lunes, 22 de junio de 2015

EL MUNDO ESTÁ EN DEUDA: ¿CUÁL ES EL ACREEDOR ÚLTIMO?

El invento de la maldita Deuda, si ha propulsado a la sociedad occidental, será al final el fatal causante del gravísimo cambio climático y del gravísimo estado del planeta Tierra

Jaime Richart

En deuda con la sociedad mundial y con el planeta. Sabido es que cuando hay deudor, es porque hay acreedor. Pero ni la socie­dad mundial ni el planeta la van a cobrar. Veamos: no hay país en el mundo y desde luego ninguno de los treinta más desarro­llados, que no esté endeudado. Y entonces ¿cuál es el acreedor último? ¿quién acapara el montante de todas las de­udas soberanas?

Si no hubiera Deuda soberana (algo inconcebible por la fatal ambición, impaciencia y necedad del ser humano), el consumo y la producción retrocederían a niveles razonables y cada país produciría y consumiría ya poco más de lo necesario. No habría excedentes en proporciones siderales ni se arrojarían muchos productos al mar para mantener o subir los precios.

El invento de la maldita Deuda, si ha propulsado a la sociedad occidental, será al final el fatal causante del gravísimo cambio climático y del gravísimo estado del planeta Tierra, en estado casi terminal. El consumo salvaje ha ido cre­ciendo exponencial­mente desde que irrumpió el truco demon­íaco de "las finanzas". Aún así hay clases de deudores: Rusia, por ejem­plo, ocupa la 164º posición de la clasificación mundial de deuda pública en porcentaje sobre el PIB. Y aún hay un estado con un ratio de deuda pública más reducido que el de Rusia, que es Arabia Saudí, con el 3,5%, en la 171ª posición.

Pero la cuestión es ¿por qué Japón cuya Deuda está en el 243% del PIB, USA en el 108, Italia en el 130, Bélgica el 100,3, el Reino Unido en el 93, Francia en el 92, España en el 91 (98,1% en el último febrero) y un largo etcétera de países están endeudados hasta las trancas, y no pasa nada, y sin em­bargo a Grecia, que está en el 179,5 de su PIB se le está lle­vando a la quiebra y a salir del euro? ¿Quién y con qué criterio se decide la exigencia de cada pago que no obedezca a criterios políticos, personales o de lobbys concretos relacionados con todos los sectores productivos e improductivos como son el papel y los valores sólo nominales?

Decididamente esta sociedad occidental es ridícula si no estu­viese enferma. La economía decide tiránicamente la política, pero su tiranía no sale al exterior, está en la sombra. Oficial­mente son los políticos quienes deciden la suerte de las nacio­nes. Pero también es cierto que para hacer ese "paripé" hay que valer. Porque el político debe saber que su mentalidad ha de coincidir con la mentalidad de los detentadores de la riqueza. Y si no, subordinar la suya a la de ellos y a su interés. Quiero de­cir que si el gobierno de Grecia no se hubiera puesto farruco, si su ministro de economía, su presidente y el partido del go­bierno griego, no exigieran auditar minuciosamente el origen de la Deuda para separar la parte legítimamente debida de la ilegítimamente contraida; si no hubieran sido verdaderos socialis­tas sino palanganeros de la derecha al servicio del di­nero europeo y mundial, no hubiera habido problema: la Deuda griega hubiera podido alcanzar por lo menos las cifras siderales alcanzadas por Japón: el 243% de su producto interior bruto. Y esto de Grecia es aplicable a cualquier otro país.

Cuando los acreedores dominadores y más cercanos a las obliga­ciones crediticias del país en cuestión no sienten las mie­les del sometimiento, actúan. Unas veces con embargos y otras represalias económicas y en última instancia declarando la gue­rra. Esto forma parte de la Historia. De todos modos el asunto de la Deuda soberana es para reflexionar, pues la suma de la Deuda de todos los países del mundo desemboca en la biosfera, es la biosfera la que lo soporta y equivale al déficit vital de todo el planeta.

La única manera de atajar el problema crónico existente entre la política y la economía que afecta a todos los países (descar­tada la solución comunista radical), sería dictaminar urbi et orbe en el marco del sistema de libre mercado que a los políti­cos se les prohíba ser ricos, y a los ricos ser políticos. Es decir, dividir realmente los derechos económicos y políticos. Los propietarios no deben tener acceso a los derechos políticos, al poder. Y los que están en el poder no deben tener acceso a los de­rechos económicos, la propiedad, el ahorro, la riqueza. Las ac­tuales formas de división de negocios y el poder en el marco de la democracia total controlada no cumplen esta función. Es más, sirven de cobertura para ocultar el superpoder real. Por­que si no, la solución, aparte de lo dicho sobre la fórmula comu­nista, no puede estar si no en la autarquía. Y esta salida es, a mi juicio la que por dignidad pero también por pragma­tismo debi­era afrontar Grecia. Al menos se detendría la alta tasa de suicidios que se producen en aquel país desde el inicio de la crisis en el año 2008, como es el caso de España…

Nota: Los datos aquí manejados son de la agencia Captor y corresponden a 2013.

DdA, XII/3006

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