miércoles, 13 de junio de 2018

LOS NIÑOS PERDIDOS DE LÍDICE

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El pequeño pueblo checo de Lidice, al noroeste de Praga, se convirtió en víctima de una aterradora represalia por el asesinato de un funcionario de alto rango nazi. Entre la víctimas de esta masacre estuvieron los niños que son recordados hoy en el monumento conocido como "The Children Lidice," un grupo de 82 pequeñas figuras de bronce.
En 1942, el Protector del Reich, Reinhard Heydrich, fue atacado por un pequeño grupo de la resitencia que lanzó una granada contra su auto. La represalia contra Lídice por la muerte de Heydrich fue programada por el mismo Hitler y Himmler.
Hasta 73 hombres fueron asesinados, 184 mujeres fueron enviados a campos de concentración. Algunos de los 105 niños secuestrados se consideraron viables para la "germanización" y fueron enviados a vivir con las familias de los oficiales de las SS. Por desgracia, 82 acabaron en el campo de concentración de Chelmno, donde fueron gaseados. Sus ojos de bronce deben seguir abiertos para siempre en nuestra memoria.


En el 76 aniversario de la barbarie de Lídice
Juan Ignacio González
Para Jonathan Alwars que me enseñó el camino de Lídice

¿Qué podemos hacer frente al delirio?
¿Caminar por las sombras buscando la esperanza,
los cuadernos bañados de lágrimas y ausencias,
el país de la nieve y de la bruma,
las pisadas del frío?

¿Qué decir de la muerte si tiene ojos de niño?
Cuando los niños mueren,
mueren todas las cosas,
el agua y los colores se oscurecen
y se agolpa en el pecho y en la herida
la terrible cadencia del columpio vacío,
el tintero de sangre del pupitre vacío,
el secante de lágrimas de las cuencas vacías.

Si mañana florecen el limón y la espiga
y brotan por el mundo los rosales de Lídice,
¿a quién entregaremos el dibujo y la espada?
¿quién pondrá risas sobre el alfabeto?
¿quién va a acallar los gritos de la casa?
¿quién va a dejar dormirse los tambores del bosque?
¿quién llevará juguetes a la tumba aterida?
Nacerá de los cuerpos gaseados
y vendrá de la brasa y de la ira.

¿Por qué cuando murieron,
la poesía no murió con ellos?
Estela de la luz frente al olvido,
hay sal en las rodillas de los niños
y sal hay en las trenzas de las niñas,
para llevar,
del amor al puñal, a la poesía.

Si nosotros no fuimos,
¿quién firmó entonces las consignas del crimen?
¿quién no detuvo a tiempo la mano y la ignominia?

¿A cuántos Heydrich es preciso matar,
para vengar cada lirio de Lídice?


DdA, XIV/3876