Oportuno le parece a este Lazarillo recordar, ahora que el cantautor cubano ha reclamado y se le ha entregado un fusil para defender a su país de la posibilidad de una ocupación estadounidense ("toma" lo llama Trump), los meses de la adolescencia de Silvio Rodríguez como alfabetizador en los comienzos de la revolución cubana, cuando alguno de estos jóvenes fue asesinado por las tropas contrarrevolucionarias y tuvo lugar, en 1961 (Año de la Educación), el intento de invasión de Bahía Cochinos: más de mil mercenarios a sueldo de Estados Unidos fueron derrotados por las tropas de Fidel Castro. El cantautor recuerda con emoción y detalle aquella etapa de su vida, decisiva en la formación de su personalidad. Fue una gran enseñanza para todos los que participaron en la experiencia, confiesa Silvio, una experiencia que le sirvió de ensanchamiento como ser humano: "Me lanzó luego al mundo para aprender y ayudar", subraya el cantautor. Aquella fue una gran lección para Cuba y para el mundo. Consistió en usar como armas el lapicero y el libro, y combatir la ignorancia, que los que saben, enseñen, y los que no saben, aprendan. Catorce años tenía Silvio, cuando todos aquellos jóvenes estaban ansiosos de epopeya: "Hay locuras tan vivas/ Tan sanas, tan puras/ Que una de ellas será mi morir".
DdA, XXII/6293
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