miércoles, 17 de junio de 2026

"EL PAÍS" VUELVE A LA GRAN COALICIÓN: ES EL MERCADO, AMIGO

El articulista se centra en un reciente editorial del diario El País bajo la etapa  Oughourlian , en el que abogaba,  frente a una España y Europa cambiantes, por partidos fuertes. Partidos como los de antes. Un PSOE de verdad. Vota Felipe, vamos. Y cuando el felipismo mande, pues vota PP, que decían aquellos editoriales de hace diez años. En España, los ciclos políticos no los marcan los escaños del Congreso, sino los sillones de Gran Vía 32, y el Grupo PRISA ya trabaja en un ciclo político llamado Alberto Núñez Feijóo. Antonio Caño, hoy flamante columnista en The Objective, aplaude la nueva línea derechista del diario del votante de izquierdas. Periódico dispuesto a recuperar el trabajo que quedó a medias en 2017 cuando el apuñalado Sánchez abrió los ojos. Toca volver a la idea de la gran coalición.

 

Gerardo Tecé

La semana pasada cancelé mi suscripción a El País. Otra vez. La anterior, con Antonio Caño como director, me atendió por teléfono una señora que me preguntó cabreada por los motivos de mi marcha. Como intento evitar conflictos innecesarios, respondí que el giro a la derecha del periódico me había abierto los ojos y ahora me gustaba más el ABC o La Razón. No sois vosotros, es Marhuenda que me cae simpatiquísimo el tío, dije. Ella me deseó suerte y colgamos sin gritarnos. Diez años después, al otro lado del teléfono la estrategia parece haber cambiado. En lugar de centrarse en las razones del adiós –para mí que las intuyen– o ser inquisitoriales, esta vez la nueva señora –espero que no fuera la misma o empezaremos a coger confianza– puso todo su empeño en hablarme en plan colega de la cantidad de suplementos asociados a la suscripción a El País que me perdería si me iba. En plan, qué pesada está la gente últimamente con la política, ¿no? La experiencia girando a la derecha es un grado.

Entre que me caduca y no la suscripción –era anual– sigo leyendo El País. Especialmente opinión. Algunos autores porque me gustan, otros para ser testigo de la deriva ideológica del periódico del que siempre he sido lector, y los editoriales porque me divierte el travestismo. Disfruto como un niño al ver a Sergio Ramos disfrazado de líder de los Latin Kings cuando va a un combate de su amigo Topuria y de conservador del Louvre con jersey de cuello alto y gafas de pasta cuando tiene que leer un PowerPoint. Mis respetos. También a El País y a sus editoriales, capaces de adoptar, a lo Mortadelo, forma de rosa o cactus según les pille el ciclo político y económico, valga la redundancia. Tras intuir con los enfoques informativos de estas últimas semanas que El País estrenaba nueva era, esta semana lo confirmábamos con “Imprescindible socialdemocracia”, un edito en el que el Grupo PRISA redefinía el concepto de socialdemocracia. No es que ahora seamos de derechas, señores suscriptores, es que somos de izquierdas, pero de izquierdas de verdad. Como Felipe González, Juan del Val o el cantante de Mocedades. No es mala estrategia para evitar que cínicos como yo les cuenten por teléfono que se llevan su suscripción a La Razón.

El mundo es hoy un lugar peligroso por culpa de los extremismos, decía el editorial sin especificar demasiado, pero dejando entrever que extremismo es tanto Pedro Sánchez al frente del PSOE como un neonazi al frente de la quema de un centro de acogida de niños migrantes. Los extremos, ya saben, se tocan. Nos hemos desviado mucho de los años ochenta y nunca debimos hacerlo, necesitamos recuperar la democracia, restaurar la separación de poderes, insistía el periódico progresista en abstracto, sin nombrar la Justicia en manos de la derecha, ni el control del Supremo por detrás, ni a Begoña Gómez teniendo que entregar el pasaporte porque su secretaria envió unos mails para una cosa de la universidad. El editorial, predecible como los movimientos en los despachos madrileños, concluía que frente a una España y Europa cambiantes se necesitan partidos fuertes. Partidos como los de antes. Un PSOE de verdad. Vota Felipe, vamos. Y cuando el felipismo mande, pues vota PP, que decían aquellos editoriales de hace diez años.

En España, los ciclos políticos no los marcan los escaños del Congreso, sino los sillones de Gran Vía 32, y el Grupo PRISA ya trabaja en un ciclo político llamado Alberto Núñez Feijóo. Antonio Caño, hoy flamante columnista en The Objective, aplaude la nueva línea derechista del diario del votante de izquierdas. Periódico dispuesto a recuperar el trabajo que quedó a medias en 2017 cuando el apuñalado Sánchez abrió los ojos. Toca volver a la idea de la gran coalición. En Ferraz, García Page; en Moncloa, Feijóo. Por la mañana café, por la tarde ron y para el lector un follón, baila Jan Martínez Ahrens, actual director del periódico, en la casita de Oughourlian. Como cualquier espectador de Succession sabe, no suele haber un solo motivo. Es la adjudicación de una licencia de televisión en abierto, son las cuentas pendientes con Sánchez, es una lucha de poder dentro del Consejo de PRISA, es una nueva estrategia en previsión de que la publicidad institucional cambie de bando. Es el mercado, amigo.

Hablaba hace poco con un amigo sobre la situación del Sevilla, nuestro equipo de fútbol. Siendo dramática en lo deportivo, lo que más jode es no poder hacer nada en lo institucional. Un club de fútbol es una empresa privada ante la que solo cabe mirar y callar, pero resulta que no es lo mismo una empresa que fabrica fútbol a una que fabrica zapatos. En el fútbol, y ya imaginarán que también hablo de fabricar periódicos, hay mucho más que un cliente al otro lado. Hay identidad, hay ideología, hay sentimiento de pertenencia que casa bastante mal con las normas del mercado, amigo. Desde esas normas es absolutamente respetable que una empresa privada como PRISA un día sea de izquierdas y al siguiente de derechas, en función de lo más rentable para sus cuentas anuales. Desde las normas del periodismo y la pluralidad, no tanto. Decía el editorial que vivimos tiempos de tormenta política. Se ve que no le echaron un ojo a la AEMET en lo mediático.

CTX  DdA, XXII/6381

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