Para algunas personas, entre las que me encuentro, e incluso también para muchas personas que celebran las extraordinarias cualidades como futbolista de Lionel Messi, este ciudadano dejó de ser una persona respetable desde que en 2016 la Audiencia Provincial de Barcelona condenó al deportista y a su padre por tres delitos contra la Hacienda Pública de nuestro país. Ahora, cuando sobre el presidente Donald Trump pesa la colaboración que su gobierno ha prestado al de Netanyahu para perpetrar un genocidio contra el pueblo palestino, seguido en los días que corren de una agresión armada contra Irán secundando la de Israel, al extraordinario futbolista argentino se le ha quedado esa expresión de miserable riendo las gracias de quien puede llevar al planeta a una Tercera Guerra Mundial. ¿Es la ignorancia de quien no se ha preocupado de cultivar mínimamente su conciencia y su persona, acumulando dinero gracias a su pericia con el balón en los pies, o es el acomodo servil al poder lo que la expresión del rostro de Messi refleja? No sé qué pensará Guardiola, que llegó a decir de Messi como futbolista que era todo para él, pero está claro que ante la barbarie de las guerras y la masacre de menores, en Gaza o Irán, el goleador argentino está muy lejos de la dignidad solidaria de quien fuera su entrenador y mucho más cerca de su presidente Milei, el vasallo de Trump. "La fotografía de Donald Trump con Lionel Messi, en un contexto bizarro que mezcló al fútbol con los bombardeos sangrientos en Medio Oriente y el bloqueo que hambrea al pueblo cubano, adelantó la intención del presidente estadounidense de convertir uno de los espectáculos deportivos más bellos y populares del mundo en un circo de propaganda bélica", leemos hoy en el diario argentino Página/12. Desconozco si esto tendrá sus efectos entre esa amplia mayoría de argentinos que idolatró a Maradona y luego pasó su fervor a Messi, pero quedó probado que el primero se parecía más a Guardiola que a Milei*.
*Lionel Messi, como campeón del mundo, decidió junto a la Selección Argentina no asistir a la Casa Rosada durante la presidencia de Alberto Fernández, cuya gestión era duramente cuestionada con razones de peso. No había neutralidad, por el contrario, fue un gesto político de rechazo muy significativo en un país donde el fútbol ocupa un lugar central en la identidad social.
Ahora, como parte del Inter Miami, Messi acepta participar en una celebración en la Casa Blanca, encabezada por Donald Trump cuya gestión no solo ha sido abiertamente hostil hacia la comunidad latina, sino que también ha impulsado políticas que han provocado mucho sufrimiento humano a miles de inocentes (muchos de ellos niños) y una mayor inestabilidad internacional.
Algunos esperan que sus ídolos en el arte, el entretenimiento y el deporte utilicen su poder simbólico para posicionarse frente a la injusticia, desafiando el orden que impone el establishment. Pero hacerlo requiere convicción y la valentía suficiente para asumir consecuencias que no todos están dispuestos o interesados en enfrentar. Es un error creer que el talento extraordinario garantiza otras cualidades o que un ídolo comparte ciertos valores. La decepción es la realidad haciendo ajustes.
Para fortuna de los ídolos, a muchos seguidores les basta con que sigan siendo extraordinarios en lo que hacen manteniendo su condición de símbolo, sin importar sus contradicciones como persona o resignificándolas cuantas veces sea necesario. DEL MURO "FÚTBOL PARA INTELECTUALES".
DdA, XXII/6281


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