domingo, 1 de junio de 2014

GASPAR LLAMAZARES: "EL VIEJO SISTEMA NO SE VA A RECUPERAR DE ESTE RESULTADO ELECTORAL"

Raúl Álvarez

Un café con el diputado Gaspar Llamazares en su barrio de Oviedo tiene mucha más profundidad que la que anuncia la taza. Al dirigente de IU le gusta el resultado de las elecciones europeas. Le parece que los ciudadanos han sido inteligentes y han dejado al PP sin margen para otra ronda de austeridad. A la coalición le ha ido bien, a pesar de que la imprevista eclosión de Podemos haya rebajado la alegría. El nuevo panorama, a su juicio, es una oportunidad para la izquierda alternativa y transformadora. En esa situación de desvanecimiento definitivo del bipartidismo, defiende para IU una estrategia en dos pasos: apertura real a la sociedad, en primer lugar, y entendimiento con otros partidos, en segundo lugar, para buscar el gobierno.

¿Le ha sorprendido el resultado electoral o ya intuía que había un caldo de cultivo para la eclosión de Podemos?
Estaba claro que Podemos iba a lograr representación. Había una agenda --que podríamos denominar del 15-M— que las fuerzas políticas, incluidas las de la izquierda, no estaban recogiendo y que ha buscado su representación. En el seno de Izquierda Unida, yo ya había comentado que eso se iba a producir en las elecciones europeas. Desgraciadamente, no me creyeron. Pensaron que era muy pronto, que nuestra organización podía ir más despacio, permitirse algunos cambios políticos y programáticos ahora, pero tomarse más tiempo… La verdad es que las fuerzas políticas somos como elefantes, aunque seamos pequeñas. Nos planteamos tres pasos: elecciones europeas, autonómicas y generales. Hemos llegado tarde. En mi opinión, hemos recogido lo bien que los hemos hecho en términos políticos, sociales y laborales, pero la agenda del 15-M se nos quedó en segundo plano. Hubo quien la puso en primer plano y se ha llevado una parte de la representación, aunque nosotros tengamos otra. La verdad es que yo no pensaba que fuera a haber una eclosión electoral tan fuerte, hablaba de dos eurodiputados, nunca de más. Pero sí estaba cantado que la izquierda alternativa que bebe de la radicalidad democrática del 15-M iba a tener representación.
¿Hasta dónde llega la sorpresa en IU? ¿Cómo se ha recibido la aparición de una fuerza que a principios de año no existía y ahora la ha rebasado en Asturias?
Es una fuerza que saca representación de zonas con una fuerte presencia tradicional de la izquierda, de lugares urbanos y de lo que podríamos llamar espacios post-materiales. Además de la agenda clásica del movimiento obrero y de los derechos sociales, tiene una demanda clara de regeneración y transformación democrática. Incluso podríamos decir de transformación del sistema. Asturias, entre todas las comunidades autónomas, es donde mayor eclosión ha tenido. Izquierda Unida podría haber tenido más representación, pero también creo que hay gente que ha votado a Podemos y no nos habría votado a nosotros.
¿Cómo queda IU en Asturias?
Como otras veces, es la comunidad donde hemos tenido mayor porcentaje de voto. Está bien que cantemos esa excelencia, pero también es cierto que teníamos una expectativa mayor. Hay una formación política que ha galvanizado ese voto que pretendía Izquierda Unida. Teníamos tres grandes objetivos: derrotar al bipartidismo, y lo logramos; conseguir un buen resultado electoral, y también lo logramos, hemos duplicado el voto; y ser el punto de referencia de la recuperación de la izquierda. Eso último ya no lo hemos logrado. Somos uno de los puntos de referencia, pero no el punto de referencia. ¿Por qué? Por las características de Podemos, que no son las nuestras, y también porque nosotros hemos relegado y dejado pendientes cambios que tendríamos que haber hecho ya en la definición del programa, del proyecto y de la candidatura.
Su partido, Izquierda Abierta, se enfrentó con la dirección precisamente por la elaboración de la lista. ¿Qué sucedió?
Tuvimos un problema que no se expresa únicamente en tener un representante en la lista. Desde el primer momento, planteamos una candidatura mestiza –no únicamente política, sino ciudadana— y  que surgiese de unas primarias. Era nuestro planteamiento y desde el principio no estuvimos de acuerdo con la lista de IU. Es verdad que esta vez ha habido un cambio. Era más plural, había más gente joven… Pero sigue siendo una candidatura desde dentro, en coalición con otras fuerzas pero no abierta y ciudadana. De todas formas, hay que estar satisfechos del resultado. Lo conseguido no es para propagar ningún tipo de visión negativa, ni para pasar factura. Pero sí creo que hay que acelerar las reformas. No por competir con nadie, sino por el bien de IU, porque son necesarias.
Como dice, con los números en la mano y en comparación con lo anterior, el resultado no es malo. ¿Pero no deja cierta sensación de chasco el ver que no se cumplen todas las expectativas de crecimiento?
No, el cuerpo queda mucho mejor que en otras condiciones. A partir de la seguridad que da un buen resultado, nos podemos plantear los retos y las insuficiencias. Con tranquilidad, sin pasar facturas, sin crisis internas ni dificultades. Por ahí, y así lo ha dicho Izquierda Abierta, la situación de la organización es muy buena. Pero, al mismo tiempo, la sensación sí que es agridulce. La organización ha conseguido ese buen resultado pero no ha cumplido el objetivo de agrupar todo lo que se estaba formando en la izquierda. Ahora seguimos teniendo ese mismo reto y, además, un reto añadido: entendernos con otros.
Mencionaba antes la necesidad de reformas. ¿Cuáles le parecen las primeras para encarar esos retos?
De IU, de Podemos y de más fuerzas depende una estrategia de cooperación. Ahí, yo no intentaría apurar el paso, aunque sin perder de vista la vocación unitaria. Y luego hay cosas que dependen solo de IU: fundamentalmente, cultivar de manera amable la pluralidad, porque yo creo que la gestionamos mal. Siempre que hacemos una candidatura o un proceso político, dejamos heridos en el camino. Eso no puede ser, no nos lo podemos permitir. También es necesario abrir la organización mucho más. Tenemos que ser más horizontales. A veces nuestras estructuras son complejas, necesitamos ser un partido del siglo XXI y parecemos del XIX. En tercer lugar, las próximas elecciones municipales no pueden ser para nosotros las primarias de las generales. Nos jugamos mucho y tiene que haber primarias y candidaturas ciudadanas. Izquierda Unida debe recomponer ese espacio, independientemente de que luego sea necesario hablar con otros. Nos equivocaríamos –lo ha dicho gente de Podemos y yo estoy de acuerdo con ellos— si pensáramos que esto es un problema únicamente de suma, algo que podemos arreglar en el último minuto, sumando dos candidaturas cuando lleguen las elecciones. O después de las elecciones, sumando dos grupos de concejales o de diputados. Eso es insuficiente, una visión clásica de la política. Creo que, previamente, es necesaria una unidad social. Luego puede culminar o no en una unidad política, pero tiene que haber un proceso por el cual la gente se sienta comprometida y representada.
IU, aunque tenga vocación transformadora en la política y en la sociedad, es una estructura asentada desde hace años. Como otros partidos, tiene un aparato con instinto de autoconservación ¿Cómo cambiarlo sin pisar pies, sin chocar con intereses creados o parcelas de poder dentro de la propia organización?
Toda organización humana, a medida que se consolida, además de objetivos hacia el exterior, tiene esos otros objetivos internos. Es un hecho. Pero no me preocupa, porque ya digo que creo que les pasa a todas. Lo que sí creo que Izquierda Unida tiene que plantearse es una serie de mecanismos que antepongan y den mayor presencia a la ciudadanía frente a la endogamia de cualquier organización. Tendencias burocráticas va a haber, pero lo importante es tener tal grado de apertura y conexión que oxigene y renueve las relaciones internas. Es un reto no solamente para Izquierda Unida. Este resultado electoral interpela al conjunto del sistema político. Yo estoy muy contento con él más allá de lo que toca a Izquierda Unida. Después de mucho tiempo en el que la política no se ha parecido en nada a la sociedad, ahora la sociedad ha entrado en la política. El desplome del bipartidismo es bueno para la política. Que el PP no tenga margen de maniobra (y no lo tiene) es bueno para la política. Por mucho que digan, no queda espacio para otra vuelta de tuerca a los recortes y a la austeridad. Para el PSOE, el mensaje es de renovación a fondo y recuperación de las señas de identidad de la izquierda. Creo que también es bueno. Y hay un último mensaje para la izquierda política que nosotros representamos: ponerse las pilas y empezar a funcionar.
No es una visión unánime entre la izquierda. Dirigentes del PSOE y de IU por igual se resisten a las primarias abiertas con el argumento de que se pueden infiltrar votantes y líderes que desvirtúen los mensajes. ¿Cuántas resistencias internas debe vencer ese planteamiento de apertura?
Es una visión conspirativa de la política sin ningún refrendo en la realidad, que es mucho más clara. Eso sería la excepción. La inmensa mayoría de la gente que se compromete en un proceso –a veces incluso hay que pagar un euro— tiene ideas y también criterio sobre las personas. Es una boutade, un argumento de mal pagador. Lo usa el que no quiere una elección abierta. En las formaciones políticas, estamos abocados a ella. La izquierda debe ser la primera en tener esa sensibilidad, de la misma manera que, en los debates de los años 70 y 80, fue la primera en incorporar la sostenibilidad como criterio de las políticas, el ecologismo y el feminismo. Hoy, está emplazada a incorporar una alternativa de democracia radical y participativa que dé poder de decisión a los ciudadanos. Si no lo hace, se quedará tan anquilosada como la derecha. No podemos mirar para otro lado, ni decir que las primarias son americanas, que nos la van a armar… La demostración es que hasta ahora nadie nos la ha armado. Yo me sometí a unas primarias en IU con el aparato del PCE en contra. Fue una experiencia muy importante. Eran de militantes, no abiertas, pero votaron 12.000 compañeras y compañeros a pesar de que no había ninguna experiencia previa. Ahora hemos organizado otras en Izquierda Abierta. Como es un partido en formación, ha votado más gente de fuera que de dentro. El proceso ha sido interesantísimo y nos ha enseñado mucho. Ha negado incluso los prejuicios metodológicos que teníamos sobre las garantías del proceso y el recuento de los votos. Si se quiere hacer, se puede hacer.

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