sábado, 12 de septiembre de 2026

INFORME PISA: LA LECTURA, A CONTRACORRIENTE DEL MUNDO QUE NOS HACEN

Dice el profesor Enrique del Teso en su artículo de hoy, publicado como cada semana en Nortes, a propósito del informe Pisa y la creciente incomprensión lectora de niños y adolescentes en general (El informe PISA y la lectura (Con saludo cariñosos al Supremo): "La lectura, en cambio, es demorada, suministra caldo gordo que espesa la atención, el entendimiento y el tacto de la belleza. Es un ejercicio que en estos tiempos nos protege del nerviosismo y chisporroteo que induce la tecnología. La lectura va a contracorriente del mundo que el consumo y los medios tejen alrededor de adolescentes y no adolescentes. La lectura cruje con el ambiente como un barco agrietando un iceberg. Las consecuencias de la falta de comprensión de textos extensos son, lógicamente, inquietantes. Afectan a capacidades que no se pueden adquirir sin entrar en las disciplinas por la puerta natural de la lectura y el estudio. Y dejan a los sujetos en una ingrata indefensión ante los chisporroteos embrutecedores de redes y bocazas. Tomen nota de lo importantes que son esas cosas tan inútiles. Hablamos de narraciones, de literatura".



Las pantallas pueden perjudicar, más unas que otras y más en un tipo de textos que en otros. La lectura en dispositivos muy conectados enseguida se hace sincopada y con interrupciones, porque el dispositivo no deja de ofrecer distracciones. El sujeto suele leer más rápido y tener una conciencia más baja de lo que entendió. Es notable que leyendo en papel nos damos cuenta de no entender ni jota y leyendo en pantalla detectamos peor algo tan palmario. Los estudios sugieren que en pantalla la lectura, si te da algo, es el sentido general y se evaporan los detalles (la textura; «el sentido de la naturaleza está en el conjunto, su belleza está en los detalles», decía Gould). Parece que la pantalla tiende a ser inocua en los textos narrativos y que fragmenta la lectura en los textos expositivos. Mi experiencia es que las narraciones son centrípetas, la lectura de una novela te aísla y te concentra en ella, mientras que los tratados científicos o técnicos son centrífugos, te expulsan del texto continuamente. Antes se leía un libro técnico rodeado de fichas y fotocopias a las que se iba cada poco. Ahora se hace lo mismo con movimientos de ratón. Lo importante es que, incluso en el quehacer académico serio, todo va más rápido, se consulta el diccionario cambiando la ventana, se está en tres cosas a la vez, la IA te prepara informes mientras escribes, todas las fuentes son inmediatas. La lectura, en cambio, es demorada, suministra caldo gordo que espesa la atención, el entendimiento y el tacto de la belleza. Es un ejercicio que en estos tiempos nos protege del nerviosismo y chisporroteo que induce la tecnología. La lectura va a contracorriente del mundo que el consumo y los medios tejen alrededor de adolescentes y no adolescentes. La lectura cruje con el ambiente como un barco agrietando un iceberg. Las consecuencias de la falta de comprensión de textos extensos son, lógicamente, inquietantes. Afectan a capacidades que no se pueden adquirir sin entrar en las disciplinas por la puerta natural de la lectura y el estudio. Y dejan a los sujetos en una ingrata indefensión ante los chisporroteos embrutecedores de redes y bocazas. Tomen nota de lo importantes que son esas cosas tan inútiles. Hablamos de narraciones, de literatura.
En EEUU las tecnológicas ya se afanan en convencer de que no hay nada malo en que los niños simplemente encarguen a la IA cualquier redacción. Cuando sean mayores, en cualquier empresa la IA redactará mejor que ellos, no será necesario tener esa destreza. La escritura saca provecho de otro artificio. Que las palabras queden fijadas en el escrito da una prótesis artificial y poderosa a la memoria. Escribir ejercicios largos, obliga a una planificación, un desarrollo de la memoria de trabajo, un control reflexivo y una apropiación de ideas y argumentos que afectará al rendimiento general, además de disparar la comprensión lectora. Sin embargo, empieza a haber debate sobre la utilidad de escribir. Hay experimentos que demuestran lo obvio, que el cerebro tiene mucha más actividad escribiendo que dando instrucciones a la IA para que redacte ella. Los coches son más rápidos que nosotros, pero si amorcillamos a los niños en el sedentarismo porque no necesitarán correr, criaremos seres entumecidos. El embotamiento cerebral no produce obesos, produce idiotas. No hay que desmayarse por el informe PISA, y sus sesgos y errores. La comprensión lectora es efecto de muchos factores, irrelevantes de uno en uno, un estado definido por variables incontroladas. Y no nos obsesionemos con los jóvenes. ¿No está diciendo el Supremo que dos millones de individuos son españoles, pero que no pueden votar para que no cambiar el resultado de lo que desean los españoles? ¿Qué leerá esa gente?

NORTES DdA, XXII/6462

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