miércoles, 7 de enero de 2026

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LVII): DE LA PERTINENCIA DE UN NOBEL DE LA PAZ PARA LA COBARDÍA

 


José Ignacio Fernández del Castro

«Tempo de solidão e de incerteza
Tempo de medo e tempo de traição
Tempo de injustiça e de vileza
Tempo de negação.
Tempo de covardia e tempo de ira
Tempo de mascarada e de mentira
Tempo que mata quem o denuncia
Tempo de escravidão.
Tempo dos coniventes sem cadastro
Tempo de silêncio e de mordaça
Tempo onde o sangue não tem rastro
Tempo de ameaça.»

«Tiempo de soledad e incertidumbre
Tiempo de miedo y tiempo de traición
Tiempo de injusticia y de vileza
Tiempo de negación.
Tiempo de cobardía y tiempo de ira
Tiempo de mascarada y de mentira
Tiempo que mata a quien lo denuncia
Tiempo de esclavitud.
Tiempo de desleales sin registro
Tiempo de silencio y de mordaza
Tiempo donde la sangre no deja rastro
Tiempo de la amenaza.»
 Sophia de Mello BREYNER ANDRESEN 
(Oporto, 6 de noviembre de 1919 — Lisboa, 2 de julio de 2004) Prémio Camões 1999
Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2003: “Data [à maneira de Eustache Deschamps] ” en Livro Sexto, (1962).

No es sencillo afrontar los retos de este tiempo, hora en que la confusión desborda cualquier certeza y el ansia de construir algo nuevo (y mejor) hace que se olvide a veces la necesidad de eliminar antes drásticamente las vigas carcomidas del edificio de una vida, un mundo, una sociedad podridas en el patetismo de su ya estéril voluntad de poder... Porque, ¿qué pueden realmente quienes ya sólo representan las sombras tras las que intuimos los intereses de los dueños del mundo?, ¿qué pueden más allá del raudo y sumiso acatamiento de la voz de su amo?.
Por eso, en este tiempo en el que la inmensa mayoría de los seres humanos se siente sola en medio de la incertidumbre ante el mañana, la insoportable evidencia de tantas traiciones, públicas y privadas, hacen que florezca el miedo ante una opresión globalizada capaz de las mayores vilezas para garantizar el imperio de la injusticia distributiva... Ahí está Trump, aquel “pacificador” que prometía acabar con las guerras (las de sus amiguetes y con repercusión económica en su mundo, claro, no las africanas que no molestan el tráfico/rapiña internacional de materias primas, como Sudán, o incluso lo favorecen, República Democrática del Congo) en cuestión de semanas, sin acabar con ninguna y ejecutando sin detención ni juicio a ciudadanos extranjeros fuera de su territorio, bombardeando países sin declaración de guerra y secuestrando sus presidentes sin fuero alguno (eso sí, con el aval del Premio Nobel de la Paz a quien le susurraba en la oreja la conveniencia de tales acciones y el alborozo de cuantos pequeños sátrapas ejercen de palmeros)…
Así que cada cual, dentro de esa inmensa mayoría desvalida, padece formás específicas de negación por ser lo que su yo múltiple condensa (mujer o negro, gitano o vieja, desempleada o sarasa, inmigrante o jovenzuelo sin oficio ni beneficio, discapacitado o gorda...) ante las que sólo puede responder con cobarde aceptación o ira frecuentemente irreflexiva en medio de la gran mentira, la gran impostura de esta mascarada de penumbras... Porque el patetismo final de esos actos vacíos de poder (“No al principio de autoridad sin principios” dice uno de los lúcidos disidentes de El Roto) dictados por la tiniebla (donde están quienes manejan realmente la tramoya) siempre pretende doblegar las disidencias y resistencias, matar (física o socialmente, mediante su demonización) a quienes se sienten urgidos a la denuncia de tanto oprobio...
En este tiempo, en fin, de deslealtades multiformes que taimadamente procuran no dejar huella, se nos quiere esclavizar en cuerpo y alma para, silentes o (si fuere menester) con mordaza, servir sin trabas al progreso de la cultura del emprendimiento...
Pero esto se agota... Y hay ya mucha gente, cada día más, que no traga. Así que este tiempo convierte sus grotescos actos finales de poder interpuesto en un reguero de sangre mediática, tan incógnito (“se dice que...”) como ejemplarizante (“mira lo que pasa si...”). Tiempo, a fin de cuentas, de la amenaza en el que Trump, sus secuaces y sus palmeros se pueden comportar en el mundo como envalentonados abusones de patio de colegio mientras ensayan su mueca de ufana sonrisa/desvarío ante la tortícolis que empiezan a padecer el común de los mortales y los supuestos controladores del orden internacional de tanto mirar para otro lado… Tiempo, a buen seguro, en el que acabará siendo necesario reclamar un oportuno Nobel de la Paz para la cobardía.

DdA, XXII/6220

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