lunes, 20 de abril de 2026

EN BARCELONA SE HABLÓ DE RECUPERAR LA DEMOCRACIA, EN MADRID SE LA INSULTÓ



Félix Población

Acaso haya sorprendido el agasajo multitudinario (una 11.000 personas, tampoco más, como pretendió Cuatro TV) con que el alcalde Madrid y la presidenta de la comunidad autónoma recibieron el pasado sábado a María Corina Machado, la política venezolana trumpista que quiso compartir su desprestigiado Premio Nobel de la Paz con el socio del  genocida Netanyahu.

Se entiende la cita de esa muchedumbre sabiendo que en Madrid residen más de 200.000 venezolanos (210. 408 según el INE en 2025) y que el aumento de emigrantes de este país no ha dejado de crecer, sobre todo desde 2021 (22.000 cada año), con un aumento del 23,69 por ciento en las solicitudes de asilo político en 2025 con relación al año anterior. Mirando hacia atrás, en 2014, un año después del fallecimiento de Hugo Chávez, residían en la comunidad madrileña poco más de 40.000 personas de esa nacionalidad. 

En marzo de 2015, el presidente Barack Obama firmó un decreto que calificó a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de EE. UU. Esta declaración sienta las bases legales para imponer sanciones unilaterales, promover el aislamiento internacional y restringir el acceso del país al sistema financiero global. Desde entonces, el decreto ha sido renovado anualmente. 

La administración Trump, en 2017, intensificó las medidas de presión e impuso un paquete de sanciones financieras que impiden a Venezuela renegociar su deuda y limitan sus operaciones bancarias. Estas restricciones profundizan la crisis económica y tienen un impacto directo en la población, al dificultar el acceso a alimentos, medicinas y otros bienes esenciales. Venezuela lo calificó como un bloqueo económico con consecuencias humanitarias

Desde ese año en adelante, siguiendo el modelo impuesto por la Casa Blanca contra Cuba y su población desde hace más de sesenta años, no han dejado de crecer la presión y el bloqueo ejercidos contra aquella república y su ciudadanía, tanto por el presidente Joe Biden como por Donald Trump en este su segundo y belicoso mandato, llegando a perpetrar hace cuatro meses un ataque armado contra Caracas y el secuestro del presidente de la nación. 

En la fotografía observamos a la fraternal amiga de Donald Trump, Corina Machado, lideresa de una parte la oposición venezolana, junto a la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Las dos fueron aclamadas en la Puerta del Sol por una mínima parte de la emigración venezolana residente en la ciudad, que aprovechó la ocasión para insultar al presidente del Gobierno, responsable máximo de que la emigración venezolana haya sido acogida en España.

En USA un presidente deporta a los compatriotas de su amiga Corina, incluso a los que lo votan, y aquí otro presidente los acoge, recibiendo insultos como respuesta por parte de los partidarios de Corina. Ni ésta ni Ayuso, aquí o allá, pueden servir de modelo para una democracia digna. Pero la democracia hay que recuperarla para que quienes la degradan no se sirvan de ella para minar sus derechos. De eso se habló en Barcelona, no en Madrid, este fin de semana*. 

*La Embajada de Venezuela se disculpa tras el incidente racista durante el acto de María Corina Machado en la Puerta del Sol de Madrid. La embajadora condena el uso de lenguaje deshumanizador y la violencia política contra las mujeres, en referencia a las descalificaciones e insultos contra la presidenta encargada de aquel país.

DdA, XXII/6320

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