viernes, 27 de febrero de 2026

DIMOS AQUIESCENCIA A UNAS REGLAS DE JUEGO CON UN NOTABLE DESEQUILIBRIO

Difícilmente se osa comentar en un gran medio cómo la estrategia de la araña del capitalismo neoliberal multiplica la riqueza de unos pocos, mientras aumentan las dificultades de la mayoría. Esa dinámica se mantiene imperturbable -escribe el articulista-, sin que ni la crisis financiera de 2008 ni la sociosanitaria de la COVID-19 hayan conseguido enlentecerla. Tal plan de choque se sostiene en tres columnas: la intensificada desregulación del sector privado, la privatización de cualquier servicio público del que sacar ganancias y el recorte sin precedentes de la fiscalidad de ricos y grandes empresas complementado con acentuadas podas del gasto público. Pero esto no parece un tema que pueda interesar a nadie. Se obtiene mucho más share acusando al Coletas o al Perro Sanxe de la muerte de Manolete, dice Monterrubio, o loando los dudosos logros de alguna dirigente ultraconservadora. Eso por no hablar de la incesante labor de blanqueo del fascismo puro y duro, transformado por la magia catódica en centroderecha, tal como obliga escribir el diario ABC a sus colaboradores.

 

Antonio Monterrubio

En el campo de la información deformativa en la España de hoy, hay barra libre para cualquier basura mientras sirva los intereses de poderes que están en la mente de todos y de sus sicarios, que también. Disfrazada bajo el respetable peplum de la libertad de expresión, se ha instalado una maloliente libertad de mentir, calumniar, insultar y engañar, una bien engrasada maquinaria de manipulación. A su servicio encontramos un diligente ejército de intrépidos reporteros que son en realidad troles con patente de corso. Dedicados a tiempo completo a proclamar el evangelio del neoliberalismo autoritario y la privatización de todo lo que se menee, son curiosamente beneficiarios de suculentas subvenciones de entidades públicas regidas por sus marionetistas. Ello no es óbice para que a su vez reciban las correspondientes 30 monedas de los amos de su voz. Maravillosa ilustración de esa colaboración público-privada en la que tanto creen ciertos políticos profesionales. A los periodistas conservadores honrados, los ojos deben de hacerles chiribitas ante la perspectiva de compartir mesa y mantel con esta fauna que degrada un oficio a priori hermoso, anegándolo en un lodazal de miseria moral.

De igual modo y manera, el sobado mantra de la independencia del Poder judicial encubre el habitual uso de una doble vara de medir apenas disimulada por el escamoteo mediático. Se puede perseguir o injuriar impunemente a según quién mientras se lamen las botas de los poderosos. Miles de pequeños y medianos inversores son estafados en la salida a bolsa fraudulenta de una entidad bancaria. La Justicia, a pesar de todos sus desvelos, no halla culpable alguno. Un CGPJ elegido con una mayoría parlamentaria muy distinta y cuyo mandato caducó años atrás se afana en nombrar para puestos decisivos a jueces que, uno tras otro, cojean del pie derecho. El largo brazo se muestra incapaz de discernir quién será, será ese enigmático M. Rajoy que figura en cierta contabilidad extracontable, a la vez que parece creer que, en unas cuentas suizas reales como la vida misma, los millones surgen por generación espontánea. Pero todos somos iguales ante la ley. Así eructó Zaratustra.

Un aire de familia une prácticas poco honorables de antaño y de hogaño. La ley del embudo con coberturas ideológicas variadas ha resistido bien el paso de los siglos.

La ley es tela de araña

[…]

Hay muchos que son dotores

y de su cencia no dudo.

Mas yo soy un negro rudo

y, aunque de esto poco entiendo,

estoy diariamente viendo

que aplican la del embudo.  

(José Hernández: Martín Fierro)

Se han afinado los mecanismos de normalización, las técnicas diseñadas para conseguir que el grueso de la población se conforme a y con unas reglas dictadas en beneficio de pocos y en detrimento de muchos. La tecnología de fabricación de la resignación propia de tiempos preindustriales ha sido sustituida por la del consentimiento, infinitamente más eficaz. Antes el orden existente se pregonaba como natural e inalterable, en última instancia establecido y querido por Dios y por tanto inapelable e inamovible, se imponía mediante el recuerdo constante de que la realidad era la que era. Si ya era difícil presentar reclamaciones al maestro armero, hacerlo al Creador se antojaba fuera del alcance de los límites humanos. Hoy en cambio, reina gracias al olvido permanente. Se publicita y se vende como fruto de consensos y acuerdos entre y para todos, aunque nadie sepa cómo, cuándo ni dónde hemos dado nuestra aquiescencia a unas reglas del juego cuyo desequilibrio es notable.

Las falacias que se repiten machaconamente acaban calando, dejando huella en la mente, como muy bien sabía aquel tenebroso gurú de la propaganda política que fue Goebbels. Sus epígonos, a menudo autoetiquetados de liberales, no están tan seguros de sí y prefieren vomitarla no miles, sino millones de veces, para que no subsistan dudas. Por otro lado, lo que no aparece en los grandes canales de difusión no existe. Las plataformas mediáticas ejercen un monopolio del discurso, consiguiendo que solo se hable de aquello a lo que dan cancha. Independientemente de que se trate de exageraciones, semiverdades o mentiras cochinas, pues hace tiempo que la verdad y el periodismo sellaron su divorcio.

Al no poder asomar la nariz noticias inquietantes, no nos enteramos de la misa la media en lo referente a chanchullos y trapacerías de príncipes y potestades, gobiernos e instituciones, y, desde luego, de los poderes económicos y financieros. En lo más hondo del más oscuro cajón se ocultan tenebrosas realidades. Difícilmente se osa comentar en un gran medio cómo la estrategia de la araña del capitalismo neoliberal multiplica la riqueza de unos pocos, mientras aumentan las dificultades de la mayoría y un número creciente de personas quedan descolgadas. Sin embargo, esa letal dinámica continúa imperturbable su marcha sin que ni la crisis financiera de 2008 ni la sociosanitaria de la COVID-19 hayan conseguido enlentecerla. Se trata de un plan de choque sencillo, sostenido en tres columnas: la intensificada desregulación del sector privado, la privatización de cualquier servicio público rentabilizable, y el recorte sin precedentes de la fiscalidad de ricos y grandes empresas complementado con acentuadas podas del gasto público.

Pero esto no parece un tema que pueda interesar a nadie. Se obtiene mucho más share acusando al Coletas o al Perro Sanxe de la muerte de Manolete, o loando los dudosos logros de alguna dirigente ultraconservadora. Eso por no hablar de la incesante labor de blanqueo del fascismo puro y duro, transformado por la magia catódica en centroderecha. Con frecuencia, mazo y procesador de texto se unen en lóbrega simbiosis para establecer tribunales neoinquisitoriales con desprecio absoluto a la honestidad y la verdad. Esto hay que decirlo alto y claro. Las proclamas retóricas acerca de los elevados estándares de nuestra democracia y la política del «todo va bien, señora baronesa» no pueden disimular las oscuras sombras que nos vigilan.

DdA, XXII/6275

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