sábado, 24 de noviembre de 2018

¿REVIVIMOS UN FRANQUISMO SIN FRANCO DENTRO DE LA UNIÓN EUROPEA QUE LO CONDENÓ?

Una derecha duplicada, la vieja y la menos vieja, 
se abstiene en el Senado de condenar el franquismo

Jaime Richart

La espiral que se inició en 1978 ha llegado a su fin. La semilla depo­sitada en la sociedad española por los ganadores de la gue­rra civil, es decir, sus hijos y nietos, se ha constituido en fuerzas fran­quistas decididas a implantar un engendro político. Es decir, la dicta­dura blanda, la del último tercio del franquismo tardío; un simu­lacro de democracia, un esperpento de franquismo sin Franco pero con el mismo espíritu megalómano, esquizofrénico y psicó­pata que borboteaba el palacio de El Pardo desde donde dome­ñó el dictador durante cuatro décadas a la sociedad española.

Envalentonados ahora los facinerosos metidos en política, des­pués de haber medrado durante otros cuarenta años sus congéne­res, ladro­nes de la democracia y de las arcas públicas, con la com­plici­dad parcial de una Justicia parcial y con el clero total, se comportan de tal modo que parecen dispuestos a llevar al país a una nueva gue­rra civil con la certeza de volver a ga­narla. Les da lo mismo que Europa, que los países de la Europa Vieja y que la Co­munidad Euro­pea desaprueben semejante dispa­rate. Cada día que pasa se hace más evidente que no tienen intención alguna de poner freno a sus desvaríos y sí intensificarlos.

Así, el pueblo español parece condenado a un nuevo tipo de so­meti­miento edulcorado por la pertenencia de España a la UE. La vo­luntad férrea de los franquistas sin Franco no va a permitir de nin­guna manera que gobierne en esta parodia de demo­cracia par­tido alguno que no sea el que da vida a su frenopá­tica ralea.

Lo que no sé es cómo habiendo sido el Brexit una decisión libre del pueblo británico que no se encontraba cómodo en la UE, la UE permita en cambio a España seguir formando parte de esa Unión de Esta­dos. Y no lo comprendo, porque España tiene muy poco en común con el resto de la Europa Vieja. Es más, su nivel de demo­cra­cia es tan bajo que parece en muchos aspectos una re­pública bana­nera coronada, pese al esfuerzo que hacen muchos políti­cos por mantener el decoro imposible en el par­lamento, en las institu­cio­nes, en la convivencia y en la vida ci­vil...


                   DdA, XV/4.020