martes, 3 de octubre de 2017

LA PÉRDIDA DE UN MODO CIVILIZADO DE HACER LAS COSAS

La imagen puede contener: 37 personas, multitud 

Pepe Guinea










Tremenda resaca emocional tras el fatídico día de ayer, donde hubo de todo menos sentido común, comprensión, empatía y respeto. ¿Cómo hemos llegado de forma tan abrupta a esto? (creo que hace 5 años nadie podía imaginarse este desenlace….), pues sigo preguntándomelo, de momento sin llegar a ninguna respuesta que satisfaga mi curiosidad. Cómo este gobierno ‘españolista’ tiene todas las papeletas de ir a formar parte de la historia como el que logró romper la convivencia entre los diferentes pueblos que componemos este estado, es algo que me tiene perplejo. Cómo dos gobiernos (el español y el catalán), una vez perdida cualquier credibilidad debido su comportamiento estafador y mafioso, son capaces de resurgir cual ave fénix de las cenizas de su delictiva gestión, a base de tocar el lado más pasional de unos y otros, me tiene estupefacto. Y cómo las masas hermanas se increpan por una cuestión de lo que consideran suyo, me apena.

Salvando diferencias, esto me suena parecido a cómo los EEUU han superado numerosas crisis políticas y económicas a base de declararle la guerra a otros, a poner al enemigo fuera, a mover una enorme industria militar que aviva la llama patriótica y nubla mentes y corazones de problemas más locales y cotidianos (algo así como eso de ‘ver la paja en el ojo ajeno, y no ver la viga en el propio’…).Nosotros, que somos un país a otra escala más modesta, parece que también jugamos esa baza política que es gobernar a base del miedo. Una vez desaparecida ETA y casi ya el fantasma de ETA, que se sigue desempolvando de vez en cuando un tanto ya apolillado, sin haber llegado a subirnos al carro de la islamofobia imperante, hemos parido la catalanofobia, algo mucho más cercano, para lo que contamos ya con un buen repertorio de chistes, chascarrillos y una larga historia de competitividad. Recuerdo cuando hace no tantos años, la gente española de bien, no iba al País Vasco. O a Las Vascongadas como preferían llamarla, aunque hubiera cambiado hace tiempo ese nombre que los ya no tan jóvenes aprendimos, sobre esos mapas viejos que colgaban de nuestros coles junto a la foto de un señor con bigote. Esos tiempos de cambio cuando Castilla León era todavía Castilla la Vieja y Castilla la Mancha era Castilla la Nueva. 

Yo de eso pillé ya muy poco, que no soy tan viejo, pero algún reglazo en la palma de la mano, algún capón o colleja y tirón de orejas o patillas pillé o fui testigo de él. El caso es que aquella región peninsular de bárbaros era un lugar hostil para alguna gente, donde te hablaban en una lengua que no entendías por mala leche y te rallaban el coche si tenía una matrícula que no despertara simpatías. A unas cuantas personas escuché a lo largo de mi infancia eso de que jamás pisarían aquel lugar, un lugar que la mayoría no conocían ( no se si puedo decir todos…). Qué pena, haberse perdido un lugar tan bello, de gente tan acogedora, donde se puede aprender tanto todavía acerca del amor a las raíces y a la tierra (ojalá nunca se pierda…), en relación a un prejuicio cultivado con propósitos concretos. Apaciguado el conflicto en Euskal Herria y siendo difícil de avivarlo por mucho que se le sople, parece que ahora toca azuzar la situación con los catalanes, que de laboriosas abejas se han transmutado en hostiles avispas africanas porque sí, sin la mediación de zarandeo o palo alguno. 

Yo solo soy un testigo más de todo esto y no conozco los detalles ni tengo una formación que me permita analizar de manera crítica el problema, pero lo que resuena por debajo parece que es un tintineo de monedas, un problema de pelas, perdón, de euros. Sobre eso, vale, pueden acompañar otras cosas. La necesidad del reconocimiento de una identidad como pueblo, de unas tradiciones, de una singularidad castigada durante los tiempos de la dictadura… También creo que en eso, los últimos 40 años se avanzó mucho y no creo que la mayoría de los catalanes se sintieran hace pocos años tan incómodos en lo que a esto se refiere (me puedo equivocar…). Pero bueno, centrándome en lo que me genera dudas, resulta que los políticos profesionales que gobiernan uno y otro territorio, están envueltos en asuntos más que turbios acerca de su gestión económica. Aquí en Madrid, ha tenido que caer el laaaargo gobierno de esa señora de cuyo nombre no quiero acordarme, para que pudieran salir a la luz numerosos delitos relacionados con la malversación de fondos públicos que no nos han llegado de la forma que tenían que llegar, Bueno, de ninguna. El tarro de mierda ya desbordaba y el olorcillo era difícil de disimular. La cosa cayo por su propio peso, el peso de la avaricia desmedida y un sentimiento orgulloso y soberbio de impunidad. Te has salvado de la trena, Esperanza. A tu edad va a ser difícil verte allí, sigue practicando con esas lágrimas de cocodrilo por si acaso. Después de lo visto en Madrid, no puedo imaginar lo que puede salir a nivel estatal. De amiguismos, comisiones, gestiones desastrosas, pelotazos urbanísticos, radiales vacías y aeropuertos desiertos (perfectos para rodar una buena peli de zombis o de ambientación postapocalíptica), se componen los últimos años de nuestra historia. Nada de lo que podamos presumir ( bueno, ya sé, partimos la pana en numerosas disciplinas deportivas, ahí canalizamos nuestras frustraciones….).

Resulta que al otro lado, esa versión catalana del maestro Yoda, se ha enriquecido ilícitamente durante todos los años al frente de su gobierno (también laaaargooo), con la connivencia del gobierno central (PSOE-PP), ya que unos u otros han sacado tajada usando el comodín nacionalista cuando les ha interesado. Cuando han dejado de ser amigos ( por el interés te quiero, Andrés…), resulta que ahora salen un montón de detalles que airea el gobierno estatal, acerca de ese clan que ya todos conocemos a través de su presencia constante en los medios, los Pujol-Ferrusola, una familia al más puro estilo “Dallas” (aquí también se ve que ya voy siendo antiguo, perdón a l@s m@s jóvenes…)’. Parece que este señor se ha hecho rico de igual manera a los mencionados anteriormente, a base de sacar partido de su gestión, que debía de estar al servicio de su pueblo y no del suyo propio. Y entonces se desata entre ambos un huracán de proporciones nunca vistas, un intercambio de artillería donde cada uno juega sus bazas y no se cortan en avivar disputas históricas, viejas heridas, reclamaciones en su momento no atendidas… Y yo me pregunto, una vez Cataluña, gobernada por un señor del mismo partido que el patriarca antes mencionado, declare su independencia, ¿qué pasara con todas las reclamaciones legales que el estado tiene contra él por su fraudulento modo de gobernar? Entiendo que serán papel mojado. España no tendrá jurisdicción sobre Cataluña. ¿Se le encausará en su nuevo país, gobernado por sus afines? Tiene toda la pinta de que no… Más bien parece que pudiera ocupar un lugar entre los mártires de la patria, antes de rendir cuentas por el dinero desviado a sus cuentas familiares de Andorra. No sé, me da que pensar en esta necesidad imperiosa por declarar la independencia ya. Entiendo que los independentistas de izquierdas tienen un papel en que hayamos llegado a este punto de ruptura, pero ese creo que lo comprendo dentro de una estrategia. Estar tan cerca de vivir en una república, sin el peso de una monarquía decadente, donde sea posible por el carácter mucho más civilizado y progresista de sus gentes, tener modos de organización y gobierno casi imposibles de soñar a nivel estatal, es algo por lo que uno se la puede jugar aliándose con el diablo. Una vez independientes, ya nos pegaremos.

Y en esto estamos, que en vez de sumar, nos restamos, que en vez de querernos por lo compartido, nos rechazamos por los agravios cometidos. Y vamos por el camino de una fea despedida. Lo de ayer supongo que dejará una herida muy grande en muchos corazones, difícil o imposible de sanar. Para mí fue una barbarie. Que la reivindicación inicial de un derecho a expresarse pueda haber tenido como respuesta final este grado de represión me parece inadmisible, algo muy triste. Y hablo del derecho a expresarse sin entrar al tema de la validez legal, donde entiendo que las leyes deberían ser un marco de convivencia vivo y flexible, como la constitución, que debería ir adaptándose a los sentires y necesidades del pueblo que la parió, en vez de encorsetarlo. 
No sé si España será una pérdida para Cataluña, si tengo claro que Cataluña será una pérdida para el estado español. Y no valoro lo económico… Una pérdida de diversidad, de riqueza cultural, de carácter, de belleza natural, de referencia en cuanto al cuidado de lo propio, de la ‘terra’, de una manera más civilizada de hacer las cosas. Tengo igualmente claro que a través de la fuerza esta situación es insostenible. No sé si se ha llegado una situación de desencuentro irreversible. Los que buscamos el encuentro lo seguiremos haciendo a través de las fronteras y pasaremos a agrupar esos chistes tópicos con los de los ingleses, franceses o alemanes y no con los de gallegos, madrileños andaluces o vascos. Una gran pérdida. 
PD: Pueden verse en la imagen que adjunto, cómo se ven los rostros de la gente que salió a la calle anteayer. Yo personalmente no aprecio sectarismo, radicalización o agresividad. Se me hacen bastante normales. Gente corriente, reivindicando su derecho a expresarse y a participar. Creo que eso es lo que hace crecer a la democracia, la de verdad, la que debería ser. Y no la que se ha ido desfigurando a lo largo de los años.
'La democracia (del latín tardío democratĭa, y este del griego δημοκρατία dēmokratía) es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la ciudadanía'

  DdA, XIV/3652