domingo, 19 de abril de 2026

EL ASESINATO IMPUNE DE RAMBAL, HOY HACE CINCUENTA AÑOS

 


Lazarillo

Los recuerdos que mi generación guarda del todavía viejo barrio de pescadores de Cimadevilla (así creo que se escribía entonces) están unidos en mi niñez y adolescencia a uno de sus vecinos, marcado entonces por la lacra en aquel tiempo de su homosexualidad, perseguida y condenada por el régimen, pero asumida más que tolerada por el vecindario, gracias a la simpatía desinhibida y espontánea de Alberto Alonso Blanco. A Rambal lo asesinaron a puñaladas, como en los crímenes pasionales, un día como hoy de abril de 1976 en su casa del Campo de la Monjas, que siempre le pareció a este Lazarillo un nombre adecuado para una novela que recreara la historia de la víctima. Todo el barrio de Cimavilla pidió justicia para que el criminal o criminales fueran identificados y condenados, pero hoy, cincuenta años después, se sigue sin saber nada y cabe la posibilidad de que ya no esté su asesino o asesinos entre los vivos. Barrero escribió un libro, La tinta del calamar, y Rodrigo Cuevas le puso música a Rambal, dándole memoria. Sin embargo, sobre la ciudad de Gijón, siempre pesará la injusticia de haber dejado impune su muerte, como les ocurrió a tantas víctimas  de la dictadura que en 1976 empezaba a extinguirse. Rambal fue una víctima más de aquel tiempo oscuro e intolerante.

DdA, XXII/6319 

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