lunes, 27 de julio de 2026

MÁS BUROCRACIA, MÁS SUBVENCIONES Y MÁS DISTANCIA RESPECTO A LA REALIDAD


Pedro Gómez

La receta es sencilla. Se aparta a ganaderos, agricultores y vecinos del monte. Se les rodea de permisos, prohibiciones y multas. Se abandona la gestión real del terreno. Se deja crecer el combustible durante años. Y cuando llega el incendio, se organiza una rueda de prensa.
Entonces aparecen los profetas de la catástrofe para explicar que el problema es planetario, complejo y misterioso. Todo menos admitir que un monte sin gestionar acaba convirtiéndose en una cerilla de miles de hectáreas.
La sabiduría acumulada por generaciones estorba. El vecino que limpia cortafuegos molesta. El pastor que reduce matorral incomoda. El agricultor que conoce el terreno sobra. En cambio, nunca faltan consultores, observatorios, mesas de trabajo y proyectos eco-sostenibles con nombres en inglés y presupuesto en español.
Lo extraordinario es que, después de cada desastre, los responsables concluyen que la solución pasa por exactamente lo mismo que ayudó a provocarlo: más burocracia, más subvenciones y más distancia respecto a la realidad.
El monte arde. Los informes prosperan. Las llamas se apagan. Los chiringuitos siguen intactos. Eficiencia administrativa en estado puro.

DdA, XXII/6419

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