miércoles, 4 de febrero de 2026

LA EXTREMA DERECHA MUNDIAL, CONTRA LO MÁS DIGNO DE LA HISTORIA HUMANA

 No se trata de diseñar un partido de derechas, se trata de organizar un dispositivo internacional que constituya una máquina de guerra contra todos los valores referidos a la endeble justicia social. Lo que se propone la ultraderecha mundial es destruir todo lo anterior hasta obtener un nuevo estado de excepción, un cambio radical que intente un comienzo absoluto, cuyo fin último sea la abolición de la experiencia de lo político. Se trata de construir un partido duro que controle el Estado fuera de las leyes democráticas y que transforme al ciudadano en usuario de las plataformas y en un súbdito del Neoemperador desinteresado de la política.

Trump-Milei (MANDEL NGAN/AFP)


Jorge Alemán

Existieron líneas rojas institucionales y políticas que no se podían cruzar. Ahora no solo se pueden cruzar, sino que progresivamente se van destruyendo.

En el entorno teórico - ideológico de la ultraderecha mundial que por ahora mantiene a Donald Trump como referente crucial, lo que puede ocurrir desafía los límites de la imaginación política.

Basta leer las construcciones narrativas que acompañan al trumpismo, sus tecno-teóricos, para confirmar que no se trata de diseñar un partido de derechas, se trata de organizar un dispositivo internacional que constituya una máquina de guerra contra todos los valores referidos a la endeble justicia social.

Lo que se propone la ultraderecha mundial es destruir todo lo anterior hasta obtener un nuevo estado de excepción, un cambio radical que intente un comienzo absoluto, cuyo fin último sea la abolición de la experiencia de lo político.

Se trata de construir un partido duro que controle el Estado fuera de las leyes democráticas y que transforme al ciudadano en usuario de las plataformas y en un súbdito del Neoemperador desinteresado de la política.

El Neoemperador no es solo un jefe de Estado que ha surgido de un proceso electoral, o mejor dicho, ha surgido así, pero toda la construcción de su agenda tiene como una de sus funciones borrar este hecho.

El Neoemperador decide sobre el estado de excepción y, por tanto, sobre la guerra. Su función estratégica es producir una situación “aceleracionista” donde el capitalismo se separe de la democracia, verdadero impedimento para las nuevas producciones de riquezas tecnológicas.

Por ello el proyecto de la ultraderecha mundial es producir un giro radical, una nueva etapa de la civilización donde las respuestas populares, las manifestaciones, las contradicciones sociales no sean relevantes para la instalación del nuevo sistema.

Según las lecturas de la ultraderecha mundial que creen ir ganando la batalla ideológica, los distintos modos del malestar social son irrelevantes, a diferencia de una larga tradición que transmitía la idea de que la acumulación de ese malestar implicaba un cambio de régimen.

Su problema de fondo incluido en una compleja red de alianzas y confrontaciones es la guerra mundial, la cual ya ha comenzado hace tiempo y cada día muestra claramente sus consecuencias más agudas.

En esta fantasía ultraderechista se intentan borrar los distintos ecos de las revoluciones rusa, china y latinoamericana y esto solo puede ser realizado con un cambio civilizatorio.

No es casual que los neoemperadores no estén habitados por inhibiciones neuróticas sino por delirios megalómanos y prácticas psicopáticas. En este punto, no se trata –como se suele afirmar– de que sean “ingenieros del caos” sino que esas estructuras subjetivas son perfectamente compatibles con el desarrollo del gran plan.

El aceleracionismo ultraderechista sueña con borrar lo más digno de la historia del ser humano y dejar como su antecedente, cada vez menos disimulado, la referencia histórica a un nacional socialismo reinventado.

Por último, lo aquí desarrollado trata de indicar que esta operación extremadamente ambiciosa de la internacional ultraderechista se diferencia de la derecha neoliberal de siempre que mantenía un velo institucional.

Estamos frente a un proyecto absolutamente radical donde se deberá atender a qué formas de resistencia y descolocación serán posibles frente a este nuevo tipo de dominación portador de una nueva crueldad.

PAGINA/12  DdA, XXII/6252

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