Ana Cardo
Si el comienzo de una guerra, sea donde sea, es siempre un fracaso para la humanidad, mucho mayor fracaso supone que el inicio de la guerra queda marcado por una masacre de menores en una escuela, en este caso del país agredido por la coalición Epstein. El máximo responsable de tal masacre, en lugar de disculparse por el error, trató de culpabilizar al propio país agredido, dejando en evidencia por enésima vez su catadura. La actitud de Trump vino a sumarse así a la barbarie de su socio genocida Netanyahu en la Franja de Gaza, con casi dos decenas de miles de menores asesinados por la invasión israelí. Por contra, los padres de las 180 niñas masacradas en la escuela de Minab han recibido, en medio de su dolor, el consuelo de una pequeña ayuda anunciado por el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China. La asociación de la Cruz Roja de este país proporcionará a la Media Luna Roja iraní 200.000 dólares en asistencia humanitaria de emergencia para las familias de las víctimas. Que ante la posibilidad de una guerra que puede llevar al planeta a la más grave situación histórica desde la Segunda Guerra Mundial, uno de los Estados más poderosos reaccione así, alivia y reconforta. Eso sí, por la entidad de la masacre, se echan de menos ayudas similares de otros Estados, aunque quizá occidente esté tan hecho a la indiferencia ante matanza de menores en Gaza que haya perdido capacidad solidaria y humanitaria de reacción.
DdA, XXII/6286
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