sábado, 9 de marzo de 2019

SUSANA RIVERA DEDICA UN RECUERDO A LA MAFIA LITERARIA EN EL DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA

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 Este texto nos participa hoy a sus amigos Susana Rivera, viuda del poeta Ángel González, con ocasión del Día de la Mujer. Volvemos a lamentar que en la ciudad de Oviedo no haya sido posible por mezquindades varias la fundación que lleve el nombre del autor de Otoño y otras luces. Posiblemente Asturias tarde muchos años en volver a tener un poeta tan notable para que esa oportunidad vuelva a darse. José Montoro le escribe esto a Susana, que este Lazarillo comparte: Solo decirte que fui amigo de Ángel González, y me siento tan dolido como tú, alguna vez he preguntado por qué,  y solo e recibido más dolor, un abrazo Susana Rivera, jamás pensé que se llegaría a esta situación tan dolorosa.

Susana Rivera

Mientras contemplaba las actividades en torno al Día de la Mujer me acordé de que hace unos meses me señalaron a mí como “la mala de la película” en relación a la fallida Fundación Ángel González cuando en realidad fui la única que intentó levantarla mientras que los patronos, tres hombres poderosos e influyentes, huyeron cuando vieron que no me podían engañar ni manipular y porque ni el testamento de mi marido ni la Ley de Fundaciones les convenía para sus sórdidos intereses creados. Asumo el título con orgullo y les invito a leer la sinopsis de la película terrorífica y esperpéntica.
Una mafia literaria se apodera de un país. Escritores mayores y/o vulnerables son abducidos por el engaño y sus mujeres aduladas por representantes de la sociedad patriarcal obsesionados con lo que puedan obtener en el futuro. Cuando mueren los escritores los falsos amigos, antaño zalameros, se metamorfosean en hienas carroñeras y buitres buscando alimentarse del cadáver. Si la viuda no les entrega los huesos o se niega a quemarse sobre la pira funeraria como en la antigua India los talibanes disfrazados de progresistas primero le meten la cabeza del caballo en la cama, y si aún así no cede, la cubren con un burka tejido con la difamación y maledicencia. La mayoría de los periodistas, cual pericos, tan sólo repiten lo que los poderosos les cuentan sin pedir pruebas ni hacer ninguna investigación seria como manda su profesión, y así la mentira eclipsa la luz de la verdad. Los acólitos del sacerdote de la literatura de la experiencia mercantil disimulan una aflicción de ceguera y sordera y permanecen mudos o berrean como borreguitos, con el deseo de que los coloque en un nichito de su altar o, por lo menos, disfrutar de unos minutitos al lado de un famoso. Entre tanta sordidez, una viuda vituperada, la mala de la película patriarcal, Super Susi, levanta la antorcha de la verdad sin esperanza por ahora, pero con convencimiento en el futuro, de que su llama prenda los rescoldos de la dignidad.
Ja, ja, ja, me está divirtiendo mucho ser una de tantas viudas vituperadas. Podría incluir aquí los muchos documentos que demuestran que todo lo que han dicho de mí los patronos fugados es mentira, o montira, como me gusta decir en alusión a uno de ellos que es reincidente, creo que ya califica como difamador e injuriador en serie, y, sin embargo, es premiado con altos cargos, pero prefiero disfrutar de la vida, he descubierto que es mucho más placentera y digna alejada de sacerdotes malévolos que convierten a sus cómplices en títeres que bailan al son de sus montiras.
El dibujo es de una valiente exalumna defensora de la verdad, no doy su nombre porque no le he pedido permiso.

DdA, XV/4110

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