jueves, 7 de mayo de 2026

"TOMAR CUBA" SERÍA UN TIRO DE GRACIA AL MORIBUNDO ORDEN MUNDIAL

Trump ha rei­te­rado que, una vez con­cre­tada la vic­to­ria esta­dou­ni­dense en Irán, “tomará con­trol de Cuba casi de inme­diato”. Se encaminaría a otro desastre, escribe Boron.  Los cobar­des ala­dos podrán bom­bar­dear la isla y oca­sio­nar gran­des daños mate­ria­les en edi­fi­cios e infraes­truc­tura, pero para “tomar con­trol” de ese país los exper­tos mili­ta­res esti­man que se nece­si­ta­ría colo­car en el terreno a una fuerza de unos 220.000 efec­ti­vos para man­te­ner el con­trol y el orden tras la inva­sión, la misma que desen­ca­de­nará una lucha a brazo par­tido con las FAR de Cuba y las mili­cias popu­la­res acti­vas aún en las ciu­da­des más peque­ñas de la isla. Esta ini­cia­tiva de Trump, ade­más, dis­pa­ra­ría el tiro de gra­cia a los tam­ba­lean­tes cimien­tos del mori­bundo orden mun­dial e ins­tau­ra­ría una espe­cie de ley de la selva en donde, siguiendo la doc­trina Trump, cual­quier país podrá inva­dir y apo­de­rarse del terri­to­rio ajeno. Bei­jing y Moscú ya advir­tie­ron a Washington sobre este peli­gro.


Atilio Boron

Trump y su medio­cre equipo de cola­bo­ra­do­res no apren­den. Esta­dos Uni­dos se empan­tanó en la gue­rra de Viet­nam y sufrió una humi­llante derrota. Des­pués hizo lo mismo en Irak y Afga­nis­tán, con idén­ti­cos resul­ta­dos. La caó­tica huida de las fuer­zas nor­tea­me­ri­ca­nas esta­cio­na­das en Kabul es una de las pági­nas más bochor­no­sas de la his­to­ria mili­tar de los Esta­dos Uni­dos. Ahora agrede a Irán, bom­bar­dea indis­cri­mi­na­da­mente obje­ti­vos mili­ta­res y civi­les, ame­naza con enviar a ese país a la “edad de pie­dra”. Pero la réplica de Tehe­rán fue devas­ta­dora: des­truyó casi todas las ins­ta­la­cio­nes mili­ta­res esta­ble­ci­das en las petro­mo­nar­quías del Golfo y cerró el estre­cho de Ormuz, oca­sio­nando un gran aumento en los pre­cios del petró­leo y poniendo en jaque la eco­no­mía mun­dial.

Según infor­ma­cio­nes fil­tra­das del Cent­com de Esta­dos Uni­dos, había en esas bases entre 40 y 50.000 efec­ti­vos. Pero Asia Occi­den­tal, que como lo refleja la Biblia es una tie­rra pró­diga en mila­gros, hizo que la Casa Blanca reco­no­ciera ape­nas catorce víc­ti­mas fata­les –¡mila­gro bíblico si los hay!– y unos cua­tro­cien­tos sol­da­dos heri­dos, cifras abso­lu­ta­mente men­ti­ro­sas que más pronto que tarde ten­drán que ser rec­ti­fi­ca­das. Salvo que ante los pri­me­ros dis­pa­ros ese nutrido con­tin­gente mili­tar hubiera huido pre­ci­pi­ta­da­mente bus­cando refu­gio en algún país amigo de la zona o regre­sado cubierto de des­honra a Esta­dos Uni­dos. Recor­de­mos que la pri­mera víc­tima de una gue­rra es la ver­dad, y al impe­rio no se le puede creer “ni un tan­tito así”, como adver­tía con razón el Che.

La des­truc­ción del sis­tema de rada­res ins­ta­lado por suce­si­vos gobier­nos de Esta­dos Uni­dos en esas bases coin­ci­dió con un súbito y radi­cal cam­bio cli­má­tico expe­ri­men­tado desde fines de abril, cuando la inter­mi­na­ble y extrema sequía de varios años que había ago­biado a Irán dio paso a llu­vias torren­cia­les en buena parte de su terri­to­rio. Esta rápida muta­ción pare­ce­ría con­fir­mar las sos­pe­chas de las auto­ri­da­des ira­níes de que los rada­res esta­dou­ni­den­ses e israe­líes orien­ta­ban la cir­cu­la­ción de avio­nes que des­car­ga­ban sus­tan­cias que podían afec­tar la for­ma­ción de nubes y dis­mi­nuir el régi­men de llu­vias. Es bien cono­cida la téc­nica de la “siem­bra de nubes”, rea­li­zada con el pro­pó­sito de pro­vo­car llu­vias. Pero poco o nada se sabía de la efi­ca­cia que podrían tener cier­tas sus­tan­cias para impe­dir la llu­via. Ahora se sabe algo más: se puede pro­vo­car y man­te­ner una sequía. La gue­rra cli­má­tica ha entrado en escena.

Reto­mando el hilo de nues­tra argu­men­ta­ción, Viet­nam, Irak, Afga­nis­tán y ahora Irán son otros tan­tos hitos de pre­vi­si­bles derro­tas, ante lo cual cabe pre­gun­tarse por las razo­nes que expli­can la per­sis­ten­cia de ese “error”. Res­puesta: Por­que no es un “error”, sino el impla­ca­ble des­plie­gue del plan de nego­cios del gigan­tesco com­plejo “indus­trial-infor­má­tico-mili­tar”, cuya ren­ta­bi­li­dad se nutre de las infi­ni­tas gue­rras que pro­voca y libra el impe­rio.

Ganan­cias que, no olvi­de­mos, en parte se deri­van del finan­cia­miento de las carre­ras polí­ti­cas de legis­la­do­res nacio­na­les o esta­dua­les, gober­na­do­res y, por supuesto, de quie­nes deseen con­ver­tirse en inqui­li­nos de la Casa Blanca. Va de suyo que estos polí­ti­cos, con esca­sí­si­mas excep­cio­nes, una vez que acce­den a sus car­gos, saben muy bien qué es lo que tie­nen que hacer: fomen­tar las gue­rras, en cual­quier rin­cón del pla­neta, y man­te­ner esta espe­cie de key­ne­sia­nismo per­verso basado en un exor­bi­tante gasto mili­tar. Sin las super­ga­nan­cias del fatí­dico com­plejo, se acaba el finan­cia­miento pri­vado de la acti­vi­dad polí­tica, y nadie en la clase polí­tica quiere que eso suceda.

Trump ha rei­te­rado que, una vez con­cre­tada la vic­to­ria esta­dou­ni­dense en Irán, “tomará con­trol de Cuba casi de inme­diato”. Si lo hace, se enca­mina hacia otro desas­tre, como el que Was­hing­ton sufriera en Playa Girón en abril de 1961. Los cobar­des ala­dos podrán bom­bar­dear la isla y oca­sio­nar gran­des daños mate­ria­les en edi­fi­cios e infraes­truc­tura, pero para “tomar con­trol” de ese país los exper­tos mili­ta­res esti­man que se nece­si­ta­ría colo­car en el terreno a una fuerza de unos 220.000 efec­ti­vos para man­te­ner el con­trol y el orden tras la inva­sión, la misma que desen­ca­de­nará una lucha a brazo par­tido con las FAR de Cuba y las mili­cias popu­la­res acti­vas aún en las ciu­da­des más peque­ñas de la isla. Esta ini­cia­tiva de Trump, ade­más, dis­pa­ra­ría el tiro de gra­cia a los tam­ba­lean­tes cimien­tos del mori­bundo orden mun­dial e ins­tau­ra­ría una espe­cie de ley de la selva en donde, siguiendo la doc­trina Trump, cual­quier país podrá inva­dir y apo­de­rarse del terri­to­rio ajeno.

Ya Bei­jing y Moscú advir­tie­ron sobre este peli­gro e hicie­ron lle­gar sus crí­ti­cas a las pre­ten­sio­nes de Trump. Pero alguien debe­ría ade­más decirle al bocón neo­yor­quino que, si avanza mili­tar­mente sobre Cuba, esta­ría ofre­ciendo en ban­deja de plata la legi­ti­ma­ción de una simi­lar ope­ra­ción que pudiera hacer la Repú­blica Popu­lar China para rein­te­grar manu mili­tari a la estra­té­gica pro­vin­cia rebelde de Tai­wán.

Si tal cosa suce­diera, ¿con qué cara podría Was­hing­ton con­de­nar a Bei­jing por recu­pe­rar por la fuerza una pro­vin­cia pro­pia cuando intentó hacer lo mismo, pero con un país inde­pen­diente como Cuba?

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