NO ESTÁS SOLA
México le sirve a Estados Unidos de mercado, como fuerza de trabajo con bajos salarios comparados con los de Estados Unidos, somos su primer socio comercial, estamos en su máximo interés, pero nos acosan: realidades que hablan de su baja estofa, no del valor de México. Claudia ha dado máxima importancia a la injerencia gringa: ha estado a la altura que era necesaria frente al actual momento mexicano. El domingo su gobierno organizó una suerte de asamblea nacional, con las plazas llenas. Fue una muestra política de que no está sola.
José Blanco
Esta entrega también pudo titularse “La injerencia”; porque de eso va el momento mexicano. La Presidenta ha debido emplearse a fondo, frente a la procaz intrusión en nuestro país de la derecha que gobierna Estados Unidos (EU), apoyada por la derecha mexicana, por el PAN y el PRI, por los inefables expresidentes Calderón y Fox, y medios privados como los del evasor fiscal Ricardo Salinas Pliego. Las injerencias del gobierno de Estados Unidos en México han sido permanentes a lo largo de la historia, como en tantos otros países, en la convicción gringa de que su poder militar equivale a una especie de derecho divino a entrometerse en lo que decidan. Las injerencias de hoy son de otro nivel, con agentes de la CIA traídos por la desgobernadora panista María Eugenia Campos y, también, con la pretensión desaforada y despótica de “detén con urgencia al gobernador de Sinaloa y mándamelo”, violando las leyes mexicanas.
Frente a esas injerencias, por lo pronto en grado de descarada tentativa, es indispensable la movilización del pueblo mexicano y su legítimo gobierno. “No estás sola”, gritó a voz en cuello en el Monumento a la Revolución ayer domingo, lo que expresa el acuerdo del pueblo con las decisiones valientes de Claudia Sheinbaum, frente a tales injerencias; expresa también que los mexicanos tienen los ojos abiertos y que atenderán el llamado a defender la integridad soberana de México. Sabemos la respuesta de Trump: “los narcoterroristas gobiernan México”, pero debe importarnos menos que un comino. Nuestro asunto es la articulación de las mayorías con las ideas que definen y defienden nuestra soberanía.
La amenaza seguirá pendiendo sobre nosotros, pero tiene la enorme virtud de hacernos comunidad de millones en torno a la patria amenazada. Otra enorme virtud es que muestra a todos los mexicanos la calaña de las oposiciones políticas y mediáticas. Una calaña que se define, en primer lugar, por su entreguismo a Estados Unidos y su colosal lejanía de los derechos e intereses del pueblo mexicano. El PAN y el PRI militan, como siempre, con su fe: no necesitar al pueblo de México, les basta el soporte que les da su gobierno gringo. Qué bueno que las cosas sean tan cristalinas.
Donald Trump es quizá el gobernante más perverso que haya existido en Estados Unidos, tierra de políticos perversos. La derecha gringa, en su mayor parte, cree que su existencia depende de aplastar a los demás, sin escrúpulo alguno. Su vocación asesina no tiene parangón. Los gringos hacen de sus matanzas y de su asfixia a sociedades de todas partes su gloria. Hay ahora 21.4 millones de niños muriendo de hambre en el mundo, resultado del sistema global colonialista que Estados Unidos encabeza, y Trump agrega a los que mata con sus bombas. El daño que inflige a nuestros connacionales inmigrantes lo hace en la convicción monstruosa supremacista de que no son seres humanos.
Con ese engendro tenemos que lidiar. Haríamos bien si también pensamos que las injerencias de hoy son provocaciones viles para obtener las respuestas que Trump sabía que necesariamente le daría el gobierno de Claudia Sheinbaum. Este paso habría sido innecesario con el Prian, siempre dispuesto a actuar servilmente con lo que ordene su gobierno gringo. Ya vimos la injerencia territorial gringa especialmente con Calderón. Así que, si Trump hubiera ordenado, en su tiempo, a Peña, o a Calderón, a Fox, o a Zedillo, “atrápame a tu gobernador tal y me lo mandas”, habría sido cabalmente satisfecho al instante.
A Trump nada lo detiene y deberíamos esperar lo peor, aunque nos apresuremos a tocar madera. Pero ello nos sirve para estar más al alba, más decididos a estar unidos frente a las canalladas injerencistas de Trump. No descartemos que, como tantas veces en el pasado, la tirada gringa consista en expresar repudio a México para ganar votos en su elección de noviembre próximo. “No somos piñata de nadie”, han dicho Andrés Manuel y Claudia, mientras a Trump se le resbala.
México le sirve a Estados Unidos de mercado, como fuerza de trabajo con bajos salarios comparados con los de Estados Unidos, somos su primer socio comercial, estamos en su máximo interés, pero nos acosan: realidades que hablan de su baja estofa, no del valor de México. Claudia ha dado máxima importancia a la injerencia gringa: ha estado a la altura que era necesaria frente al actual momento mexicano. El domingo su gobierno organizó una suerte de asamblea nacional, con las plazas llenas. Fue una muestra política de que no está sola. Ha informado de buenos números en múltiples realizaciones con beneficios para el pueblo de México. Pero el momento de riesgo para el país fue puesto sobre la mesa con total realismo.
La gran movilización continuará durante la presente semana. Es menester estar sensiblemente despiertos. La provocación ha sido mayúscula, pero la intimidación no nos acongoja. Nos pone en guardia. Los delincuentes que dirigen el PRI y el PAN son insignificantes. No hallan otro modo de buscar relevancia que ponerse del lado del injerencista del norte. Es su único camino para buscar el retorno de sus fueros y privilegios. Morirán en el intento.
LA JORNADA MX. DdA, XXII/6365
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