viernes, 12 de junio de 2026

LA INTELIGENCIA ESTRATÉGICA DEL PAPA


Lucio Martínez Pereda

Alguien tendrá que decirlo, aunque incomode en medio de este entusiasmo acrítico. Los mensajes del Papa no son inocentes ni universales: son cuidadosamente neutros. Y esa neutralidad es estrategia. Bajo la apariencia de conciliación, lo que se despliega es un intento de desactivar la política, de diluir el conflicto, de convertir las tensiones reales en una apelación moral que no compromete a nadie. Porque donde no hay conflicto, tampoco hay transformación. Y en ese terreno esterilizado, la Iglesia encuentra un espacio cómodo para reconstruir su autoridad perdida.
No es un discurso nuevo. Se parece demasiado a ese otro ritual institucional que cada diciembre emite la Corona: palabras que parecen dirigirse a todos, pero que en realidad no interpelan a nadie. Mensajes que no buscan cambiar nada, sino justificar que quien habla siga ahí.
Colocarse en el centro de una polarización intensa no es un acto de valentía, sino de cálculo. El que se erige en árbitro lanza un mensaje implícito a los jugadores: sin él, el partido no tendría sentido. Pero conviene recordar que el fútbol existía mucho antes del árbitro, y seguirá existiendo después.
La verdadera intención del Papa no está en reconciliar, sino en lograr que esa reconciliación refuerce el propio poder.

DdA, XXII/6376

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