sábado, 7 de julio de 2018

CÓMO FRAGMENTÓ EL NEOLIBERALISMO LA IDENTIDAD DE LA CLASE TRABAJADORA

Lazarillo

Tres ediciones lleva ya este ensayo de más de 250 páginas publicado por la editorial Akal y del que es autor Daniel Bernabé, colaborador de diversas publicaciones periódicas como La Marea, El Salto, CTXT, Público. El subtítulo de La trampa de la diversidad hace sin duda recomendable y muy actual por la vigencia de lo que trata este ensayo: Cómo el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora. Hay que tener en cuenta que el neoliberalismo es un proyecto de dominación global en el que estamos inmersos
"Llegaron a España las guerras culturales, conflictos en torno a derechos civiles y representación de colectivos que situaban lo problemático no en lo económico o lo laboral y mucho menos en lo estructural, sino en campos meramente simbólicos. El matrimonio homosexual, la memoria histórica, el lenguaje de género o la educación para la ciudadanía empezaron a copar portadas de los medios y a crear polémica.
¿Estamos afirmando que los ejemplos mencionados carecen de importancia? En absoluto. Es importante que un grupo social pueda tener los mismos derechos civiles que el resto o reconocer desde las instituciones nuestra historia y la dignidad de los republicanos olvidados. Lo que decimos es que estos conflictos culturales tenían un valor simbólico en tanto que permitían a un gobierno que hacía políticas de derechas en lo económico validar frente a sus votantes su carácter progresista al embarcarse en estas cuestiones."
Extraña paradoja la que plantea este libro: ¿son los sistemas de privilegios, opresiones y revisiones una forma efectiva de enfrentarse a la desigualdad?; ¿dónde quedó, entonces, el conflicto capital-trabajo? Sin embargo, debemos dar una respuesta urgente a estas preguntas, si no queremos que la fuerza de lo colectivo se acabe diluyendo en el irremediable individualismo de lo identitario.
En un mundo donde lo ideológico se ha convertido en una coartada para afirmar nuestra personalidad aislada, el activismo se esfuerza en buscar las palabras adecuadas para marcar la diversidad, creando un entorno respetuoso con nuestras diferencias mientras el sistema nos arroja por la borda de la Historia. Ya no se busca un gran relato que una a personas diferentes en un objetivo común, sino exagerar nuestras especificidades para colmar la angustia de un presente sin identidad de clase.

PS. Anoto este interesante debate en el diario.es entre Alberto Garzón y Daniel Bernabé a propósito del libro.

DdA, XIV/3897

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