La Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó al calor extremo como “el asesino silencioso”, por ocasionar daños muy graves, pues en muchas ocasiones no se atiende como una emergencia inmediata. El calor extremo puede provocar deshidratación, agotamiento, golpes de calor y complicaciones en personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias o renales.
Iván Restrepo
Todos los científicos y los centros de investigación que analizan los orígenes y alcances de las olas de calor que agobian a la mayor parte de Europa Occidental, las consideran las más severas y generalizadas de la historia. Y que su origen es muy claro: el calentamiento global, ocasionado por la quema creciente de hidrocarburos. Todos estos días, con pequeños altibajos, las 400 más pobladas ciudades de Europa sufren su peor ola de calor desde que se tienen registros.
Y uno de los efectos de este cambio tan radical y sorpresivo se registra en la salud de la población, con un claro aumento en la atención hospitalaria y algunas muertes. Todavía no hay datos completos sobre el número de víctimas porque la ola de calor continúa.
Pero bien vale recordar cómo por una menos intensa que la de ahora, en Europa murieron hace cuatro años más de 60 mil personas. Lo que sí es muy evidente es que el intenso calor ha afectado a todas las actividades humanas: desde el trabajo, el descanso nocturno, el turismo, la rutina diaria de las personas, el sistema educativo, el transporte. En fin, nada ha escapado a estas olas.
Mientras el presidente Trump y sus fieles aliados niegan el cambio climático, los científicos demuestran con datos irrebatibles que a medida que se utilizan más los combustibles fósiles aumenta la contaminación atmosférica y como corolario el calentamiento global. También lo que sucede ha puesto en discusión el modelo de ciudad que ahora se tiene, en especial en las áreas marginales de las grandes urbes, como París, Londres, Berlín, Roma, Madrid. Enormes torres habitacionales construidas con los materiales menos adecuados para enfrentar el calor, se han convertido en auténticos hornos. Igualmente sucede en los centros de trabajo del más diverso tamaño y en los centros de enseñanza y hospitales.
Aunque todos los gobiernos europeos reconocen la gravedad de la situación, con temperaturas que llegan a 43 grados en algunas regiones, no se vislumbran medidas urgentes para que en los próximos años las olas de calor no sean más intensas. No ha habido, por ejemplo, ningún posicionamiento oficial que prometa la reducción urgente del uso de los combustibles fósiles, una manera efectiva de combatir el calentamiento global.
No debe sorprender esta ola de calor tan severa y generalizada en Europa. Oportunamente los científicos más destacados del mundo advirtieron cómo el planeta se ha calentado mucho más que siempre en lo que va de este siglo. Y también cómo lo hizo en el anterior con los resultados que ahora se tienen. Además, llamaron la atención sobre el efecto que tendrían en la salud de millones de personas, muy especialmente entre las de más edad, cuando el continente europeo envejece demográficamente.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó al calor extremo como “el asesino silencioso”, por ocasionar daños muy graves, pues en muchas ocasiones no se atiende como una emergencia inmediata. El calor extremo puede provocar deshidratación, agotamiento, golpes de calor y complicaciones en personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias o renales.
En Francia el sistema de salud advirtió que el riesgo de afectaciones a la salud aumenta cuando las personas se encuentran en viviendas sin ventilación suficiente, trabajan al aire libre, tienen enfermedades previas o viven solas. Y son millones los que están en esta situación. La agencia nacional de salud pública informó que el impacto ha sido mucho más grave entre personas mayores de 65 años.
También dicho sistema destacó un aumento de 40 por ciento en las muertes ocurridas en el domicilio, algo que refuerza la preocupación por las personas que enfrentan el calor sin apoyo, ventilación o atención oportuna. Las autoridades reportaron que en junio pasado se registraron más de 2 mil 200 muertes de las que ocurren durante dicho mes, el balance final probablemente será mucho más grave.
Luego de una semana con temperaturas menos intensas, ayer nuevamente llegó el calor. No sólo en Francia, también, y con mayor intensidad, en España. Ninguna duda de su origen: el calentamiento global, que aumenta en todo el planeta. Ahora en Europa es tema político cómo establecer sistemas tecnológicos menos dañinos para el medio ambiente y que ayuden a reducir al máximo el calor, especialmente en los hogares, las escuelas, el transporte y los centros de trabajo. Un tema que bien vale analizar próximamente.
LA JORNADA MX DdA, XXII/6399

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