viernes, 26 de junio de 2026

NUESTRA CUBA DEBE SER LA ESCUELA MÁS HERMOSA

El canciller cubano Bruno Rodríguez expresó sus condolencias al gobierno y al pueblo venezolano tras los devastadores terremotos del pasado miércoles. Rodríguez confirmó que los colaboradores de salud cubanos presentes en el país ya atienden a la población afectada. Cuba, incluso sufriendo la más dura etapa de bloqueo por parte del régimen de la Casa Blanca que secuestró al presidente de Venezuela Nicolás Maduro matando a 32 militares cubanos, reafirma así una tradición de décadas: enviar médicos a países en crisis, desde la pandemia de covid-19 hasta el terremoto de Turquía en 2023.


Raulito Torres/Aquí en La Habana

Hermanito y hermanita de esta isla que late con un ritmo de son y ahora de reparto y que a veces parece querer detenerse en el lodo de la discordia: escúchame.
Los dueños y magnates de los medios y las redes, con sus ecos de división, quieren que nos miremos con recelo, que olvidemos que somos hijos del mismo sol y de la misma sal. Pero yo te miro a los ojos, aunque sea a través de una pantalla, y te digo sin miedo que te amo. Te amo en tu valentía de seguir en pie cuando el suelo tiembla, en tu risa que se cuela entre las grietas del derrumbe, en tu ingenio que convierte la nada en todo. Y te amo, sobre todo, en esa solidaridad que te corre por las venas, esa que no espera recompensa ni reconocimiento.
Luego hoy quiero decirte algo más: el mundo entero, el de verdad, no el mundo de las pantallas..., con sus guerras y sus ecos de odio, busca desesperadamente un camino hacia la paz. Y nosotros, los cubanos, que no tenemos ni una deuda con esa búsqueda, no podemos quedarnos anclados ahora en el rencor doméstico mientras los pueblos que tienen esperanza en nosotros, claman por ejemplos vivos de fraternidad. Si nosotros, que hemos sufrido el bloqueo, la escasez y la distancia, no somos capaces de tendernos la mano al que piensa diferente, ¿quien lo hará?
Porque somos nosotros, precisamente nosotros, los maestros de la solidaridad.
La hemos practicado cuando no teníamos nada que ofrecer y, aun así, enviamos médicos a la selva, maestros al desierto y abrazos al terremoto. Hemos compartido el último pedazo de pan en la mesa familiar, el último litro de agua en el barrio, la última esperanza en el hospital. Si hay una escuela viva de lo que significa ser humano en las peores condiciones, esa escuela se llama Cuba. Ese es nuestro legado, nuestra carta de presentación ante el mundo. Y ese legado nos exige que estemos a la altura de su grandeza.
Es hora de cerrar el capítulo amargo de la desconfianza distante para avanzar a la par del mundo hacia ese horizonte de paz que la gran masa anhela. Demostremos que la solidaridad es la única arquitectura posible del futuro. Que el planeta vea que, incluso en la oscuridad de nuestras ciudades, hay dos manos que se buscan por encima de las fronteras.
Te amo, cubana y cubano, no porque seas un ideal, sino porque me eres y te soy espejo, escudo, barro y luz. Y te pido, con el pecho abierto en canal, que mires hacia afuera y hacia adentro. El mundo nos observa. Seamos una vez más, la lección que siempre hemos sabido dar: la de un pueblo que se abraza y se afinca en el hombro del otro para levantarse y que, desde la ruina, le enseña al planeta que la única patria posible es la del amor que se comparte.
Avancemos sin trinchera, más bien así como un faro. Porque el futuro que ilumina es solidario, y Cuba, nuestra Cuba, debe ser su escuela más hermosa...

DdA, XXII/6390

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