lunes, 29 de octubre de 2018

BOLSONARO Y LA CARAVANA DE LOS POBRES



Félix Población

En Brasil acaba de triunfar en las urnas con unos resultados alarmantemente holgados el candidato de la extrema derecha, Jair Messias Bolsonaro, un militar en la reserva que ha amenazado con el encarcelamiento de su oponente después de su victoria, sin que esto fuera en detrimento de su candidatura. Bolsonaro empezará a ejercer de manera efectiva la presidencia de la nación en enero de 2019 y ha anotado entre sus objetivos ese que hace honor a su talante. Su victoria coincide con la marcha de miles de hondureños a través de México hacia la frontera sur de Estados Unidos. 

Nadie parece recordar en los medios de comunicación por qué esa muchedumbre se ha puesto en camino una vez más en los últimos años para buscar un mejor horizonte, pero conviene recordar que en 2009 en Honduras hubo un golpe de Estado contra el presidente democráticamente electo Manuel Zelaya, que llegó al gobierno del país en 2006. Ese golpe de Estado, encabezado por la oligarquía y los mandos militares, contó con el respaldo de Estados Unidos, como suele ocurrir históricamente en América Latina. El nuevo gobierno del Partido Nacional, después de unas elecciones amañadas en las que no pudo participar Zelaya por haber sido expulsado de Honduras, contó con Pepe Lobo como presidente, al gusto USA.

La resistencia en las calles dio lugar a múltiples manifestaciones que costaron muchos muertos entre la población civil, aunque no tuvieran apenas repercusión mediática. El retroceso democrático fue evidente a partir de entonces, y el social no hizo más que crecer. Conviene tener en cuenta que antes del golpe de Estado, Manuel Zelaya había puesto en marcha un programa radical contra la pobreza, consistente en elevar el salario mínimo, ofrecer escolarización gratuita y notables mejoras en la asistencia a los granjeros y el sistema salud. 

Todo eso y más nos lo cuenta hoy con detalle Diana Gener  en El Salto, donde encontraremos además otros artículos de interés: "En 2013, Juan Orlando Hernández, del Partido Nacional y conocido como JOH, disputó la presidencia contra la candidata Xiomara Castro de Zelaya del Partido Libertad y Refundación (LIBRE), creado después del golpe. Hernández ganó las elecciones bajo la sombra de fraude electoral. Se dice que en aquellas elecciones votaron hasta los muertos. La historia se repitió en 2017. El país llegó a las urnas en un estado de desesperación absoluta. En 2014 era el país con más muertes violentas del mundo. Los índices de pobreza mostraban que 6 de cada 10 hondureños eran pobres. La situación se agravó en 2015 cuando se destapó el fraude del seguro social con el robo de 7.000 millones de lempiras. El Partido Nacional financió su campaña electoral con parte del dinero público robado del seguro social". 

Según Gener, el sistema de salud hondureño que Zelaya trató de mejorar está hoy tan empobrecido que hay operaciones canceladas por falta de hilo de coser, hasta el punto de que hay pacientes que pueden morir de una apendicitis. El derecho a la salud no está garantizado para los pobres en Honduras, que son una gran mayoría. Un estudio estima que unas 3.000 personas murieron indirectamente por no ser o ser mal atendidas.

Esta es la Honduras que han dejado atrás por ahora 8.000 migrantes, camino del norte por las carreteras de México. Al día de hoy se desconoce el desenlace de esa diáspora de la pobreza, socorrida solidariamente por los ciudadanos de aquella república a su paso por un país que tan generoso fue también con la diáspora de republicanos españoles, aquellos que se vieron obligados al exilio como consecuencia de un golpe de Estado que trajo consigo una crudelísima guerra y posterior represión. 

La caravana del hambre de los hondureños coincide con la victoria en las urnas en Brasil de un individuo que amenaza con encarcelar al líder del partido cuyo gobierno  más hizo por los pobres en aquella nación, dado que casi treinta millones de ciudadanos dejaron de serlo bajo la presidencia de Lula da Silva.  Bolsonaro es, en el país más grande de América Latina, una inquietante copia del colega que espera a esa diáspora de miles de hondureños  más al norte con las armas en la mano, haciendo de su gala represora fuente de votos entre sus fieles. 

¿No se están dando demasiadas caravanas de los desesperados por el hambre, la miseria y la guerra en el mundo, tanto hacia Europa como hacia Estados Unidos, sin más alternativa que su entierro en el mar o contra un muro de concertinas y fusiles dispuestos para impedir su esperanza?  ¿Cómo es posible que esa esperanza en Brasil pueda llamarse Bolsonaro, cuyo programa -como el de Trump y otros en Europa- se basa en la xenofobia y la aporofobia?

DdA, XV/3996