martes, 25 de agosto de 2026

EL BLOQUEO A CUBA ES UN ASEDIO MEDIEVAL ACTUALIZADO

Ojos abiertos mis hermanos...son tiempos difíciles en todas las latitudes pues hay un resurgimiento fuerte y ponzoñoso del nazismo, ahora con sutiles pero letales acciones..




Raulito Torres Candil/Aquí en La Habana

Primero. En este planeta por lo menos, no sé de vida en otros...hemos retrocedido a los feudos, sí, pero con traje de algoritmos y tratados de libre comercio. El señor feudal de nuestro tiempo se llama fondo de inversión, corporación farmacéutica, plataforma digital o base militar. El siervo contemporáneo no lleva cadenas visibles: lleva un contrato precario, una deuda educativa, un pasaporte débil, un barrio sitiado. El gobierno de Estados Unidos administra ese orden señorial con una hipocresía atroz: proclama democracia mientras financia dictaduras; proclama derechos humanos mientras bloquea puertos y congela medicinas; proclama libertad mientras encarcela a niños migrantes y convierte su "justicia" en mercado.
Segundo. El bloqueo es la guerra de los cobardes. No nos disparan una bala, pero nos matan de hambre, de diálisis interrumpidas, de quimioterapia negada, de apagón. Cuando Estados Unidos sanciona a Cuba, Venezuela, Irán o Nicaragua, no castiga a gobiernos: castiga a abuelas, a enfermos, a campesinos, a poetas. Es un asedio medieval actualizado: la muralla no es de piedra, es de códigos bancarios, listas negras, presiones diplomáticas y miedo financiero. Es un crimen contra la humanidad con apariencia de legalidad.
Tercero. La esclavitud no fue abolida; fue subcontratada. Las cadenas de suministro del capitalismo imperial esconden talleres clandestinos, trabajo infantil, maquilas sin rostro, migrantes sin papeles a merced de patrones. En el propio Estados Unidos, el encarcelamiento masivo de afrodescendientes y latinos es una máquina de esclavitud legalizada: la Decimotercera Enmienda permite la servidumbre como castigo. El capitalismo racial se alimenta de cuerpos desechables. Y mientras tanto, la “normalización” nos pide que veamos todo eso como inevitable, como parte del paisaje.
Cuarto. Pero la historia no terminó. La normalización imperial quiere que olvidemos que otro mundo es posible: un mundo sin bloqueos, sin bases militares extranjeras, sin deudas usurarias, sin fronteras que criminalicen la vida. Frente al proyecto feudal de Washington, la izquierda debe nombrar la realidad con palabras exactas: esto es imperialismo, esto es neocolonialismo, esto es esclavitud moderna. La poesía, la filosofía y la política deben unirse para desnudar al emperador, para cantar la soberanía de los pueblos, para defender la dignidad humana contra el asedio. Porque donde el silencio es complicidad; la denuncia es un acto de amor.

DdA, XXII/6447

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