Félix Población
Cada vez que el aire y la luz entran en el fondo de una fosa donde yacen los resto mortales de las víctimas del fascismo, la tierra en la que pretendieron ocultar su memoria habla, puede que hasta grite, se nos dice desde Izquierda Unida de Castrillón, Asturias, al pie mismo de la Fosa de La Lloba. No son sólo huesos, son nombres que faltan, abrazos que no pudieron darse, vidas arrebatadas para enterrarlas en el olvido y ganar así su impunidad a largo plazo quienes perpetraron los crímenes. Cuarenta años de dictadura garantizaron en principio esa impunidad, pero cada vez que una fosa se descubre, cincuenta años después de la muerte del dictador y con casi cinco décadas de España en Libertad, como dice un desafortunado eslogan del actual Gobierno, es necesario acordarse de los familiares fallecidos de las víctimas, aquellos que, en los comienzos de esos cincuenta años de España en libertad, podrían haber podido abrazar y llorar los restos mortales que ahora salen a la luz. Nos dicen desde Castrillón que la violencia que sufrieron los demócratas enterrados en la Fosa de La Lloba aún habla en esos restos -disparos, piedras, ataduras-, pero nada ni nadie podrá arrebatarles su dignidad. Estas exhumaciones no rescatan sólo la memoria. Honran la dignidad de aquellos a los que se pretendió dejar sin memoria. Las imágenes, a más de conmover, deben comprometer a que nunca más la historia de este país se pueda construir sobre tan extenso, oculto y profuso cementerio de olvido, donde se quiso enterrar a quienes se opusieron a lo que la victoria de sus asesinos, con la colaboración de los regímenes nazi-fascistas, supuso también como enterramiento de las libertades*.
*Memoria, verdad y reparación en Asturias
DdA, XXII/6317

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