Félix Población
Tened presente
el hambre/ recordad su pasado,
escribió Miguel Hernández, consciente de la historia de las hambrunas que se
vivieron en el mundo y en el transcurso de una de las cuales, la española de la posguerra,
falleció enfermo el poeta en la prisión franquista de Alicante después de
haber escrito uno de los poemas más conmovedores de la literatura en español (Nanas
de la cebolla), inspirado en el hambre de su propio hijo.
Durante toda la
dictadura y aún entre los historiadores revisionistas, cuando afloraron durante las legislaturas bajo la presidencia de Aznar el de las Azores,
pervivieron tres mitos para justificar el hambre en la primera década de la posguerra. El primero se basaba en los efectos de la
contienda, culpando del desastre exclusivamente a las hordas rojas. Sin
embargo, según Miguel Ángel de Arco Blanco, autor de La hambruna
española (ed. Crítica), las consecuencias de la guerra no fueron
especialmente devastadoras por sí mismas para explicar la hambruna existente sino que hay que contar también con todos esos años del hundimiento económico que sufrió el país. Tampoco el mito del
aislamiento internacional es válido, porque durante la Segunda Guerra Mundial
el claro alineamiento del franquismo con el nazi-fascismo -cuya ayuda fue fundamental para la victoria de los sublevados en España-, comportó la exportación por parte de la dictadura franquista de materias primas y alimentos a Alemania, dando lugar con ello no sólo a una mayor hambruna en nuestra nación sino al bloqueo que los
aliados impusieron a España. En cuanto a la pertinaz sequía, el tercer mito, no
fue especialmente seca la década de los cuarenta, sobre todo si se compara con
la de los años treinta y cincuenta.
Los años más duros
de esa hambruna son los del primer trienio, de 1939 a 1941, con una prolongación un lustro más tarde, en 1946. En los tres
primeros años fallecieron en nuestro país más de 200.000 personas, bien fuera
por inanición o por enfermedades derivadas de una mala y escasa alimentación. Sin
despreciar los efectos de la guerra, esa hambruna tu como causa fundamental las
medidas económicas basadas en la política autárquica del régimen, que pretendía
un autoabastecimiento que resultó nefasto. Andalucía, Extremadura y Murcia
fueron las regiones donde más se dejó sentir el hambre. El catedrático de la
Universidad de Granada califica esa hambruna como la hambruna de la Victoria,
puesto que las lógicas del castigo a los vencidos se extendieron a la gestión
del hambre y acabaron con la vida o sumieron en la miseria a muchos
republicanos y a sus familias.
El libro del profesor del Arco, cuya lectura recomiendo, ha
recurrido para su elaboración y documentación a la historia económica, a la
historia de la medicina y de las relaciones internacionales, a la historia
política, a la demografía histórica y a la historia cultural, sin que falten en su interesante desarrollo y compendio, magníficamente escritos, la
antropología o la geografía. El profesor Miguel Ángel del Arco no puede olvidar
en su obra la mención a aquellos autores literarios que como Agustín Gómez
Arcos (El niño pan) o Miguel Delibes (Las ratas) ofrecieron un
testimonio realista de aquel tiempo.
A pesar de aquella
soflama franquista con la que Franco inició su régimen, Ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan, a
la que respondería una pintada con Menos Franco y más blanco que
llegó a costar la cárcel a su autor, un capítulo tiene especial valor en esta obra: el de la corrupción generalizada en
todas las esferas de la administración. que contribuyó con el control de alimentos y
el estraperlo a que la hambruna fuera especialmente cruel y una herramienta de
control y represión: los estómagos vacíos se convirtieron en instrumento
de desmovilización política, por aquello de que la revolución de los
hambrientos puede acabar al llegar a la panadería más cercana.
Con la lucha por
la vida en aquella España hambrienta concluye Gómez Arcos su libro, que conceptúa
como una obra escrita para el futuro: "Habla de una hambruna que sucedió
hace décadas, pero en el fondo se ocupa de por qué las hambrunas aparecen, cómo
tienen lugar, quiénes son sus víctimas y qué resultados provocan. Y de cómo son
silenciadas y negadas por el poder. Estas fueron y son crímenes contra la
humanidad [ahí tenemos lo ocurrido sigue ocurriendo en la Franja de Gaza, a lo largo de más de dos años] que forman parte de
nuestra historia más oscura, de nuestro presente más terrible. Tras ellas se
esconde la mano del ser humano, que entierra las vidas de seres sin
nombre".
Este libro quiere ser una denuncia no sólo contra la desigualdad, según su autor, sino contra la utilización del hambre como arma de violencia y opresión. Nos unimos con Miguel Ángel del Arco al grito de Federico García Lorca, porque queremos el pan nuestro de cada día,/ porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra/ que da frutos para todos.
*La hambruna española, Miguel Ángel del Arco Blanco. Ed. Crítica, 2025. 473 páginas. Reseña publicada en el número de febrero de la revista El viejo topo.
DdA, XXI/6261

No hay comentarios:
Publicar un comentario