viernes, 4 de mayo de 2018

EL VÍDEO DE LA VIDA SEXUAL DE LA VÍCTIMA

Félix Población

Desde hace mucho tiempo priman, en la información cotidiana que se suministra a través de los medios de comunicación, las monografías. Antes del vídeo de Cifuentes siendo registrada por un robo en un supermercado, estaba el master de doña Cristina, que dio de sí y sigue dando todo un serial de noticias acerca de las anomalías e irregularidades que se dan en la universidad  madrileña que lo expidió. 

Así fue hasta que unos jueces sentenciaron a los violadores de La Manada a una pena que indignó a la mayoría de los ciudadanos, y sobre todo de las ciudadanas, y sobre la que se viene hablando y se hablará hasta que un nuevo asunto asome a la actualidad patria. Y como en España, a no ser cuando se trata de las cualidades humanas y profesionales de futbolista Iniesta, suele haber discrepancia de pareceres en casi todo, hemos llegado a escuchar opiniones en defensa de los energúmenos de esa violación múltiple, algo que en cierta medida explica el nivel de degradación que afecta a determinados individuos con peana pública. 

La tienen estos en algún periódico nacional, con columna diaria, y en ciertos programas audiovisuales con unos índices de audiencia respetables, aunque esos programas en muchos casos no lo sean, dado que para hablar de ellos -generalmente- es preciso hacerlo en estas ocasiones, cuando un sujeto mediocre, de mentalidad retrógrada y retorcida, espeta a la audiencia la posibilidad de que la víctima de esa violación pueda ser en cierta medida responsable, caso de que se investigue un vídeo sobre su vida sexual. 

¿A qué extremos estamos llegando con individuos de esa laya, que para hacerse notar -porque de otro modo sería imposible- requieren hacer uso y abuso de tan miserables y sórdidas manifestaciones, a las que luego en las redes sociales se les presta difusión múltiple, de modo que la bazofia se extiende, por indignadas reacciones que provoque? 

Cuando se dan opiniones tan deplorables en las tertulias al uso que se celebran en los platós de determinados canales televisivos a voz en grito, y teniendo en cuenta que quienes las perpetran suelen ser conocidos por su práctica o dominio de la especialidad, pienso que si esos sujetos cobran por sus intervenciones es, precisamente, para que de vez en cuando se hagan notar sus coces a través de sus voces y los programas en los que intervienen acumulen visitas y repercusiones que de otro modo no tendrían.

¿Qué por qué no doy nombre del sujeto? Podría ser por no contribuir a esa difusión, pero sobre todo por asco. O por arcada.

DdA, XIV/3839