viernes, 17 de agosto de 2018

LA TUMBA DE GARCÍA LORCA Y LA DE FRANCO


Federico e Isabel García Lorca

Lazarillo

Se cumplen mañana 82 años de asesinato de Federico García Lorca en su Granada. Falleció oficialmente a consecuencia de heridas producidas por hechos de guerra, según redactaban los ejecutores de tantos miles de ciudadanos defensores de la segunda República, enterrados todavía hoy en fosas y cunetas. De todos ellos es símbolo el paradero desconocido de los restos del escritor y poeta, cuya personalidad y obra parecen ahora más vivas que nunca -según leemos hoy en el diario El País-, hasta el punto de reclamar para él la concesión del Premio Nobel de Literatura a título póstumo. La noticia de tal hecho podría ser ilustrada con esta coda: Como él, miles de españoles democrátas yacen bajo tierra sin identidad alguna cuarenta años después del final de la dictadura, enterrados como alimañas en el lugar donde fueron ejecutados. Interesante la entrevista que publica el diario La Vanguardia con Ian Gibson. Agradezco a mi estimado amigo Goti del Sol su enjundiosa brevería para el día de la fecha:


Mientras los restos de un general golpista y del fundador del partido fascista español permanecen en un monumental mausoleo y sirven como lugar de peregrinación, los de uno de los mayores creadores de la literatura en lengua castellana se encuentran en alguna cuneta ignorada. Es un perfecto resúmen de la España de los últimos ochenta años.

Así habló Lorca cuando se inauguró la biblioteca de su pueblo en Fuente Vaqueros, septiembre de 1931:

Queridos paisanos y amigos:

Antes que nada yo debo deciros que no hablo sino que leo. Y no hablo, porque lo mismo que le pasaba a Galdós y en general, a todos los poetas y escritores nos pasa, estamos acostumbrados a decir las cosas pronto y de una manera exacta, y parece que la oratoria es un género en el cual las ideas se diluyen tanto que sólo queda una música agradable, pero lo demás se lo lleva el viento.

Siempre todas mis conferencias son leídas, lo cual indica mucho más trabajo que hablar, pero al fin y al cabo, la expresión es mucho más duradera porque queda escrita y mucho más firme puesto que puede servir de enseñanza a las gentes que no oyen o no están presentes aquí.

Tengo un deber de gratitud con este hermoso pueblo donde nací y donde transcurrió mi dichosa niñez por el inmerecido homenaje de que he sido objeto al dar mi nombre a la antigua calle de la iglesia. Todos podéis creer que os lo agradezco de corazón, y que yo cuando en Madrid o en otro sitio me preguntan el lugar de mi nacimiento, en encuestas periodísticas o en cualquier parte, yo digo que nací en Fuente Vaqueros para que la gloria o la fama que haya de caer en mí caiga también sobre este simpatiquísimo, sobre este modernísimo, sobre este jugoso y liberal pueblo de la Fuente. Y sabed todos que yo inmediatamente hago su elogio como poeta y como hijo de él, porque en toda la vega de Granada, y no es pasión, no hay otro pueblo más hermoso, ni más rico, ni con más capacidad emotiva que este pueblecito. No quiero ofender a ninguno de los bellos pueblos de la vega de Granada, pero yo tengo ojos en la cara y la suficiente inteligencia para decir el elogio de mi pueblo natal.

Está edificado sobre el agua. Por todas partes cantan las acequias y crecen los altos chopos donde el viento hace sonar sus músicas suaves en el verano. En su corazón tiene una fuente que mana sin cesar y por encima de sus tejados asoman las montañas azules de la vega, pero lejanas, apartadas, como si no quisieran que sus rocas llegaran aquí donde una tierra muelle y riquísima hace florecer toda clase de frutos.

El carácter de sus habitantes es característico entre los pueblos limítrofes. Un muchacho de Fuente Vaqueros se reconoce entre mil. Allí le veréis garboso, con el sombrero echado hacia atrás, dando manotazos y ágil en la conversación y en la elegancia. Pero será el primero, en un grupo de forasteros, en admitir una idea moderna o en secundar un movimiento noble.

Una muchacha de la Fuente la conoceréis entre mil por su sentido de la gracia, por su viveza, por su afán de elegancia y superación.

Y es que los habitantes de este pueblo tienen sentimientos artísticos nativos bien palpables en las personas que han nacido de él. Sentimiento artístico y sentido de la alegría que es tanto como decir sentido de la vida.

Muchas veces he observado, que al entrar en este pueblo hay como un clamor, un estremecimiento que mana de la parte más íntima de él. Un clamor, un ritmo, que es afán social y comprensión humana. Yo he recorrido cientos y cientos de pueblecitos como éste, y he podido estudiar en ellos una melancolía que nace no solamente de la pobreza, sino también de la desesperanza y de la incultura. Los pueblos que viven solamente apegados a la tierra tienen únicamente un sentimiento terrible de la muerte sin que haya nada que eleve hacia días claros de risa y auténtica paz social.

Fuente Vaqueros tiene ganado eso. Aquí hay un anhelo de alegría o sea de progreso o sea de vida. Y por lo tanto afán artístico, amor a la belleza y a la cultura.

DdA, XIV/3927