantes más destacados se encontraban destacadísimas personalidades de la cultura y el pensamiento en Cataluña, la mayoría de izquierdas. Entre ellas, se debe señalar a Miguel Riera, editor y director de El Viejo Topo, militante comunista desde la juventud, Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Barcelona, y miembro del PSUC durante muchos años, Victoria Camps, catedrática de Ética de la UAB, socialista. Félix Pérez Romera, antropólogo, José Ribas, fundador de la revista Ajoblanco que se reclamaba anarquista, Félix de Azúa, profesor universitario y escritor, Gabriel Jackson, hispanista, Juan Marsé, escritor, Rosa Regàs, escritor, Ana María Moix, escritora. Todos ellos con suficiente pedigrí antifascista para ser respetados y escuchados y cuyos planteamientos eran tan sensatos como que se modificara el plan de estudios impuesto en la llamada “inmersión” que significaba que todos los niños deben estudiar en catalán desde la primera enseñanza, con la única excepción de dos horas de castellano a la semana.
Solicitaban que el castellano se enseñara en la escuela en Cataluña el mismo tiempo que el catalán, que las familias pudieran escoger el idioma en que estudiaran sus hijos y que la cultura oficial asumiera que el castellano era también idioma propio en Cataluña. Es el único país bilingüe —o trilingüe como Suiza— en el mundo que no permite que se enseñe en igualdad de condiciones en todas las lenguas del territorio,  incluido el País Vasco.
Los objetivos del Foro Babel se concretan en palabras de Francesc de Carreras: “frente a la homogeneidad nacionalitaria, se muestra partidario de una nación culturalmente plural de ciudadanos, única base de una sociedad realmente libre; frente a inconcretos ideales de llegar a ser una nación soberana que, en realidad, esconden las deficiencias de la actuación política del presente, el Foro propugna un federalismo que abarque desde el nivel local hasta el europeo; frente al fundamentalismo lingüístico, quiere restituir el equilibrio entre libertad individual e integración social mediante una política bilingüista”.
Porque desde que comenzó esa estrategia de catalanizar a todos los habitantes del país, comenta Carreras en un artículo en el País, que “el nombre, la marca de Cataluña se lo había apropiado un grupo —no exactamente un partido político— que quería llevar a cabo un determinado proyecto nacionalista y se consideraba como el único legitimado para dar patentes de catalanidad. A partir de ahí, sólo es considerado catalán aquel que acepta las reglas que este grupo establece y, como dice el manifiesto de Babel, “todo ataque a las posiciones nacionalistas se convierte en un ataque contra Cataluña y todo disidente de la doctrina oficial es un anticatalán”.
Porque durante 18 años, todos los que llevaban gobernando Pujol y su equipo, el Govern se había dedicado a construir el relato de una identidad catalana diferenciada de la española, identificando además a ésta con el franquismo, como si el país España –cuyo nombre le pusieron los romanos- y el concepto de nación España lo hubiera inventado Franco, ya que ninguno de los teóricos del nacionalismo catalán ha leído ni a Manuel Azaña, ni a Pi i Maragall,  ni a Lucas Mallada o a Joaquim Costa.
Apenas obtenido el poder se suceden las quejas de los Pujol, reproducidas por los medios de comunicación, que pronto serán asumidas por los demás partidos —recordemos el tono vindicativo de Montilla—  contra el Estatuto de Cataluña recién aprobado. Nunca son bastantes las competencias, nunca tienen suficiente dinero ni transferencias ni libertad de lengua ni de expresión. Organizando una campaña de victimismo, perfectamente diseñada, los convergentes y los de ERC consiguen que los catalanes, e incluso los no tan catalanes como los “charnegos” que quieren integrarse como única manera de salir de los guetos de emigrantes en donde los han metido los burgueses, creen que efectivamente desde España, esa entidad tan abstracta que le llaman Estado Español, les persiguen, les insultan, les desprecian y les maltratan.
Son proverbiales ya las comparaciones con Kosovo o Lituania y la isla de Timor, los saharauis, los puertorriqueños o incluso los palestinos. Hace pocos meses Alfred Bosch de ERC se solidarizó con el gobernador de Gibraltar contra el opresor Estado Español.  Con este discurso no se habla de la quiebra de Banca Catalana ni de las apropiaciones de Pallerols y del Palau de la Música. Se desmovilizan las protestas por el desmantelamiento de la sanidad pública, la baja calidad de la enseñanza o el déficit de servicios sociales, incluida la atención que se debe a las mujeres en las situaciones de crisis. Al fin y al cabo cuando Cataluña sea independiente todos los catalanes y todas las catalanas percibirán los beneficios de repartir las inmensas cantidades de que hoy les expolia España.
Inmediatamente que se publicó el primer manifiesto del Foro Babel los ataques de los nacionalistas se sucedieron contra los firmantes. A Victoria Camps le pintaron las paredes de su casa con la palabra “fascista”, a Miguel Riera se le ha criticado en las redes sociales tachándole de traidor y de explotador de sus trabajadores. Esta campaña ha ido subiendo de tono hasta hacerle la vida amarga a muchos profesionales. Son varias decenas los intelectuales que se han exilado en otras partes de España. A una catedrática de literatura española en una Universidad de Barcelona le reprochan: “¿Y tu enseñas el idioma del enemigo?” A los profesores que enseñan inglés ni se les ocurre criticarlos.
La apoteosis ha llegado con el gobierno de Artur Mas y sus socios y su propósito de independizar Cataluña. Durante cuatro años todas las televisiones públicas catalanas, los periódicos en catalán, subvencionados por la Generalitat, los comentaristas de otros medios, han realizado una eficaz campaña asegurando que “España roba a los catalanes”, que en la independencia se encuentra el remedio de todos los males del país,  desprestigiando a España y a los españoles y menospreciando el castellano, por ser “el idioma del enemigo”.
A partir de aquí aseguran que la democracia pasa por organizar un referéndum, que organizará, supervisará, controlará y contará el Govern, para decidir si los catalanes quieren que Cataluña sea independiente.
Y a esta política los independentistas la llaman democrática.


                                DdA, XI/2816