miércoles, 26 de noviembre de 2025

EN CADA OLIVO PLANTADO AFIRMA PALESTINA SU ARRAIGO Y FORTALEZA

 El autor de este artículo publicado hoy en Infolibre es periodista y  colaborador de UNRWA en Cisjordania y da cifras que han quedado ensombrecidas ante la atroz masacre perpetrada por Israel en la Franja de Gaza: alrededor de mil personas han sido asesinadas en Cisjordania a manos de colonos y fuerzas israelíes y, tan solo entre enero de 2024 y septiembre de 2025, cerca de 40.000 palestinos y palestinas han tenido que abandonar sus hogares en la operación de desplazamiento forzoso más extensa desde 1967. Un informe reciente de UNRWA ha confirmado que octubre de 2025 ha sido el mes más violento en Cisjordania desde que se comenzó a monitorizar la situación en 2013. Con todolos agricultores palestinos vuelven cada día a sus campos, plantan y recolectan sus olivos. En cada árbol que vuelve a brotar afirman su arraigo y su fortaleza: pase lo que pase, permanecerán en su tierra. 


Loai Warrzwaz

Este miércoles 26, en el Día Mundial del Olivo, este símbolo milenario de paz, sabiduría y armonía se ve ensombrecido por la realidad que viven miles de familias palestinas. Mientras en otros lugares del Mediterráneo se celebra la cosecha, en Cisjordania, incluida Jerusalén Este, muchos agricultores ni siquiera pueden acceder a sus campos debido a la violencia de los colonos israelíes y las restricciones impuestas a su libertad de movimiento.

Estos hechos se suman a una situación de violencia sin precedentes. Desde que comenzó la ofensiva sobre Gaza en 2023, alrededor de mil personas han sido asesinadas en Cisjordania a manos de colonos y fuerzas israelíes y, tan solo entre enero de 2024 y septiembre de 2025, cerca de 40.000 palestinos y palestinas han tenido que abandonar sus hogares en la operación de desplazamiento forzoso más extensa desde 1967. En total, 934.000 refugiados viven en Cisjordania y dependen de los servicios esenciales prestados por la Agencia de Naciones Unidas para la Población Refugiada de Palestina en Oriente Próximo. Con 4.600 trabajadores, UNRWA es un proveedor esencial de educación, atención sanitaria o protección social.

En este contexto, el olivo adquiere este año un significado especial como emblema de resiliencia y un recordatorio urgente de la difícil situación que atraviesan las personas refugiadas en Cisjordania. La conexión palestina con la tierra es profunda, y el olivo representa mucho más que una fuente de sustento: encarna identidad, herencia y firmeza. Regiones como Beit Jala, en la gobernación de Belén, son famosas por su preciado aceite de oliva, pero los repetidos ataques israelíes amenazan año tras año esta tradición tan apreciada. Como dijo el poeta palestino Mahmoud Darwish: “si la oliva conociera a su guardián, su aceite se convertiría en lágrimas”.

Durante la actual temporada, que ahora llega a su fin, extensas zonas de Cisjordania han sido escenario de continuos ataques por parte de colonos israelíes, que han arrancado árboles, agredido a los agricultores e, incluso, atacado a los periodistas que documentaban los hechos.

Ataques de sur a norte

En la comunidad de Khirbet Umm al-Kheir, al sur de Hebrón, los colonos asaltaron los olivares y atacaron a los habitantes, hiriendo a varias personas. A mediados de octubre, las fuerzas israelíes arrancaron 150 olivos en la aldea de Umm al-Kheir, en Masafer Yatta. Allí viven decenas de familias refugiadas de Palestina, desplazadas desde la Nakba de 1948, que continúan enfrentándose a intentos constantes de expulsión. Incidentes similares se han registrado en Susya, al sur de Hebrón, y en Sa'ir, al norte, donde decenas de olivos han sido destruidos.

En la localidad de Beita, al sur de Nablus, los periodistas Nail Buaytal, Ranin Sawafteh, Muhammad Al-Atrash, Loay Al-Saeed y Nasser Ishtiyeh fueron agredidos mientras cubrían un evento de recolección de aceitunas cerca de un asentamiento. Además, decenas de agricultores y paramédicos resultaron heridos.

Voces desde los olivares

En Abu Falah, al noreste de Ramala, Samir Shuman se acercó a su tierra para comprobar el estado de sus olivos. Los colonos los habían arrancado todos excepto uno. “Estos olivos tienen alrededor de 30 años. Algo precioso se ha perdido sin reemplazo. Ellos arrancan mientras nosotros plantamos, pero no nos moverán de esta tierra”, lamenta Falah. “En mi aldea han destruido alrededor de 800 olivos, pero yo replantaré lo que se ha perdido. Y si los arrancan de nuevo, volveré a plantarlos una y otra vez”, añade, convencido de que la firmeza de su comunidad es lo que les mantiene en pie a pesar de las circunstancias.

Más al sur, en Al-Minya, cerca de Belén, la cosecha ha vuelto a transcurrir bajo ataques y disparos: “los colonos irrumpieron en nuestra aldea y abrieron fuego. Mi primo recibió un disparo en el muslo, mi hermano en el pie y otro familiar también. Aun así, continuamos recogiendo aceitunas. Estos árboles son más que una fuente de ingresos: son el símbolo de Palestina y nuestra identidad”, explica Adnan Jabareen, un vecino de la aldea. “La producción de este año ha caído significativamente debido a los ataques y la falta de lluvia, pero nunca abandonaremos nuestra tierra, seguiremos plantando y cosechando”, continúa.

Un informe reciente de UNRWA ha confirmado que octubre de 2025 ha sido el mes más violento en Cisjordania desde que se comenzó a monitorizar la situación en 2013

Para los habitantes de Turmus Aya, una localidad situada a escasos kilómetros al norte, la violencia se ha vuelto cotidiana. Ayman Abu Alya estaba en su tierra con un familiar cuando más de 45 colonos les atacaron: “intentaron golpear el vehículo y matarnos, pero con la protección de Dios, sobrevivimos. Mi pariente fue brutalmente golpeado y tuve que llevarlo al hospital con una hemorragia interna. Yo sobreviví milagrosamente, pero estos ataques se han vuelto diarios”.

Abdullah Awwad también cultiva en Turmus Aya. Tiene unos 300 dunums —lo que equivale a unos 300.000 metros cuadrados de tierra—, donde había plantado unos 4.000 olivos. Hace poco, los colonos arrancaron cerca de 2.000. “La producción de esta temporada está siendo muy baja y el miedo sigue dominando a los agricultores. Incluso mientras cosechábamos, un pariente mío y un voluntario estadounidense resultaron heridos. A pesar de todo, continuaremos cultivando y cosechando”, relata.

La destrucción de los olivos precipita el desplome de la producción

Según el Consejo Palestino del Olivo y del Aceite de Oliva, unos 128.000 dunums de olivares —128 kilómetros cuadrados— se encuentran hoy bajo amenaza: 40.000 tras el muro de separación y 88.000 rodeados por asentamientos, donde los agricultores solo pueden acceder con permisos especiales.

Su director, Fayyad Fayyad, asegura que “este año se espera que la producción alcance únicamente entre 8.000 y 10.000 toneladas, en comparación con un promedio de 22.500 toneladas durante los últimos diez años”. Y continúa: “desde 1967, más de un millón de olivos han sido destruidos en Cisjordania. Desde 2010, se ha documentado mediante fotos y vídeos la destrucción de 250.000 árboles. Desde el 7 de octubre de 2023, hemos perdido más de 50.000 árboles”.

En la franja de Gaza, tras más de dos años de violencia y destrucción generalizada, quedan menos de 100.000 olivos, de los 1,2 millones que había. La infraestructura también ha sido arrasada: solo cinco prensas siguen funcionando para extraer el aceite de las pocas aceitunas que aún pueden recogerse.

Naciones Unidas pide protección para los olivos palestinos

Un informe reciente de UNRWA ha confirmado que octubre de 2025 ha sido el mes más violento en la región desde que se comenzó a monitorizar la situación en 2013. La temporada de la oliva ha transcurrido entre restricciones y ataques, en un clima de inseguridad que ha condicionado cada jornada en el campo.

Roland Friedrich, director de UNRWA en Cisjordania, subraya que “las familias deben tener acceso sin obstáculos a sus tierras para recoger aceitunas de forma segura. La cosecha de aceitunas es la principal fuente de ingresos para decenas de miles de personas palestinas”.

La preocupación es compartida por la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Su director en el territorio Palestino ocupado, Ajith Sunghay, asegura que la violencia creciente durante la temporada de aceitunas es una de las muchas agresiones israelíes diseñadas para desposeer a las personas palestinas, facilitar la expansión de los asentamientos y anexionarse la tierra, e insta a la comunidad internacional a “ejercer la máxima presión para proteger a la población civil, detener y revertir las políticas de anexión en rápida expansión y garantizar la rendición de cuentas por décadas de violaciones de los derechos de las personas palestinas según el derecho internacional”.

El olivo, símbolo de resiliencia

Este año, la cosecha de aceitunas en Cisjordania no ha sido únicamente una labor agrícola, sino una demostración de la resiliencia y la identidad del pueblo palestino. Los olivos —ese vínculo vivo con la tierra— siguen siendo arrancados o destruidos, y quienes los cuidan y viven de sus frutos siguen trabajando bajo la amenaza constante de ataques. Aun así, los agricultores vuelven cada día a sus campos, plantan y recolectan. En cada árbol que vuelve a brotar afirman su arraigo y su fortaleza: pase lo que pase, permanecerán en su tierra.

INFOLIBRE  DdA, XXI/6179

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