Bernie Sanders
El texto que se reproduce a continuación es la transcripción de un discurso pronunciado por Bernie Sanders, senador estadounidense por el estado de Vermont, acerca de los riesgos que corre la humanidad ante el avance de la Inteligencia Artificial. La IA y la robótica son tecnologías revolucionarias que provocarán una transformación sin precedentes en la sociedad. El informe que publicó Sanders el mes pasado reveló que la automatización y la robótica podrían sustituir casi cien millones de puestos de trabajo en Estados Unidos durante la próxima década. Eso incluye el 40 % del personal de enfermería, el 47 % de los camioneros, el 64 % de administradores y contables, el 65 % de los asistentes de enseñanza y el 89 % de los empleados en establecimientos de comida rápida, entre muchos otros colectivos que se verán gravemente afectados por la robótica.¿Serán estos cambios positivos y mejorarán la vida de los estadounidenses comunes, o serán desastrosos?, se pregunta Sanders. Traducción de la redacción de CTXT con asistencia de herramientas digitales.
Muchas gracias por acompañarme para debatir sobre un tema muy importante. La inteligencia artificial y la robótica van a transformar el mundo. Traerán cambios inimaginables a nuestra economía, a nuestra forma de hacer política, a nuestra defensa, a nuestra política exterior, a nuestro bienestar emocional, a nuestro medio ambiente y a la forma en que educamos y criamos a nuestros hijos. Parece increíble, pero es cierto: existe un temor muy real de que, en un futuro no muy lejano, una superinteligencia pueda sustituir a los seres humanos en el control del planeta. No es ciencia ficción, es un temor real que albergan personas muy bien informadas. A pesar de la enorme importancia que tiene este asunto y de la velocidad a la que avanza la IA, hay muy poco debate en el Congreso, en los medios de comunicación y entre la población en general, y eso tiene que cambiar ya.
Hace varios meses, como líder de la minoría en la Comisión de Salud, Educación y Pensiones, llevé a cabo una investigación sobre los retos monumentales a los que nos enfrentamos con el desarrollo de la inteligencia artificial y, muy recientemente, organicé un debate público en la Universidad de Georgetown con el doctor Geoffrey Hinton, ganador del Premio Nobel y considerado el “padrino” de la IA, el hombre que ha llevado a la IA al lugar en el que se encuentra ahora, para conocer su opinión en muchos temas relacionados con esta materia.
Basándonos en nuestra investigación y en otra información que estamos recopilando, mi equipo y yo presentaremos pronto al Congreso un conjunto muy específico de recomendaciones sobre cómo podemos empezar a abordar algunas de las amenazas sin precedentes que plantea la IA.
Estas son solo algunas de las cuestiones pendientes que pretendemos responder en nuestro informe. En primer lugar, y quizá lo más importante, ¿quién debería encargarse de la transformación hacia un mundo dominado por la IA? En la actualidad, algunas de las personas más ricas del planeta –Elon Musk, Jeff Bezos, Bill Gates, Mark Zuckerberg, Peter Thiel y otros– están invirtiendo muchos miles de millones de dólares en el desarrollo y la implementación de la IA y la robótica. ¿Nos parece bien que estos hombres enormemente poderosos –apenas un puñado de personas– moldeen el futuro de la humanidad sin ninguna participación ni supervisión democrática? ¿El objetivo de la revolución de la IA es simplemente hacer que las personas más ricas del planeta lo sean aún más, o se usará esta tecnología revolucionaria en beneficio de toda la humanidad? Esa es la pregunta: ¿quién se beneficia de esta increíble transformación de la sociedad? ¿Por qué Donald Trump, que apoya de manera decisiva a estos oligarcas de las grandes tecnológicas, quiere imponer una orden ejecutiva que impida a los estados regular la IA? ¿Por qué Peter Thiel, el inversor multimillonario y cofundador de Palantir, llama a quienes quieren regular la IA, y cito textualmente, “legionarios del Anticristo”? ¿Acaso este grupo elitista de multimillonarios cree que tiene el derecho divino a gobernar? ¿Estamos volviendo al siglo XIX, cuando reyes y monarcas afirmaban que Dios les había dado el derecho a gobernar? ¿Es eso lo que dicen estos tipos hoy en día? ¿Hasta dónde llegarán para resistirse a la regulación gubernamental?
Así pues, esta es una cuestión de enorme importancia en la que debemos involucrarnos: ¿qué impacto tendrán la inteligencia artificial y la robótica en nuestra economía y en las vidas de los trabajadores? El informe que publiqué el mes pasado reveló que la automatización y la robótica podrían sustituir casi cien millones de puestos de trabajo en Estados Unidos durante la próxima década. Eso incluye el 40 % del personal de enfermería, el 47 % de los camioneros, el 64 % de administradores y contables, el 65 % de los asistentes de enseñanza y el 89 % de los empleados en establecimientos de comida rápida, entre muchos otros colectivos que se verán gravemente afectados por la robótica.
Elon Musk afirmó hace poco que, y cito textualmente, “los robots sustituirán todos los puestos de trabajo; trabajar será opcional”. Bill Gates predijo que, y vuelvo a citar textualmente, “los humanos no serán necesarios para casi nada”. Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, advirtió que eso podría provocar la pérdida de la mitad de todos los trabajos de oficina de nivel inicial. Si la IA y la robótica eliminan millones de puestos de trabajo y generan un desempleo masivo, ¿cómo sobrevivirá la gente si no tiene ingresos? ¿Cómo alimentarán a sus familias o pagarán la vivienda o la asistencia sanitaria? ¿Está haciendo algo el Gobierno para prepararse ante este posible desastre económico? Además, ¿qué impacto tendrá en nuestra democracia en un momento en el que sus cimientos están siendo atacados aquí, en Estados Unidos, y en todo el mundo? ¿Nos ayudarán la inteligencia artificial y la robótica a convertirnos en una sociedad más libre y democrática, o darán aún más poder a los oligarcas que controlan la tecnología? ¿La IA invadirá nuestra privacidad y recortará nuestras libertades civiles?
Larry Ellison, la segunda persona más rica del planeta, predijo que un estado de vigilancia impulsado por la IA hará que “los ciudadanos se comporten de la mejor manera posible porque todo se grabará y se quedará registrado”. Hablamos de la segunda persona más rica del mundo que invierte miles de millones en ello. ¿Estamos llegando a un punto en el que cada llamada de teléfono que hacemos, cada correo electrónico y cada mensaje de texto que enviamos, cada dato de búsqueda que realicemos en Internet estará a disposición de los propietarios de la IA? Y si es así, ¿cómo podremos mantener la democracia en esas condiciones? ¿Cómo protegemos nuestra privacidad? Es más, ¿podría la IA redefinir literalmente –y esto es algo casi descabellado, muy inimaginable– lo que significa ser un ser humano? Quiénes somos y cómo nos desarrollamos emocional e intelectualmente depende en gran medida de nuestras relaciones con otros seres humanos –nuestros padres, por supuesto, nuestra familia, profesores, parejas, amigos y compañeros de trabajo–. Citando al poeta del siglo XVII John Donne, recordaréis este poema: “Ningún hombre es una isla, entero en sí mismo”. Los seres humanos con los que interactuamos nos ayudan a convertirnos en las personas que somos, para bien o para mal. Pero la IA está en proceso de cambiar todo eso. Según un estudio de Common Sense Media, el 72 % de los adolescentes afirma haber utilizado la IA para buscar compañía y más de la mitad de ellos lo hace con regularidad. ¿Qué significa esto? Quiero que penséis en ello.
¿Qué significa que los jóvenes entablen amistades con la IA y se aíslen cada vez más de otros seres humanos, que pasen cada vez más tiempo frente a sus pantallas hablando con personajes generados con IA? ¿Qué ocurre cuando millones de personas en todo el mundo buscan apoyo emocional en una máquina? ¿Cuál es el impacto a largo plazo sobre la humanidad cuando nuestras relaciones más importantes no son con otros seres humanos? Y también, ¿qué impacto está teniendo en nuestro medio ambiente? Los centros de datos requieren una cantidad ingente de electricidad y agua; un centro de datos relativamente pequeño puede consumir la electricidad de 80.000 hogares, mientras que uno grande –como el centro de datos de 165.000 millones de dólares que OpenAI y Oracle están construyendo en Abilene, Texas– consumirá tanta electricidad como 750.000 hogares. Meta está construyendo un centro de datos en Luisiana del tamaño de Manhattan que consumirá tanta electricidad como 1.200.000 hogares.
Comunidad tras comunidad, los estadounidenses están plantando cara a la construcción de centros de datos por parte de algunas de las corporaciones más grandes y poderosas del mundo. Se oponen a la destrucción de su entorno local, al aumento desorbitado de las factura de luz y al desvío de unos recursos hídricos ya de por sí escasos. A nivel nacional ¿cómo afectará a nuestro medio ambiente la continua construcción de centros de datos? ¿Cómo influirán la inteligencia artificial y la robótica en la política exterior y en la guerra? Bueno, quizá no se lo hayan planteado, pero la realidad es que, lamentable y trágicamente, los gobiernos, en pleno siglo XXI, aún no han creado un mecanismo para resolver disputas internacionales o internas sin recurrir al conflicto armado. Asistimos en estos momentos a guerras terribles; sin embargo, los líderes gubernamentales suelen mostrarse reacios a entrar en guerra por temor a la reacción pública ante la pérdida de vidas humanas. Ningún político quiere presentarse ante su pueblo y decir: “Oh, lo siento, hemos perdido a miles de jóvenes, hombres y mujeres”, pero ¿qué sucede cuando los robots sustituyen a los seres humanos en las acciones bélicas? Surgen los ejércitos de robots. ¿Cómo será el futuro si millones de soldados robots sustituyen a los seres humanos? ¿Estarán los líderes más dispuestos a entrar en guerra o a amenazar con acciones militares si no tienen que preocuparse por la pérdida de vidas? ¿Habrá, literalmente, una carrera armamentística de robots? Podríamos ver a países enfrentándose entre sí no con sus propios seres humanos, ni con sus propios soldados, sino con robots. Y si no hay que preocuparse por perder robots, a diferencia de lo que ocurre con la pérdida de seres humanos, ¿cómo afectará esto a las políticas exteriores en todo el mundo? Se trata de un tema importante que no se ha debatido lo suficiente, y huelga decir que tiene serias consecuencias: ¿representa la IA una amenaza existencial para el control humano sobre el planeta? Algunos de nosotros recordamos una escena –sé que ha habido varias películas que plantean lo mismo– de una película de 1968, 2001, una odisea del espacio, en la que HAL, el ordenador superinteligente que controlaba la nave espacial, se rebela contra sus amos humanos. Hoy la IA avanza a gran velocidad. El doctor Geoffrey Hinton me dijo hace poco que era solo cuestión de tiempo que la IA llegara a ser más inteligente que los seres humanos.
¿Y qué impacto tiene esto? ¿Plantea la posibilidad de que los humanos pierdan realmente su capacidad para controlar el planeta? Y si eso llega a ser una posibilidad, ¿cómo detenemos esa amenaza? Y permítanme decirles que estas son solo algunas de las cuestiones fundamentales que deben responderse a medida que la IA y la robótica avanzan rápidamente. Recuerden que se han invertido cientos y cientos de miles de millones. Hay avances casi a diario.
La IA y la robótica son tecnologías revolucionarias que provocarán una transformación sin precedentes en la sociedad. ¿Serán estos cambios positivos y mejorarán la vida de los estadounidenses comunes, o serán desastrosos?
En mi opinión, el Congreso debe actuar ahora. Tenemos que empezar a responder a estas preguntas y a otras más. Necesitamos entablar un debate nacional. Este es un tema de enorme importancia; tal vez quienes están en la cima –los multimillonarios que controlan la tecnología– quieran que lo ignoremos. Pero por el futuro de nuestro mundo, de nuestros hijos, del medio ambiente, etc., este es un asunto que no puede pasarse por alto. Así que trabajaremos juntos. Espero conocer sus opiniones sobre este tema. Pero avancemos e intentemos responder a algunas de estas preguntas. Muchas gracias a todos.
CTXT DdA, XXII/6466

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