jueves, 8 de junio de 2017

DE PIRATA DEL MEDITERRÁNEO, AL IBEX*


Félix Población

Visto lo visto en los tiempos que corren, con la corrupción política como motivo central de actualidad permanente en nuestro país, una reedición que lleve por título “El último pirata del Mediterráneo” y verse sobre Juan March  ha de ser acogida al menos con curiosidad por lo que supone como antecedente. No en vano Rubén Juste, en su documentado libro “Ibex 35. Una historia herética del poder en España”, dedica a los March un substancioso fragmento, para el que se sirve de una significativa cita de Balzac: “El secreto de las grandes fortunas es un crimen, olvidado porque se ha sabido perpetrar.”
Esta biografía novelada, de la que es autor el periodista y escritor gallego Manuel D. Benavides (1895-1947), se publicó en 1934, un año después de que el banquero mallorquín se escapara de la cárcel. Se volvió a editar en México en 1976 y en España en 1995, si bien ninguna de las dos reediciones es la versión final del libro, publicada en Barcelona en 1937, en la que no sólo aparecen todos los personajes con sus nombres verdaderos, sino que se incluyen algunos fragmentos añadidos. Esta es la que ahora ha dado a conocer la editorial Renacimiento, con una introducción de José Luis García Martín, un prólogo del autor a la edición rusa de 1935 y unas notas autobiográficas a modo de epílogo.
Tal como indica García Martín, Benavides inició la escritura de esta biografía a mediados de 1933, cuando los sucesos trágicos de Casas Viejas acabaron con la alianza de gobierno entre republicanos y socialistas, March estaba en prisión por sus corruptelas y el Partido Radical de Lerroux formó gobierno bajo la batuta de Diego Martínez Barrio. Es entonces cuando huye de la cárcel, dejando en ridículo a las autoridades republicanas, y cuando Benavides se pone a escribir el libro, cuya primera parte lleva por título “Un aventurero mallorquín”. En ellas se narran los codiciosos inicios del protagonista y el extraño asesinato del hijo de un contrabandista competidor, presunto amante de la esposa de March, sobre quien recayeron las sospechas del homicidio.
La segunda parte, “Los mongoles sobre Barcelona”, se centra en las figuras de Alejandro Lerroux y uno de sus colaboradores del Partido Radical, Emiliano Iglesias. Con el término “mongoles” se refiere el autor a los lerrouxistas que se hicieron dueños del Ayuntamiento de Barcelona, cosechando con ello pingües ganancias mediante las correspondientes corruptelas.
Las relaciones entre el dictador Miguel Primo de Rivera y el contrabandista Juan March ocupan una tercera parte muy documental, para la cual Benavides se sirve del diario del director de la Compañía Arrendataria de Tabacos durante esos años, que le fue entregado por este para incluirlo en el libro que entonces preparaba el escritor. Mach pasó de ser diputado por Mallorca en 1923 a hacerse con el monopolio de tabaco en el norte de África cuatro años más tarde. “Juan March fue uno de los orientadores de la política económica de la Dictadura –se afirma-. Su capacidad de soborno extendíase a todos los poderes del estado; la Justicia, la Iglesia, el Ejército y el rey”.
La historia de la segunda República, hasta la victoria de las derechas en las elecciones de otoño de 1933, ocupa la cuarta parte de esta biografía novelada. En esas elecciones también es elegido diputado March, después de haberse escapado de su confortable encarcelamiento, similar al de un Tejero de nuestros días. Benavides lo cuenta y hace luego un último balance de su personaje, ya viejo y enfermo, como si al cabo hubiera conseguido lo que quería, dando por terminado su papel en la historia: “¿Para qué quiere la vida Juan March? –pregunta el autor-. Ha satisfecho sus ambiciones. Grande es su poder. Ante él doblan sus frentes los ministros y los banqueros y su espíritu se ha encarnado y perdurará no se sabe por cuánto tiempo en la República tonta del 14 de abril”. Estamos en el verano de 1934, cuando Benavides  termina el libro. A Juan March le queda un último y decisivo papel por hacer en pro del levantamiento militar del 18 de julio de 1936, en correspondencia con lo que había dicho Azaña: “O la República acaba con March o March acaba con la República”.
Benavides verá publicada esta biografía novelada poco antes de que se produzca la revolución de Asturias en octubre de 1934, tras el acceso de las derechas al gobierno y el recorte de derechos y libertades que eso comportó en plena eclosión de los fascismos en Europa. Dueño y señor entonces de la vida política en España, gracias a su poder para comprarlo todo (periódicos, periodistas y ministros), March también quiso hacer desaparecer los ejemplares del libro adquiriéndolos en las librerías, sin poder evitar que hasta quince ediciones se agotaran antes de la guerra. 
Como consecuencia de su implicación en la revuelta de Asturias, Manuel D. Benavides fue internado en la Cárcel Modelo de Madrid, ante el regocijo de los amigos de Lerroux y del contrabandista mallorquín, según sus propias palabras. Luego se fue a París con su mujer e hija, después de haber dejado escrita la que considera una crónica verídica de las miserias de la política española desde la coronación de Alfonso XIII hasta la salida de Lerroux del poder. “El último pirata del Mediterráneo” fue motivo suficiente para que el Sindicato de Artes Blancas de la UGT temiera por la vida de su autor y lo sometiera a una rigurosa vigilancia para defenderle de un posible atentado. 
Activo militante socialista durante toda su vida, Benavides murió en México en 1947, afiliado desde un año antes al Partido Comunista tras la ruptura entre los partidarios de Juan Negrín e Indalecio Prieto. Desconozco si su nombre figuraba entre los socialistas a los que el PSOE devolvió simbólicamente el carné hace unos cuantos años.

El último pirata del Mediterráneo, Manuel D. Benavides. Editorial Renacimiento, 2017, 436 Pags.

*Artículo publicado en el número de junio de El viejo topo.

DdA, XIV/3558 

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