El autor, desde La Habana, dice desconfiar del poder como un gato viejo de la noche, per cae rendido o ante la manera de ejercerlo de la presidenta mexicana: amando. No le vale decir "me gusta" -escribe- porque el verbo “gustar” es escaso, tibio y burgués para describir este terremoto de MUJER. YO LE IDOLATRO, LE AMO y lo digo en cualquier esquina de este planeta. Amo su obstinación manchada de pueblo, su inteligencia que huele a café de barrio y a asamblea obrera. Y por eso, en la liturgia de los desposeídos, su nombre ya no se escribe con tinta: se escribe con la luz de un continente que, por fin, por seres como ella, se atreve a mirarse al espejo sin pedir perdón ni permiso...Creemos que la mejor imagen que ilustra este artículo de Raulito Torres es la de una presidenta abrazada por esas manos de trabajo de su pueblo. (Cuando hacíamos la introducción al siguiente artículo, nos llega la nota manuscrita de la presidenta Sheinbaum tras el fallecimiento de su primera maestra. La nota refleja su personalidad).
Raulito Torres/ Aquí en La Habana
Esta mujer es tremenda interesada y no me gusta!!!
Se los demuestro en este pequeño escrito!!!
No me gusta porque su interés es una llama que lejos de consumirse en la mezquindad del yo, se derrama, terriblemente obstinada, sobre los cuerpos sedientos de justicia. Es una interesada en la dignidad, y eso, en un mundo de cínicos, resulta una herejía peligrosa.
La miro y veo en su rostro la terquedad de la tierra, esa geografía de barro y maíz que se niega a ser escombro.
¿Cómo no va a ser tremenda interesada, si cuando los ojos del Norte lanzaban su mirada de hielo y bloqueo sobre la isla rebelde de Cuba, ella tendió sus manos tibias de maíz y solidaridad? No calculó costos de mercado, más bien midió la urgencia del hermano.
En los puños cerrados de nuestra isla, puso petróleo, puso amor, puso la respiración compartida de un pueblo que sabe que la libertad no se mendiga: se abraza. Interesada en la vida de los cubanos, profundamente interesada en que un niño cubano no conozca la oscuridad, en que un abuelo de La Habana tenga el oxígeno que la codicia imperial le niega.
Su solidaridad que nunca es limosna; es un acto de memoria, es devolverle a la historia el abrazo de José Martí.
Su pueblo la ama porque ella es el reflejo de una ausencia colmada. Porque en un país donde la pobreza dolía como una herida abierta, ella no pasó de largo. Se agachó. Tocó el lodo y lo convirtió en promesa. Se fajó la palabra con los más jodidos, con los olvidados del campo que ahora ven crecer sus cosechas sin que se las robe el usurero; con los estudiantes que hoy tienen libros en lugar de desesperanza; con las mujeres indígenas, artesanas de la resistencia, a las que devolvió el trono de ser parteras de la nación. No subió al poder para servirse del mármol, sino para rajar el mármol y plantar una milpa en el Palacio. Por eso su pueblo la ama con ese amor ronco y desbordado: porque ella no gobierna a la gente, sino que se hizo gente.
Y su interés insoportable se desborda, como un río necio, sobre toda Nuestra América. Cuando los tambores de guerra retumban contra la soberanía de Cuba, Venezuela o Nicaragua, ella no se esconde tras diplomacias cobardes. Levanta la voz de Benito Juárez: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Es una interesada en la concordia, en que la Patria Grande sea ese sueño de próceres vivos, los latidos de mártires presentes .
Cree, con un misticismo laico que desarma, que el Sur existe, que tiene huesos, volcanes, hambre y gloria, y que no necesita tutelajes.
Su programa de cooperación “Sembrando Vida” no exporta transgénicos de la dominación: exporta arraigo, porque es una interesada en que ningún campesino centroamericano tenga que migrar dejando su alma en la frontera.
¿Tremenda interesada? Sí. Lo es. Perturbadoramente interesada en que los pueblos de nuestra América progresen sin el yugo imperial, sin las botas de los marines manchando los suelos sagrados del litio, del cobre o del petróleo.
Su interés es la soberanía, esa palabra antigua que ella ha vuelto carne y trinchera. Quiere que Latinoamérica deje de ser el traspatio del saqueo para convertirse en el jardín de su propio destino....
Por eso yo, que desconfío del poder como un gato viejo de la noche, caigo rendido ante su manera de ejercerlo: amando. No me gusta. Lo confieso ya sin ironías, con el pecho partido por esta prosa urgente. No me gusta porque el verbo “gustar” es escaso, tibio y burgués para describir este terremoto de MUJER, YO LE IDOLATRO, LE AMO y lo digo en cualquier esquina de este planeta.
Amo su obstinación manchada de pueblo, su inteligencia que huele a café de barrio y a asamblea obrera. Es una mujer tremenda, sí. Y por eso, en la liturgia de los desposeídos, su nombre ya no se escribe con tinta: se escribe con la luz de un continente que, por fin, por seres como ella, se atreve a mirarse al espejo sin pedir perdón ni permiso....
Gracias Clau, por hacerte amar por nuestros pueblos...
DdA, XXII/6331


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