En este fragmento demoledor, Assange desnuda la fragilidad de nuestra historia bajo el control de unos pocos servidores:
“Los archivos digitales les permiten borrar la historia con un solo clic. Un día: “Página no encontrada.” Al día siguiente: “Eso nunca existió.” Ellos controlan tus recuerdos.”
Cuando la información se centraliza en manos privadas y bajo legislación de copyright que impide su réplica, desaparece para siempre. No hay rastros, no hay “tijeras” visibles. Solo el vacío. Orwell no era un profeta de ficción: quien controla el presente controla el pasado, y quien controla los servidores controla nuestra percepción de quiénes somos… y las leyes que aceptamos.
Esto no es paranoia. Es la mecánica del poder en la era imperial digital. Lo digo con claridad: la memoria encarnada, la que se transmite de cuerpo a cuerpo, de libro a mano, de voz a oído, resiste mejor. Los libros de papel, las bibliotecas populares, los archivos físicos y la tradición oral son actos de soberanía contra el olvido impuesto.

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