Lo de Andalucía fue un desastre, pero dejó materiales de trabajo. Lo de Zapatero es, como mínimo, parcialidad ideológica de los jueces y, como máximo, lawfare que debe ser enfrentado a campo abierto. Y, por el lado de Zapatero, es como mínimo, una decepción y, como máximo, una mierda. Una mierda con la que afirmar la diferencia moral de la izquierda y la derecha. Tienen piezas para la estrategia. Sobran orfandades y melancolías. Que la izquierda se ponga a trabajar.
Enrique del Teso
Zapatero fue el presidente más desprestigiado en el ejercicio del cargo. Fue popular, pero al final su descrédito fue tal, que, sin terminar la legislatura, Rubalcaba tomó el mando y pasó a ser un valido, tipo Godoy o Conde–Duque de Olivares, mientras Zapatero languidecía como un zombi. En los años siguientes fue olvidado y nadie del PSOE quería que se le asociara con él. Se dejó ver para apoyar a Susana Díaz contra Sánchez, en aquellas famosas primarias del PSOE. Pero se le veía poco, de tan arropada que estaba Díaz por el mausoleo del PSOE. Hasta el ABC, que la había llamado «carne del aparato y catedrática en maquinaria interna del partido», puso su foto en portada con el titular: «Por el PSOE y por España». Todos a una con Susana, y entre todos provocaron lo que menos le convenía: que se la oyera con claridad y se viera su nivel. Lo bueno fue en las elecciones de 2016, cuando parecía que Unidas Podemos iba a adelantar al PSOE. Cuando Pablo Iglesias se ponía ácido con el PSOE, ofendía también a sus votantes (compárese con Vox y los votantes del PP). Y cuando quería ponerse cariñoso, su condescendencia irritaba. Entonces dijo que Zapatero había sido el mejor presidente de España. Y todo el PSOE recordó de golpe que Zapatero era del PSOE. Y ahí llegó la resurección de Zapatero.
Su caso no tiene desenlace bueno posible para la justicia ni para él. Defender la separación de poderes obliga a exigirla, pero no a sostener que la hay. No la hay. Tenemos los escándalos de Peinado y Hurtado, recordamos la condena del Fiscal General del Estado por ese raterillo novio de Ayuso, las no sé cuántas causas contra Podemos archivadas, la desvergüenza de no saber quién es M. Rajoy, ese Fiscal General del Estado condenado por filtraciones mientras MAR anda chulesco por los pasillos rugiendo las llaves en el bolsillo y anticipando futuras sentencias judiciales, la extrema indignidad de la causa contra Mónica Oltra, la impunidad con esos 7291 ancianos que murieron arañando la pared mientras se asfixiaban y tantos casos. Sí hay lawfare en España y sí hay militancia ideológica en los jueces. La patria y el patriotismo se dicen siempre contra compatriotas y siempre como un valor por encima de la ley. Sí hay jueces patriotas decidiendo asuntos de estado. Son una minoría en una aplastante mayoría de jueces corporativos para quienes un juez es intocable. No hay final feliz para la justicia. Si es inocente, sería un nuevo lawfare. Si es culpable, sería un agravio con respecto a Felipe González, Aznar y M. Rajoy, con turbiedades visiblemente peores. La impunidad de raterillos y gánsteres dañan sin remedio la credibilidad del sistema. Si Zapatero es absuelto, mal por el daño ya infligido. Si es condenado, mal porque no lo será por corrupto, sino por corrupto de izquierdas. Así de simple.
Tampoco hay desenlace bueno para Zapatero. Podría no haber delito. Pero la empresa de sus hijas es ese lucro difuso que se obtiene en los entornos políticos de los partidos dominantes. Será legal el lobby que montó Pepiño Blanco tras su salida del Gobierno. Pero son fealdades deshonestas incompatibles con esa imagen de inocencia que venía proyectando Zapatero. Por supuesto, nada sería nuevo. ¿Se acuerdan de González en Fenosa y Aznar en Endesa, y de aquella empresa cazatalentos que fichó a Esperanza Aguirre y tantas puertas giratorias y empresas vaporosas de tanto ex? Lo que hace a Zapatero ser el único expresidente imputado es la impunidad de los otros, no que él sea el peor.
La hipocresía está mal administrada en España. Es necesaria para consagrar valores. El hipócrita lo es porque admite como valor aquello a lo que él está faltando. Su ausencia, la ostentación desvergonzada del mal practicada por la derecha, corroe valores y convivencia. Pero la hipocresía desbocada es un chirrido en la vida pública que no deja ni oírnos. Aún está el infame Mazón con escaño y sueldazo y nombrando carguetes, mientras Feijoo, Cayetana (disiento de Rufián; no veo un gramo de inteligencia en ella) o la indigna Ayuso rugen contra Sánchez, con las Gürtel, muertes y narcos que llevan a cuestas. Llegan a bajezas como sacar en la televisión pública de Madrid DF al tal Daniel el Desokupado, a hablar de Zapatero. Demasiada ostentación de maldad y demasiada hipocresía.
La izquierda tiende a la melancolía. Zapatero venía siendo un tío majete, pero no una referencia, nunca tuvo altura de análisis y doctrina. La izquierda es mitómana y dada a fabricarse héroes, como si su ideario requiriera un santoral lleno de testimonios. Está bien que Rufián diga que, si Zapatero es culpable, vaya mierda y que se palpe su disgusto y que se contraste con la bajeza moral de MAR, Ayuso o Feijoo, que se jactan de sus maldades. Esa diferencia es fortaleza, no orfandad. Es el thymós de Sloterdijk, es arrojo y autoafirmación. Mil fuegos de corrupción arderán donde esté la izquierda, porque así es el mundo, pero con poco oxígeno para propagarse. Nuestra derecha enciende fuegos de corrupción y ella misma es combustible para su inflamación. Debe ser más intensa esta autoafirmación enérgica, airada y firme que melancolías y orfandades por lo que pueda pasar con un tío majete, que, en verdad, vaya mierda si fuera culpable.
Este soponcio viene después de las elecciones andaluzas. Nada cambió en el país. La chapuza de Feijoo de tanto adelanto alimentó a Vox y le dejan en la boca el sapo de la prioridad racial, o nacional como dicen ellos. Sánchez juega a un juego distinto del PSOE. Se invistió presidente tras una debacle autonómica. Es difícil saber qué balances hará el electorado, porque los ambientes polarizados son amnésicos y afectará mucho al voto lo que pase tres días antes de las elecciones. Hay un detalle. El PP con Vox no puede pactar con nadie más. Las posibilidades de Sánchez son el pacto con las izquierdas y las fuerzas periféricas. Las fuerzas están más equilibradas de lo que parece (las encuestas cuando no hay elecciones a la vista, y no las hay, solo sirven para clics publicitarios y zascas de red social) y será clave lo que pase a la izquierda del PSOE. Adelante Andalucía y Por Andalucía sumaron cien mil votos más que Vox y dos diputados menos por la fragmentación. El dato confirma lo que se ve a simple vista: hay un espacio a la izquierda del PSOE, desmovilizado porque no tiene siglas ni líder, tan grande como Vox o más. Si se moviliza como en Andalucía, veremos la mayoría que se forma. Y dos datos más. La dichosa unidad de la izquierda solo sirve si se hace en diez minutos. Si se hace con reuniones maratonianas, no se está hablando de sanidad ni pensiones, sino de chorradas que no interesan, de sillas y de sí pero yo con mi perfil y mi voz propia. Chorradas. Si en diez minutos no firman, que no se presenten juntos, porque desmoralizarán más. El otro dato es el perfil de terruño del más exitoso, Adelante Andalucía, como ocurrió en Galicia con el Bloque. La izquierda tiene que tener en la cabeza la imagen de un árbol. Necesita altura, luz y aire y necesita raíz, las dos cosas. Necesita eros, impulso por lo que no se tiene, y thymós autoafirmación en lo que se es. Verano para mirar fuera e invierno para atesorar lo que se tiene. Solo con terruño se es un paleto sin perspectiva. Pero solo con grandes cosas planetarias e ideológicas se transmite a la gente que sus problemas son pequeños y no importan. La ultraderecha entra como un cuchillo por ahí. Adelante Andalucía se reafirmó en el terruño manteniéndose reconocible en las grandes cosas. Que tomen nota los estrategas y que no parezca que afirmarse en lo propio es toros y matar lobos. Lo de Andalucía fue un desastre, pero dejó materiales de trabajo. Lo de Zapatero es, como mínimo, parcialidad ideológica de los jueces y, como máximo, lawfare que debe ser enfrentado a campo abierto. Y, por el lado de Zapatero, es como mínimo, una decepción y, como máximo, una mierda. Una mierda con la que afirmar la diferencia moral de la izquierda y la derecha. Tienen piezas para la estrategia. Sobran orfandades y melancolías. Que la izquierda se ponga a trabajar.
NORTES DdA, XXII/6353

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