lunes, 4 de mayo de 2026

FRANCISCO GONZÁLEZ PRIETO (EL ZANCARRU), PELUQUERO, POETA, MÚSICO Y FILÓSOFO

No sabemos si Francisco González Prieto, conocido por El Zancarru y también por Pachu'l Péritu, murió durante la guerra en Asturias, en 1937, o una vez terminada ésta con la ocupación de Gijón por las tropas sublevadas en octubre de ese año. Luis Miguel Piñera ha tenido la amabilidad de mandarme el capítulo que le dedica en sus Crónicas gijonesas, publicado recientemente en asturiano en el diario La Nueva España. Barbero de raro ingenio, un iluminado para no pocos, nos dice. Cita el cronista oficial de Gijón, entre quienes citan al protagonista de su artículo, al médico Carlos Martínez, autor de unas valiosas y entretenidas memorias (Al final del sendero), en las que cuenta con detalle la proclamación de la Segunda República en aquella villa, así como otros pormenores del azaroso tiempo en que vivió.


Luis Miguel Piñera 

Su nombre real era el de Francisco González Prieto (Gijón, 1859-Siero, 1937) y este peluquero —que fue líder en Gijón de la Sociedad de Oficiales de Peluquería y Barbería— era además poeta, músico, filósofo y dramaturgo. Hombre de vasta cultura, bajo de estatura, con pelo enmarañado, y que fomentaba una imagen de heterodoxia, Francisco González Prieto era conocido tanto por «El Zancarru» como por «Pachu´l Péritu». Péritu como esdrújula. En el Registro Civil de Nacimientos del Concejo de Gijón que se conserva en el Archivo Municipal vemos que nació en Gijón el 8 de noviembre de 1859 a las cuatro de la mañana, y que le pusieron los nombres de Francisco Antonio.


Fue el dueño de la peluquería «La Bella Luna», en la calle de Menéndez Valdés, y luego de otra que llamó «El Fígaro» en la calle de Begoña frente por frente a la calle de Pedro Menéndez. En sus peluquerías se mezclaban anuncios como «Se hacen añadidos y bisoñés» con otros del tipo «Nadie entre que no sepa matemáticas» o «Se dan clases de latín, griego y guitarra». Clases que él mismo impartía, lo mismo que eran suyos los poemas anunciadores.  «Y allá os vaya, pues en mi barbería / a la luna imitarla yo pretendo, / para vuestro servicio si la tengo / pero yo exijo de vos simpatía. / En mi tienda sabéis que se trabaja, / se afeita, se corta el pelo con esmero / también en domicilio, en vuestra casa, / se componen a los niños el cabello. Menéndez Valdés 45 sin más tasa / ser vuestro servidor eso yo quiero».

 

Fue «El Zancarru» profesor de música, escribió sobre Jovellanos, disertó sobre Einstein (refutando sus teorías), sobre Sigmund Freud también, y sobre «si la luz pesa o no pesa». Uno de sus libritos es «La Crónica de Gijón» editado por La Industria en el año 1904 donde relaciona hechos de la historia de Gijón desde la prehistoria «cuando Gixán, bisnieto de Tubal que a su vez fue nieto de Noé, fundó Gixa que luego sería Gijón» hasta 1899 cuando se inaugura el Mercado del Sur. El librito tiene tres partes: La Gijia Antigua «desde tiempos fabulosos hasta su destrucción en 1396»; La Nueva Gijia «desde su reconstrucción hasta 1799», y El Gijón moderno «desde 1800 hasta nuestros días».


Relaciona una noticia por año, más o menos, y noticias diversas como en 1801 la prisión de Jovellanos; que en Gijón había 7.000 vecinos en 1820; que en 1836 entraron en Gijón las tropas carlistas al mando del general Sanz; la fecha de inauguración de muchas fábricas y lugares de ocio; en 1851 «se construyó el Asilo de Mendicidad en la calle de Jovellanos», o que en el año 1856 unos calderones fueron perseguidos por un pez espada en la playa de San Lorenzo. En 1867 «el acróbata Casali anduvo la maroma desde la torre de la Colegiata hasta la fuente de La Barquera». En la misma portada ya lo reflejaba: «Obra de consulta indispensable para conocer la historia de Gijónۚ». Además incluía unos poemas en llingua asturiana…


De ese librito ―«La Crónica de Gijón»— de formato muy pequeño y con 64 páginas, solamente conocemos la existencia de un ejemplar en las bibliotecas públicas de la ciudad: en la biblioteca del Muséu del Pueblu d´Asturies, procedente del fondo de Patricio Adúriz.

 

Patricio Adúriz fue el cuarto cronista oficial de Gijón y Fabriciano González «Fabricio» el segundo. Fabricio recuerda en uno de sus artículos de la serie «Tipos populares de Gijón» al abuelo materno de «El Zancarru», a Alonso «El Zancarru Vieyu» y su chistera muy famosa en el Gijón de la década de 1880, en tiempos infantiles de Fabricio: «Quizás en sus mocedades haya sido una prenda de ocho reflejos pero en nuestros tiempos no tenía más reflejos que el de la mugre y polvo que la envolvían como materia roñizante y contra la cual eran impotente el cepillo, como no fuera de carpintero».


Y se acordaba también el cronista Fabricio del padre de Francisco González Prieto «El Zancarru», y lo describía: «José, yerno del señor Alonso y padre del popular poeta ya mentado, era achaparrado de cuerpo y taciturno de espíritu. En todo tiempo andaba a cuerpo gentil vistiendo pantalón  a cuadros y chaqueta común de dos, entre americana y chaqué, con más reformas que la Constitución y más costurones que echó el sastre del Campillo. Se cubría con una gorra de piloto, de paño pardo, alta de copa y caída de visera que casi ocultaba los ojos de su dueño. Pero no la nariz, prominente y en forma de  S invertida, ni el mostacho gris nicotizado».


En las memorias del médico Carlos Martínez, nacido en Ambás y exilado tras la Guerra Civil, «Al final del sendero» (1990) las tituló, leemos que «los que conocieron a Pachu'l Péritu, conocido también por el mote chabacano del Zancarru que no le cuadraba en absoluto, lo describen como una persona culta, que escribía muy bien, que sabía latín, y que fue por su ingenuidad presa fácil de torpes bromistas».


Escribió Francisco González Prieto («El Zancarru», «Pachu´l Péritu») sobre infinidad de temas, tanto en castellano como en asturiano. Fundó semanarios como «Ixuxú», colaboró con revistas gijonesas como «El Porvenir Asturiano», y fue bibliotecario de la Academia Asturiana de las Artes y las Letras. Barbero de raro ingenio, un iluminado para no pocos.


DdA, XXII/6333

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