Durante los últimos años, buena parte de los esfuerzos en materia de conservación de la naturaleza por parte de administraciones, centros de investigación y grupos ecologistas se han centrado en salvar de la extinción a una de las especies más emblemáticas y más amenazadas de nuestra fauna: el lince ibérico.
Para lograrlo ha sido necesario destinar importantes recursos económicos, provenientes en su mayoría de fondos europeos, diversos programas de cría en cautividad, unos con más éxito que otros, la colaboración de grupos conservacionistas, propietarios de fincas y gobiernos locales, y sobre todo mucho trabajo de campo para seguir la evolución de la especie. Pero los esfuerzos han dado sus frutos y actualmente el lince ibérico ya no es una especie en peligro de extinción.
Sin embargo,
mientras celebramos los éxitos en la recuperación del lince, las poblaciones de
otro felino, mucho menos célebre aunque igual de bello y
valioso, están cayendo en picado. Se trata del esquivo y desconocido gato montés. Las principales causas de su
desaparición son la pérdida y fragmentación de sus hábitats, los altos índices
de mortandad por atropello, la caza furtiva y muy especialmente
la hibridación con gatos cimarrones. Por todo ello los
investigadores reclaman la atención de todos para evitar su
desaparición.
La Sociedad Ibérica para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM), una de las instituciones científicas más prestigiosas de toda Europa, ha publicado un manifiesto en el que alerta de la preocupante situación de conservación que está atravesando la especie en la península ibérica. En España las poblaciones han retrocedido un 30% en la última década, especialmente en el suroeste, donde el gato montés ha desaparecido casi por completo de provincias como Huelva, Cádiz y Sevilla. En Portugal, el ‘gato bravo’ se encuentra al borde de la extinción, con apenas un centenar de ejemplares en libertad, diseminados por los extremos del país, en pequeñas áreas de reproducción muy alejadas entre sí.
De
ese modo, el mapa de distribución del gato montés, que hasta hace apenas unos
años ocupaba casi toda la Península, muestra hoy grandes claros
excepto en las comunidades del norte y el noreste de España: desde la
Cordillera Cantábrica hasta los Pirineos, donde la especie aparece bien
distribuida y con densidades relativamente elevadas. En el resto del territorio
español la población está gravemente fragmentada en parches de
hábitat, con poblaciones tan exiguas que son incompatibles con la
viabilidad de la especie.
Además,
los especialistas que trabajan en el seguimiento del felino, entre
los que se incluyen gestores, investigadores, personal técnico y otros
profesionales de diversas entidades españolas y portuguesas, señalan que uno de los principales
obstáculos a los que se enfrentan es que la información disponible
sobre la especie tiene diferentes orígenes y no está estandarizada,
lo cual introduce un elevado grado de incertidumbre en las estimaciones de su
situación real, que podría ser incluso más grave.
El precedente escocés
Según los
estudios recopilados por la Unión Internacional para la Conservación de
la Naturaleza (UICN), a nivel europeo la especie “no alcanza el estado
funcional en ninguna unidad espacial” aunque también señala que “no
se encuentra en la misma situación en todas partes”. De hecho, a partir de las
últimas reevaluaciones con las que aparece en su famosa Lista Roja de especies amenazadas, no
queda muy claro en qué situación se encuentra realmente el
gato salvaje.
Así, mientras parece demostrado que la población ibérica está en claro declive, apenas existen datos fiables para establecer la situación en la que se encuentra en el resto del continente. Algunos estudios afirman que en Bulgaria, Francia y Alemania parece que se mantiene estable, mientras en Italia “se cree” (tal es el nivel de incertidumbre) que la población de 'gatto selvatico' podría estar aumentando.
Donde esta claro que el gato montés ha desaparecido es en Escocia. En 2018 la Scottish Wildcat Action y la UICN llevaron a cabo una profunda revisión sobre el estado de conservación del gato montés, una especie muy abundante hasta los años ochenta en Gran Bretaña. El informe concluyó que “ya no existe una población viable de gatos monteses en libertad en Escocia”, señalando como principal causa de su rápido y llamativo declive la hibridación con gatos domésticos.
De
hecho, todos los individuos muestreados en los últimos años presentan altos
niveles de mezcla con el gato casero. La población escocesa de gato
montés era la última restante en todo Reino Unido. Ahora, las esperanzas para
recuperar a la especie están depositadas en el éxito los programas de
cría en cautividad para su posterior reintroducción, por cierto: con asesoramiento español. Una tarea que
las autoridades medioambientales escocesas combinan con una intensa campaña
de captura y castración de gatos comunes asilvestrados.
Medidas urgentes
En nuestro país, los investigadores Emilio Virgós, de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y Jose María Gil-Sánchez, de la Universidad de Granada, están impulsando el primer censo español de gato montés. Una loable iniciativa particular de ciencia ciudadana, financiada con fondos propios, en la que participan decenas de voluntarios repartidos por toda nuestra geografía.
En
cualquier caso, a medida que se van recopilando los datos tanto los profesores
Virgós y Gil-Sánchez como el resto de especialistas que
siguen la evolución de la especie lamentan que, muy probablemente, estemos
asistiendo a la 'extinción silenciosa' del gato montés en la
Península. Por eso reclaman poner en marcha, "de manera urgente e
imprescindible”, las acciones que aparecen reseñadas en el manifiesto de la
SECEM, y que básicamente son:
- Incluir a la especie en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas de
España en la categoría de Vulnerable.
- Redactar, con carácter de urgencia, un Plan de Conservación
Nacional para Portugal, y los planes de conservación autonómicos y la
estrategia nacional que los coordine y armonice en España, así como poner
en marcha una estrategia ibérica conjunta de conservación
entre ambos países.
- Promover planes de seguimiento y monitorización para conocer el estado
poblacional, la distribución y la situación genética y sanitaria de la
especie, con protocolos comunes y estandarizados que den
soporte a acciones de conservación a escala local, regional, nacional y
peninsular.
- Iniciar el diseño y la planificación de un programa de conservación ex situ para
la salvaguarda del patrimonio genético de la especie, que pueda funcionar
como complemento a las actuaciones sobre el terreno en áreas donde el gato
montés sufre un elevado riesgo de desaparición.
Asimismo, la SECEM subraya la conveniencia de que tanto el gobierno español como el portugués reconozcan la gravedad de la situación en la que se encuentra esta joya de nuestra biodiversidad común y pongan en marcha los instrumentos normativos, técnicos y económicos necesarios para evitar su pérdida.
EL CONFIDENCIAL DdA, XXII/6289

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