viernes, 16 de febrero de 2018

LA MEMORIA ES UN ACTO DE DESOBEDIENCIA ESENCIAL FRENTE AL OLVIDO

Lazarillo

Me interesó la obra del poeta Juan Carlos Mestre a partir de una visita que hice a la Casa del Parque de Riolago de Babia, el antiguo Palacio de los Quiñones, convertido en un entretenido museo de las comarcas de Babia y Luna, en donde leí unos magníficos textos suyos. Acabo de leer ahora en El porta(l)voz de La televisión iberoamericana (IBE/TV) una entrevista con el que a mi juicio es uno de nuestros mejores poetas actuales, de la que entresaco lo que me ha parecido más interesante de cuanto dijo, aunque toda la interviú tiene indudable enjundia: La historia está hecha de clases sufrientes, es el relato épico y casi siempre mentiroso que los vencedores han impuesto después de los actos de fuerza, y crea la gran coartada sobre los vencidos que la mayoría de las veces es siempre la imposición del silencio. La memoria es un acto de desobediencia esencial frente al olvido, de la misma manera que la poesía sigue siendo un acto de radical memoria de la delicadeza humana a la hora de establecer el constructor de la convivencia, de la fraternidad, de los ideales que van conformando la idea de progreso frente a la barbarie. ¿Sigue vigente ese verso tuyo que dice «el fascista ha guardado su camisa»?, le pregunta Alicia González, la entrevistadora, y el poeta leonés responde:  No creo que haya cambiado la realidad sociopolítica desde la cual se estableció la conciencia para escribir ese verso. España, es el único país de Europa donde el fascismo no fue derrotado: estableció un régimen de dominación y más allá de la ominosa victoria franquista y su clarísima, aunque disimulada por los discursos de orden histórico, connivencia con los fenómenos del nazismo y el fascismo ha pervivido en la herencia de las familias ideológicas, pero también reales que configuran los grandes entramados políticos, financieros e ideológicos del Estado. El hombre contemporáneo europeo guarda una zona de temor en la que la presencia de lo ominoso está relacionada con el monstruo fascista que ha guardado su camisa y la desempolva en las épocas de crisis.
De Mestre es de recordar, para quienes no lo conozcan, uno de sus primeros libros, Antífona de otoño en el valle del Bierzo, que data de 1986, del que transcribo el poema titulado Lo que sé de mí:

Yo he nacido aquí junto a las altas lilas del verano
y los verdes racimos amargos de la aurora.

Yo he nacido entre las rosas que han muerto
y el mustio follaje de los jardines de un sueño.

En las transparentes alamedas que canta el ruiseñor
y abre el rocío con su cuchillo de cristal en la mañana.

Como la hoja que cae sobre un sepulcro
yo he pisado al nacer esta piedra y su luz me ha salpicado.

Como el que nace para la música y talla la madera o la roca
y escucha su voz crujir bajo el cincel y no pregunta.

Yo he nacido duro de corazón y equivocado,
pero vosotros me habéis dado la tierna mano de la primavera.

El que sopla las estaciones y hace reverdecer al árbol muerto
ha mirado esta rama joven que no ardía.

Al consumido en su luz y al que el amor destierra
mis días por igual se han parecido.

Como aquel que al entrar en su casa se encuentra con la mar
y goza y es feliz y se queda con ella para siempre.

Yo he nacido aquí antes de que mi corazón se diera cuenta
y una dulce mujer se acercara a mi sombra como madre.

Desde entonces he sido melancólico y triste
porque he contado los astros y la lluvia y la arena.

De lo ajeno he tenido la bondad de la tierra
y de lo mío la nada en su infinita certeza.

He visto a los hombres mirar hacia el cielo
como buscando la vida que junto a ti se les niega.

Y he padecido con el dolor entre todos
y no he cerrado la puerta al florecido en su odio.

Al que marcado con saliva se esconde de los muchos
lo he elegido más cerca de mi corazón que a los otros.

Y he contemplado a los pájaros
resolver en el vuelo el misterio del aire.

Yo he nacido aquí junto a la piedra de Cluny
donde brota el mirto su tallo en la maleza.

Pero no he sido feliz,
mi memoria se ha cansado de llover y esperarte.

Nada pudo la abundante espiga del dolor contra nosotros,
cuanto más me iba, más tu amor me aprisionaba.

Y así he sido claro bajo el sol y también fuente
donde vienen a beber desde el fondo del mundo las estatuas.

Y un día, un día como hoy resplandeciente y puro
rozado tal vez por el deseo se acercó a la ventana mi figura.

Y al ver todo transido de pétalo aquel cuerpo
salí como siguiéndola y me perdí en su calle.

Yo te he amado pequeño pueblo entre dos ríos
donde supo mi corazón el don de la palabra y las alondras.


DdA, XIV/3770