Cuatro congresistas estadounidenses del Partido Demócrata se reunieron recientemente con el presidente cubano Díaz-Canel y han criticado el embargo energético del presidente Trump contra la isla. Se llaman Mark Pocan, Teresa Leger Fernández, Maxime Dexter y Delia catalina y también han dicho que Cuba es una Gaza silenciosa. El cantautor cubano Raulito Torres pide en este Padre Nuestro desde la tierra que sea derrocado el viejo reino,/ el del águila rapaz y su moneda,/el del látigo envuelto en billetes,/ el que saquea el litio, el agua, el aire/ y llama “progreso” al desierto calcinado.
Raulito Torres/ Desde la Habana
Padre Nuestro que estás en la tierra,
Pero jamás en las nubes doradas del imperio,
Aquí en el barro compartido,
en el hambre que grita justicia,
en el surco abierto de la mano obrera.
Santificada sea tu lucha,
la que riega con lágrimas y sangre
las semillas de un mundo nuevo,
lejos del mármol frío de los bancos
y del acero hambriento de los misiles.
Venga a nosotros tu reino horizontal,
ese que no tiene tronos ni vasallos,
sino asambleas de niños bajo los árboles
y pan cocido en hornos comunales.
Que sea derrocado el viejo reino,
el del águila rapaz y su moneda,
el del látigo envuelto en billetes,
el que saquea el litio, el agua, el aire
y llama “progreso” al desierto calcinado.
Hágase tu voluntad en el Amazonas,
en el Mediterráneo convertido en fosa,
en las montañas del Cáucaso herido,
así como en los campos de refugiados y en las fábricas.
Sin la voluntad del déspota ilustrado,
ni la del tecnócrata que programa hambrunas,
Queremos la voluntad que nace del encuentro,
del círculo de iguales que decide su destino,
sin amos, sin gendarmes, sin oráculos del mercado.
Danos hoy nuestro pan descolonizado,
el que no viaja envuelto en tratados leoninos,
el que no engorda las arcas del especulador
mientras Palestina muere de sed frente al grifo blindado.
Arranca de nuestras manos la coca-cola del olvido,
y danos el agua clara de la memoria digna.
No nos dejes caer en la tentación
de la caridad que humilla y domestica,
ese cheque en blanco para la mala conciencia
del filántropo que construye muros con la otra mano.
Perdona nuestras deudas,
pero enséñanos a no perdonar la Deuda Eterna,
esa cadena infinita que estrangula pueblos,
esa trampa mortal del Fondo y de la Troika.
No nos dejes pactar con el verdugo
a cambio de migajas de su tal
“sentido común”.
Líbranos del mal de la resignación,
del “no hay alternativa” pronunciado en Bruselas y Washington,
del nihilismo cómodo del sofá y la pantalla.
Mas líbranos, sobre todo, del Maligno:
el imperialismo de rostro amable y algoritmos,
el que bombardea escuelas con drones y llama “daño colateral”,
el que saquea continentes y los llama “mercados emergentes”,
el que patrocina golpes en la sombra
y luego ofrece su “ayuda humanitaria” como un óbolo sangriento.
Destierra de nuestra casa al falso profeta
que predica el crecimiento infinito en un planeta finito,
al mercader de armas que bendice las matanzas,
al patriarca de las finanzas que empobrece a las mayorías
mientras reza en templos de cristal y acero.
Porque tuyo es el reino de este mundo,
que no el de los césares de Davos y el Pentágono,
es el de la flor que rompe el asfalto,
el de la ola feminista que derriba siglos,
el del migrante que cruza desiertos con un mapa de estrellas,
el del niño que dibuja un sol sin alambradas.
Tuyo es el poder de las que bailan en la plaza tomada,
el de las cooperativas que encienden la luz donde el mercado ya las apagó,
el de la ternura armada de razones contra la metralla.
Tuya es la gloria,
Esa, la de los himnos nacionales que bendicen sus patrias y legitimando la muerte si se cae defendiéndola,
Así como también la gloria humilde del abrazo en la trinchera,
la del libro compartido bajo la persiana echada,
la de la semilla criolla que burló a la patente corporativa.
Amén,
que significa: así sea,
y no hay fuerza en el cielo ni en la tierra
que detenga un “así sea” pronunciado
por todos los condenados de la tierra,
unidos, al fin, en un solo canto.
DdA, XXII/6408

No hay comentarios:
Publicar un comentario