viernes, 13 de febrero de 2026

EL HAMBRE COMO HERRAMIENTA DE CONTROL Y REPRESIÓN*


 El hambre, como estamos comprobado con el bloqueo impuesto por el Estad de Israel a la población palestina de la Franja de Gaza, siempre ha sido una herramienta de control y represión. La supo aprovechar la dictadura franquista en contra de los vencidos en la Guerra Civil y sus familias durante la inmediata posguerra. Los estómagos vacíos se convirtieron en instrumento de desmovilización política, por aquello de que la revolución de los hambrientos puede acabar al llegar a la panadería más cercana, escribe el autor de este imprescindible libro, publicado por Crítica. Tras este tipo de hambrunas se esconde la mano del ser humano, que entierra las vidas de seres sin nombre.

Félix Población

Tened presente el hambre/ recordad su pasado, escribió Miguel Hernández, consciente de la historia de las hambrunas que se vivieron en el mundo y en el transcurso de una de las cuales, la española de la posguerra, falleció enfermo el poeta en la prisión franquista de Alicante después de haber escrito uno de los poemas más conmovedores de la literatura en español (Nanas de la cebolla), inspirado en el hambre de su propio hijo.

Durante toda la dictadura y aún entre los historiadores revisionistas, cuando afloraron durante las legislaturas bajo la presidencia de Aznar el de las Azores, pervivieron tres mitos para justificar el hambre en la primera década de la posguerra. El primero se basaba en los efectos de la contienda, culpando del desastre exclusivamente a las hordas rojas. Sin embargo, según Miguel Ángel de Arco Blanco, autor de La hambruna española (ed. Crítica), las consecuencias de la guerra no fueron especialmente devastadoras por sí mismas para explicar la hambruna existente sino que hay que contar también con todos esos años del hundimiento económico que sufrió el país. Tampoco el mito del aislamiento internacional es válido, porque durante la Segunda Guerra Mundial el claro alineamiento del franquismo con el nazi-fascismo -cuya ayuda fue fundamental para la victoria de los sublevados en España-, comportó la exportación por parte de la dictadura franquista de materias primas y alimentos a Alemania, dando lugar con ello no sólo a una mayor hambruna en nuestra nación sino al bloqueo que los aliados impusieron a España. En cuanto a la pertinaz sequía, el tercer mito, no fue especialmente seca la década de los cuarenta, sobre todo si se compara con la de los años treinta y cincuenta.

Los años más duros de esa hambruna son los del primer trienio, de 1939 a 1941, con una prolongación un lustro más tarde, en 1946. En los tres primeros años fallecieron en nuestro país más de 200.000 personas, bien fuera por inanición o por enfermedades derivadas de una mala y escasa alimentación. Sin despreciar los efectos de la guerra, esa hambruna tu como causa fundamental las medidas económicas basadas en la política autárquica del régimen, que pretendía un autoabastecimiento que resultó nefasto. Andalucía, Extremadura y Murcia fueron las regiones donde más se dejó sentir el hambre. El catedrático de la Universidad de Granada califica esa hambruna como la hambruna de la Victoria, puesto que las lógicas del castigo a los vencidos se extendieron a la gestión del hambre y acabaron con la vida o sumieron en la miseria a muchos republicanos y a sus familias.

El libro del profesor del Arco, cuya lectura recomiendo, ha recurrido para su elaboración y documentación a la historia económica, a la historia de la medicina y de las relaciones internacionales, a la historia política, a la demografía histórica y a la historia cultural, sin que falten en su interesante desarrollo y compendio, magníficamente escritos, la antropología o la geografía. El profesor Miguel Ángel del Arco no puede olvidar en su obra la mención a aquellos autores literarios que como Agustín Gómez Arcos (El niño pan) o Miguel Delibes (Las ratas) ofrecieron un testimonio realista de aquel tiempo.

A pesar de aquella soflama franquista con la que Franco inició su régimen, Ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan, a la que respondería una pintada con Menos Franco y más blanco que llegó a costar la cárcel a su autorun capítulo tiene especial valor  en esta obra: el de la corrupción generalizada en todas las esferas de la administración. que contribuyó con el control de alimentos y el estraperlo a que la hambruna fuera especialmente cruel y una herramienta de control y represión: los estómagos vacíos se convirtieron en instrumento de desmovilización política, por aquello de que la revolución de los hambrientos puede acabar al llegar a la panadería más cercana.

Con la lucha por la vida en aquella España hambrienta concluye Gómez Arcos su libro, que conceptúa como una obra escrita para el futuro: "Habla de una hambruna que sucedió hace décadas, pero en el fondo se ocupa de por qué las hambrunas aparecen, cómo tienen lugar, quiénes son sus víctimas y qué resultados provocan. Y de cómo son silenciadas y negadas por el poder. Estas fueron y son crímenes contra la humanidad [ahí tenemos lo ocurrido sigue ocurriendo en la Franja de Gaza, a lo largo de más de dos años] que forman parte de nuestra historia más oscura, de nuestro presente más terrible. Tras ellas se esconde la mano del ser humano, que entierra las vidas de seres sin nombre".

Este libro quiere ser una denuncia no sólo contra la desigualdad, según su autor, sino contra la utilización del hambre como arma de violencia y opresión. Nos unimos con Miguel Ángel del Arco al grito de Federico García Lorca, porque queremos el pan nuestro de cada día,/ porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra/ que da frutos para todos.

*La hambruna española, Miguel Ángel del Arco Blanco. Ed. Crítica, 2025. 473 páginas. Reseña publicada en el número de febrero de la revista El viejo topo.

DdA, XXI/6261

No hay comentarios:

Publicar un comentario