Buen momento el de un poemario para entrevistar al escritor y poeta Felipe Alcaraz, que acaba de publicar el titulado Barrio Alto (Final de viaje) y que se declara perplejo en los tiempos que corren, si bien no inmóvil, como le cuenta a Raúl Bocanegra en el diario Público, abriendo la charla con una frase del pueblo que oyó a una mujer de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), justamente en el Barrio Alto. Le preguntaron: ¿Qué? ¿Cómo te va la vida? Y ella respondió: Aquí en la putada de seguir viva. Tenemos que seguir luchando, si no, habrán ganado los que quieren que nos muramos cuanto antes". Frente a a quienes dicen que seamos rigurosos, que esto no es exactamente fascismo, entiende Alcaraz que si el fascismo es un capitalismo de excepción, un capitalismo cabreado en esta etapa, pues sí es fascismo, neofascismo, y vendrá, como decía Saramago, con traje de Armani y con corbata y hablando de libertad.
El histórico dirigente comunista (1943), exsecretario general del Partido Comunista de Andalucía (PCA), exdiputado en el Congreso de los Diputados, expresidente ejecutivo del Partido Comunista de España (PCE) y exportavoz federal de Izquierda Unida, dice que "Sanlúcar de Barrameda, junto a Linares, son de los pueblos de mediana población con más pobreza y paro de Europa. Pero allí es distinto [se vive] de una forma especial, hay un terremoto lento, un thriller inminente de la gente, una lucha, una resistencia frente al Estado, que lo que quiere es que la gente se muera cuanto antes para evitar gastos. Y la gente se defiende", reflexiona.
Para Alcaraz, la poesía también es una herramienta de lucha política.
"Las banderas de los pobres —afirma— son la ropa tendida en la azotea
tremolando al viento. Es la indicación de aquí están los pobres, que tienen en
el atardecer de Sanlúcar su ópera. El atardecer es la ópera de los pobres.
Y lo hago desde ese punto de vista de, como diría Machado, la demofilia,
del amor por la gente. El padre de Machado firmaba como Demófilo,
el que ama a la gente, los artículos". "Todo acto
revolucionario, decía el Che, comporta de principio un acto de amor. Esa
relación con la gente y cómo resiste, se olvida. Como hay en este país, unos
millones de pobres que no se ven", añade Alcaraz.
"Ahí estoy —abunda en este asunto— haciendo poesía como una lucha
ideológica más. ¿Por qué? La base de la poesía que hacemos los que no
queremos estar en la norma [está en] Bertold Brecht, en Pier Paolo
Pasolini, en Blas de Otero, toda esta gente. Aparece entonces una poesía
absolutamente distinta, jamás panfletaria, pero de estructura diferente, la que
hizo Javier Egea, el poeta de Granada. Es una poesía distinta a la
lírica, el alarido del yo profundo. Esta vez el alarido viene de fuera, de
los conflictos sociales y también de los internos, pero visto de otra
manera. Por ejemplo, lo del amor no es el amor que termina en una joyería, en
una tienda o en el Corte Inglés. Es el amor como dijo Alan Badiou: la
relación entre dos personas, con independencia del sexo, en una relación
especial. Es la unidad mínima de comunismo".
Además de la letra P que inauguran las palabras perplejo y poesía,
hay otras dos pes que dan comienzo a los vocablos pintura y, claro
está, política, que son otras de las dos cuestiones que ocupan, desde
siempre y aún hoy, el tiempo de Alcaraz. La última instantánea de Antonio
Machado es el título de la exposición de pinturas que ha inaugurado en
Sevilla esta semana, en paralelo a la presentación de su poemario, en la sala
El Cachorro, y que estará abierta hasta el próximo 27 de junio.
"He hecho una serie de pinturas a partir de
una fotografía que hizo Corpus Barga a Machado en la estación de
Portbou, cuando iba de camino a Colliure. Antonio Machado tenía una
expresión entre esperanza y desesperación. Con 63 años aparentaba 93. Esa es la
última instantánea de Antonio Machado y sobre esa foto he hecho una serie de
retratos. Esta última fotografía se oculta a veces porque demuestra lo que es
la terrible historia de España, este país de centenares de golpes, asonadas y
pronunciamientos. Y esa cara demacrada de Machado, absolutamente rota que
intenta al final expresar también algo de esperanza es algo que se está
ocultando mucho".
La situación política actual es lo que tiene fundamentalmente
"perplejo" a Alcaraz. Así describe el mundo de hoy: "Dicen
que seamos rigurosos, que esto no es exactamente fascismo, pero si el fascismo
es un capitalismo de excepción, un capitalismo cabreado en esta etapa, pues sí
es fascismo, neofascismo y vendrá, como decía Saramago, con traje de
Armani y con corbata y hablando de libertad. Entonces, en España esto se
traduce en recomponer el inconsciente franquista. Con eso de 'se vivía mejor
entonces', están relanzando el inconsciente franquista que se junta con esta
gran internacional de Donald Trump, una especie de extraliberalismo, que están
creando un nuevo orden mundial".
"Yannis Varoufakis —prosigue— ha hablado de tecnofeudalismo. Creo
que no, que es simplemente el capital postmoderno que ha convertido todo en
mercado, todo: espacio, obra, materia y carne. El mundo es mercado, todo
es mercado. Estamos en un presente rabioso, radical, donde la mentira bien
dicha equivale a la verdad y aquí hay que meter la crisis del periodismo y de
la política, de la política representativa y la organizada. Hay que salir de
esa situación que se va agrandando y que parece que en las próximas generales
se puede concretar".
PÚBLICO DdA, XXII/6369

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