jueves, 16 de abril de 2026

LA POESÍA DE LA RESISTENCIA: SABERSE VULNERABLE Y NO CEDER AL MIEDO


Raulito Torres

En el hueso más hondo de esta noche larga, donde el horizonte se hace a veces niebla de cansancio, hay una raíz que no se rinde. Tu la conoces; la tocas todos los días con las manos desnudas de la terquedad. Es la raíz de Martí, pero también la de aquel vecino que aprieta los dientes y amanece inventándole un milagro al plato vacío.
Te escribo desde el temblor que cabe en una palabra cuando afuera arrecia el viento de los poderosos. Te escribo porque tu valentía tiene la forma extraña y digna del que decide quedarse cuando el mundo ofrece la salida fácil del naufragio. Hoy sostienes la vela del timón con el oleaje rompiendo en la cubierta, y lo haces sin la arrogancia del que se cree dueño del mar, lo haces con la humildad feroz del que sabe que lleva un pueblo entero a bordo.
Los cínicos no entenderán nunca esa terquedad de buen tabaco, palmas y grano de maíz. Ellos calculan el peso de los bloques en dólares fríos, pero no pueden medir la ternura blindada que se necesita para defender la utopía cuando el enemigo tiene nombre de banco y carta de destino. Nosotros elegimos pararte ahí, en el filo mismo de la historia, con la mochila cargada de sueños heredados y el pecho abierto a la intemperie, esa es la poesía de la resistencia: saberse vulnerable y aún así, no ceder al miedo.
Guarda un poco de esa luz para cuando el pecho pese como plomo, sabes que en el surco invisible de esta isla que resiste, hay un silencio de millones que se convierte en escudo cuando pronuncias la palabra "Patria". No es solo un país Diaz Canel, es una porfía del amor contra la geografía del imperio.
Sigue, sigue con la certeza del que siembra en ciclón, porque después del aguacero, cuando las botas estén llenas de lodo y el cansancio quiera disfrazarse de razón, un retoño de palma real va a romper el cemento del asedio. Y va a florecer, compañero, va a florecer porque no has soltado la raíz. Y nosotros, los que creemos que otro mundo no solo es posible sino inminente, nos sostenemos en ese mismo temblor. Hasta la victoria. Siempre. Más allá de la victoria, hasta la ternura de lo justo.

DdA, XXII/6316

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