lunes, 24 de septiembre de 2018

400.000 PERSONAS EN EL ENTIERRO DE BLASCO IBÁÑEZ


Félix Población

Nos cuenta Francisco Fuster en las redes que por razones largas de explicar lleva varios meses leyendo cosas de y sobre Vicente Blasco Ibáñez, y que con ocasión de esas labores vio la foto que ilustra este comentario  ("ya la había visto antes, pero no me había fijado bien"). Dice Fuster que, desde entonces, no se la puede sacar de la cabeza y creo que lo comprendo. 

Se trata del sarcófago con los restos del escritor, un 5 de noviembre de 1933 (según Fuster), cuando fueron trasladados a Valencia desde Francia para ser enterrados en su ciudad natal." La multitudinaria comitiva que lo trasladaba hizo una parada delante de la sede del diario republicano El Pueblo (fundado por Blasco Ibáñez en 1894), en lo que hoy es la calle Juan de Austria. Dicen las crónicas de la época que el día que su féretro llegó al puerto de Valencia salieron a la calle unas 400.000 personas (más o menos, la población que tendría la ciudad ese año), cosa que nunca más ha vuelto a suceder en Valencia. Es un documento histórico excepcional, que resume una vida no menos excepcional". 

Vicente Blasco Ibáñez, líder del republicanismo en Valencia y escritor anticlerical (el blasquismo llegó a ser un movimiento político), dejó expresa su última voluntad, la de "descansar en el más modesto cementerio valenciano, junto al Mare Nostrum que llenó de idea mi espíritu". Durante su exilio en Francia, una vez se instauró la dictadura de Primo de Rivera, Blasco Ibáñez publicó en París Una nación secuestrada (El terror militarista en España), una serie de folletos contra los que el dictador entabló un proceso legal por injurias al rey Alfonso XIII, que dio aún más cobertura a los libelos, hasta el punto de ganarse su autor la solidaridad del gobierno y la Asamblea Nacional francesa, por lo que la querella fue anulada por el gobierno español.


Haya sido el 29 de octubre de 1933 o el 5 de noviembre, como dice Fuster, cuando la ciudad de Valencia se echó a la calle masivamente para recibir en una procesión cívica, encabezada por el gobierno de la segunda República, el féretro de Blasco Ibáñez, llevado a hombros por los pescadores del Grao, es de hacer constar -por los muchos años transcurridos desde que no se entierra a hombres de letras de modo tan multitudinario como se hizo con el escritor valenciano- la singularidad de ese evento. ¿Es imaginable algo así en nuestros días?

Sobre la tapa  del ataúd que diseñó Mariano Benllure, un libro tallado llevaba por título Los muertos mandan, título a su vez de una de las novelas de Blasco Ibáñez, autor asimismo, también durante su exilio en Francia, de Lo que será la República española (Al país y al ejército). Hoy a nuestros intelectuales y literatos por lo general, más que esa expectativa, les va la apetencia de un Cervantes o un Premio Princesa de Asturias.

DdA, XV/3961