A título personal, si tuviese que opinar, os diría que con el corazón en la mano recomendaría la dimisión del ministro por mera coherencia institucional. Pero mejor escenario sin duda desde un punto de vista estratégico es no tocar nada y mantener la posición. En la frialdad de la lógica, las concesiones en precampaña se transforman rápidamente en síntomas de agotamiento mientras que la resistencia ante la presión extrema se interpreta desde el electorado como liderazgo y cohesión interna. Falta comprobar, añadimos a lo que dice el autor, las causas del accidente, sin que se descarte ninguna.
Àlex López
¿Qué debe hacer Pedro Sánchez? ¿Debe forzar la dimisión de Puente? ¿Cesarlo? ¿Aguantar? Yo lo tengo muy claro.
Como muchos sabéis mi campo de especialización es la Teoría de Juegos matemática y habitualmente colaboro con empresas multinacionales asesorándolas en la toma de decisiones puramente estratégicas en entornos de alta incertidumbre.
Hoy os propongo un ejercicio pedagógico y técnico y aplicar las matemáticas, siempre serenas y frías, utilizando un modelo dinámico de suma no nula en la encrucijada tan compleja a la que se enfrenta el Gobierno y las exigencias de dimisión sobre el ministro Óscar Puente en plena campaña preelectoral.
A título personal, si tuviese que opinar, os diría que con el corazón en la mano recomendaría la dimisión del ministro por mera coherencia institucional. Esa es la excelencia moral que la izquierda espera, en una clave totalmente opuesta a los motivos que esgrime la derecha. Eso es lo que mi intuición me dicta.
Pero cuando uno se pone la chaqueta de asesor profesional y entra en lo que yo llamo War room, debes dejar las emociones fuera y utilizar la cabeza.
Si el presidente me pidiera consejo como estratega este sería el análisis de los tres posibles escenarios:
1. El Cese.
En teoría de juegos entregar una pieza sin recibir nada a cambio se interpreta como una debilidad. Si Sánchez cesa a Puente la oposición no cambiará su relato ni se dará por satisfecha. Validará el relato sobre la incompetencia y escalará solicitando la dimisión de Pedro Sánchez. El coste electoral sería máximo porque desmovilizaría al votante propio y desataría el pánico.
2. La dimisión.
Sería un intento de cortafuego donde el ministro asumiría el coste en primera persona. Aislaría la crisis temporalmente pero privaría al partido de un perfil fuerte. La oposición se anotaría una victoria psicológica que les daría combustible para toda la campaña.
3. El enrocamiento.
La inacción estratégica consiste en mantener la posición y absorber el impacto inicial. Desde el punto de vista técnico los marcos críticos en política tienen rendimientos decrecientes si no se alimentan con nuevas variables. Si el Gobierno no entrega el cargo del ministro se obliga a la oposición a estirar el mismo argumento durante semanas con el riesgo de saturar al votante moderado y al indeciso.
¿Cuál sería mi recomendación?
El filósofo y militar chino Sun Tzu, en su célebre libro ‘el arte de la guerra’, decía que en el campo de batalla es mejor retroceder un metro que avanzar un centímetro.
El mejor escenario sin duda desde un punto de vista estratégico es no tocar nada y mantener la posición.
En la frialdad de la lógica, las concesiones en precampaña se transforman rápidamente en síntomas de agotamiento mientras que la resistencia ante la presión extrema se interpreta desde el electorado como liderazgo y cohesión interna.
Además esa estrategia produce nerviosismo y sobreactuactión en el rival ofreciendo un vector matemático de salida ideal para contraatacar y desplazar el eje del debate hacia la gestión que está haciendo la oposición y su comportamiento.
En el marco actual un cese o dimisión no le va a mover un solo voto de la derecha hacia el PSOE pero si puede desmovilizar a la izquierda que va en Puente un perfil valiente por no decir que expulsaría a cualquier indeciso.
La política y el ajedrez son parecidos y rara vez se gana entregando la iniciativa al adversario.
Las matemáticas dicen que mantengamos la línea.
Ese sería mi consejo a Sánchez y lo que creo que debería hacer: aguantar.
DdA, XXII/6608

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