Jaime Richart
Tal como vienen sucediendo
las cosas de estos últimos años en este país, sólo a los políticos y a
los periodistas de periódico oficial, cadena de televisión y emisora de
radio puede convenir esta imitación de democracia. El resto de la
ciudadanía no puede sentir como "suya" lo que no es. La ciudadanía es
comparsa que se limita a presenciar el desvalijamiento de las arcas
públicas y las mentiras de los políticos relatados por los periodistas, y
a pasearse por las urnas cada cuatro años. Los políticos se cuentan por
miles, y los periodistas en activo no es probable que pasen de
centenares, pues miles carecen de empleo y han de conformarse con ese
periódico digital apenas sin ingresos, y otros miles están dedicados por
sus jefes a quehaceres subalternos.
Así es que si
sumamos políticos y periodistas informadores, escribidores y opinadores,
esta caricatura política sólo puede interesar a miles de personas. Los
cuarenta y seis millones de españoles restantes (aparte ese 20 por
ciento de ricos) la están sufriendo indignados o desesperados.
Todo va mangas
por hombros. Hay 500 políticos imputados, por miles de millones
saqueados o dilapidados por ellos y otros muchos todavía sin descubrir,
que han agravado la crisis económica, pero ninguno está en la cárcel y
menos ha devuelto un solo euro. Los gobernantes mienten constantemente a
sabiendas, y los electores les votan una y otra vez. La justicia
expulsa a los jueces honestos y retrasa sospechosamente años la
instrucción de los sumarios hasta acabar prescritos muchos de los
delitos. Luego ahí está la benevolencia de los tribunales que les juzga.
Y más luego, el indulto de los gobiernos.
La
oposición es sumamente débil y sin mordiente. Los esfuerzos de los
políticos de la izquierda por no perder un poco la compostura, dan alas a
los insolentes y cínicos del gobierno. Las manifestaciones en las
calles no sirven para nada. Y quienes a propósito de ellas señalan
alguna concesión del poder como parte de su estrategia es porque
obtienen réditos de la injusticia. Y así podríamos ir enumerando lacras,
corruptelas, engaños, traiciones e imposturas que todos los políticos
en mayor o menor medida comparten; unos fabricando a su bola la realidad
y otros consintiéndolo.
Se
lee y se oye a menudo citar otras democracias burguesas como referente.
Pero es imposible que España sirva de modelo a algún país emergente. Lo
que es seguro es que habrá de tenerla precisamente como modelo de lo
que es una pantomima que deberá evitar. ¡Qué repugnancia!
DdA, X/2.648

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