sábado, 2 de mayo de 2026

DEJEN A CUBA VIVIR EN PAZ

Ha vuelto Trump a amenazar a Cuba con "tomarla", como aquel que pretende robar un país. O sea, hacer de la isla lo que la isla era antes de Fidel. Quedan ya pocos cubanos para recordarlo, porque los que viven y a los que Estados Unidos ha pretendido no dejar vivir durante seis décadas -con todas las posibilidades y disponibilidades de las que goza cualquier país soberano e independiente- son hoy la mayoría de la población. Pero todos saben en Cuba qué representa Trump y su gobierno como colaboradores del genocidio del pueblo palestino por parte del gobierno de Netanyahu, sin dejar de lado el papel histórico jugado por Estados Unidos en el respaldo a las crudelísimas  dictaduras en América Latina, entre ellas la de los generales en Argentina hace este año medio siglo

Mayy Paz II/Aquí en La Habana

Hace poco fuimos testigos de los hermanos que murieron en una operación lejos de su tierra. Eran algunos hasta veteranos de otras batallas, hijos de esta isla que murieron cumpliendo con su deber. Hoy, mientras su país se prepara para una “Guerra de Todo el Pueblo” y declara este año como el de la preparación para la defensa, pienso en todos los jóvenes que podrían seguir su camino.
Pienso en los muchachos que hoy cargan mochilas y libros, y a los que mañana podrían darles un fusil para defender su tierra. Pienso, y me duele igual, en el soldado estadounidense que no eligió esta guerra. Pienso en las cartas que nunca llegarán a su destino, en las fotos que quedarán viejas en un bolsillo, en el vacío de una cama que nunca más se ocupará.
Donald Trump dijo recientemente que sería un “honor tomar Cuba” y que lo haría después de Irán. Pero yo no puedo imaginar ningún honor en tomar una vida, en destruir un hogar, en llenar una isla de luto. La muerte no tiene honor. El honor está en construir, no en destruir. En curar, no en matar.
Intenta imaginar qué se siente al vivir en una isla que lleva meses escuchando que será “la siguiente”, que su puerto es visto como una “parada” en una ruta de guerra. Intenta imaginar el corazón de una madre en La Habana cuando escucha que a solo 96 kilómetros de su cocina, un portaaviones nuclear realiza maniobras de tiro.
Cuba no es un tablero de ajedrez. Son hogares. Son historias que se están rompiendo en la penumbra. Por el derecho a vivir sin ser una amenaza para nadie, y a no tener que prepararse para una guerra que nunca pidieron.
Por los que ya no están. Por los que no quiero que se vayan. Por una paz que no se mida en victorias militares, sino en vidas salvadas.
Dejen a Cuba vivir en Paz.

DdA, XXII/6332

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